La tricomoniasis se contagia mediante la relación sexual con un compañero infectado. El causante es un protozoo patógeno flagelado, el Trichomonas vaginalis, cuyo hábitat natural reside exclusivamente en el tracto urogenital de los seres humanos, bien sea en la vagina o la uretra, en el caso de las mujeres, o en la próstata, la uretra o el epidídimo, en el caso de los hombres. Este agente patógeno no es capaz de sobrevivir en la boca o en el recto.

La incidencia de esta enfermedad se da en mayor número entre mujeres de edades comprendidas entre los 16 y los 35 años. La tricomoniasis es bastante común entre personas afectadas con el virus del sida.

La tricomoniasis puede considerarse una enfermedad frecuente, ya que según las últimas estimaciones de la OMS, cada año se infectan entre 120 y 180 millones de individuos. De todos modos su prevalencia difiere mucho de unas regiones a otras. Los estudios efectuados en Estados Unidos, con unas cifras anuales que van de los 5 a los 8 millones de infectados, revelan también otra estadística que nos informa de que un 50% de los individuos no presentan síntoma alguno.

Sintomas de la tricomoniasis

Aunque se trata de una enfermedad que puede afectar tanto a hombres como a mujeres, los síntomas difieren. La infección suele ser asintomática en el caso de los hombres, ya que el parásito no encuentra las condiciones idóneas para prosperar, razón por la que los síntomas van desapareciendo espontáneamente al cabo de unas pocas semanas. En el caso de las mujeres los síntomas son más notorios y evidentes:

  • Sentir molestias en el acto sexual.
  • Picazón o prurito en la cara interna de los muslos.
  • Hinchazón en los labios de la vulva.
  • Secreción vaginal.
  • Prurito vaginal.
  • Olor vaginal fuerte.
En los hombres los síntomas, cuando se presentan, son los siguientes:

  • Ardor tras la eyaculación o al orinar.
  • Prurito o picazón en la uretra.
  • Secreción de la uretra.
  • Prostatitis o epididimitis (raramente).

Diagnóstico de la tricomoniasis

En las mujeres, un examen pélvico mostrará manchas rojas en la pared vaginal o en el cuello uterino. La evaluación microscópica de los flujos vaginales revelará la presencia de los organismos implicados en la infección. También se puede diagnosticar la infección mediante una citología vaginal.

En los hombres es más difícil diagnosticar la infección. Por lo general los hombres acceden al diagnóstico si su compañera sexual presenta la infección.

La detección de antígenos utilizando anticuerpos monoclonales está demostrando ser un método rápido para un diagnóstico eficaz.

Prevención de la tricomoniasis

La prevención, en estos casos, es el mejor tratamiento. Más allá de la abstinencia, lo recomendable sería tener una relación monógama o, cuando menos, hacer uso del preservativo, que es el método profiláctico más efectivo para evitar cualquier contagio de una enfermedad de transmisión sexual.

Tratamiento de la tricomoniasis

Con el tratamiento apropiado, la tricomoniasis presenta un pronóstico muy favorable. En este tratamiento debe incluirse no solo a la persona infectada, sino también a su pareja.

Por lo que se refiere a los fármacos, el tratamiento aplicado se basa en antibióticos. El más utilizado es el metronidazol. Últimamente se utiliza también un nuevo fármaco llamado tinidazol. Con el consumo de estos medicamentos debe evitarse el alcohol durante las 48 horas posteriores.

Las contraindicaciones son dolor abdominal, náuseas y vómito intenso. Esta medicación debe evitarse durante los primeros meses de gestación, ya que el riesgo de malformaciones para el feto es elevado. También se han utilizado antibióticos como la terramicina o la aureomicina.

Es recomendable prescindir de las relaciones sexuales hasta que no haya concluido el tratamiento. Otra posibilidad interesante consiste en irrigaciones vaginales de agua con sal, lo que destruye eficazmente a estos agentes patógenos. Lamentablemente, esta solución salina no alcanza los reservorios de las glándulas de moco del cérvix.

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