La tristeza está considerada como una de las cuatro emociones básicas o primarias, junto a la cólera, la alegría y el miedo. En un segundo orden –emociones secundarias– se encuentran el amor, la sorpresa, la aversión y la vergüenza.

La tristeza es la manifestación de un dolor afectivo provocado por alguna causa conocida, por lo general debido a ciertas expectativas que no se cumplen o a situaciones que se modifican de un modo radical. Cuando esta manifestación se prolonga en el tiempo y la causa no está tan clara, entonces hay que hablar de melancolía; ese plácido y extraño placer que se extrae de estar triste y que termina convirtiéndose en un modo de vida. Como dijo Víctor Hugo: "La melancolía es la felicidad de estar triste".

La tristeza y la soledad

Hay conceptos que suelen ir unidos con frecuencia. Un buen ejemplo de esta asociación son la tristeza y la soledad. No es nada extraño este nexo cuando consideramos que el ser humano tiene la necesidad de relacionarse con sus semejantes, razón por la que al experimentar la sensación de soledad, esta vaya a menudo acompañada también por la tristeza. La tristeza, en este caso, sería un síntoma de la soledad, y la soledad un problema que, a su vez, estaría asociado a algún otro tipo de desorden de carácter psicológico. Es cierto que la soledad, en sí misma, no es negativa, del mismo modo que cuando esto es así, difícilmente se puede emparejar con la tristeza, ya que uno puede elegir conscientemente la soledad, pero no puede hacer lo mismo con la tristeza.

Depresión y tristeza

Es relativamente habitual que algunos estados de tristeza se confundan con la depresión. Sin embargo se trata de dos realidades bien diferenciadas. Mientras que la tristeza es una emoción propia y natural en el ser humano, la depresión es una enfermedad o, más comúnmente, un síntoma asociado a enfermedades, hechos traumáticos o circunstancias diversas que provocan este estado durante un periodo de tiempo prolongado, y al cual se adhieren otros síntomas como la desesperanza, la baja autoestima o la nula reacción a los estímulos que antaño podían resultar placenteros. La tristeza, por el contrario, suele tener un periodo de caducidad, por decirlo así, y va más asociada a otros sentimientos como la rabia o la ansiedad, siguiendo una evolución lógica que, a la postre, y tras los oportunos reajustes existenciales, devuelven al individuo a su estado normal. Con la depresión no sucede lo mismo, siendo necesaria, muchas veces, la intervención de un profesional que ayuda a reordenar aspectos enquistados, a veces en la infancia, y a adquirir nuevas estrategias para enfrentar con éxito las adversidades que conlleva la vida. Se podría decir, en definitiva, que la tristeza obedece más a hechos definidos y puntuales, mientras que la depresión se origina a partir de cuestiones más profundas y menos reconocibles.

La tristeza: una emoción natural

Todas las emociones, cuando se enquistan y somos incapaces de manifestarlas, terminan convirtiéndose en un problema más o menos grave que, en ocasiones, pueden degenerar en otros estados o patologías que pueden requerir incluso tratamiento.

La tristeza es una emoción más que, como tal, debe encontrar su modo natural de expresarse. La pérdida de un ser querido, un desamor, el conocimiento de una enfermedad o la pérdida del puesto de trabajo pueden desencadenar estados de tristeza, a veces muy profundos, pero que deben exteriorizarse para resolver ese momento de desolación. Ahí juega un papel muy importante la capacidad de la persona para superar las adversidades. Una buena forma de superarlas es el humor, o incluso la ironía, como bien apuntaba Jacinto Benavente: "La ironía es una tristeza que no puede llorar y sonríe".

Es inevitable pasar por el proceso que provoca cualquier estado de tristeza, como puede ser el dolor, la visión negativa del mundo o la sensación de soledad o abandono. Cada cual he de conocer y utilizar sus recursos. Así pues, mientras unos necesitarán estar solos para recomponer las piezas, otros encontrarán una ayuda inestimable para superar esta situación en el apoyo de terceras personas.

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