Hace un par de décadas, el porcentaje de mujeres que se operaban los senos era considerablemente menor debido a que había menos cirujanos plásticos, pero actualmente eso ha cambiado drásticamente, en gran parte debido al auge de pequeñas clínicas especializadas y al incremento de salas ambulatorias, lo cual derivó en mayor accesibilidad en los precios.

Pero aunado a esto también vino un riesgo mayor para las pacientes debido a que es relativamente fácil parar en manos de personal mal preparado e, incluso, de verdaderos charlatanes y timadores que no sólo ponen en riesgo una parte de su anatomía sino su vida misma.

Tres razones para aumentarse el busto

Existen tres factores básicos para que una mujer decida operarse el busto y casi siempre pueden encontrarse en conjunción.

Primero tenemos al factor antropológico. La atracción física siempre ha sido determinante en la vida del ser humano. Cuando este empezó a caminar erguido, las relaciones sexuales evolucionaron de tener coito en una posición por detrás (como en los actuales simios) a hacer el amor frente a frente. La naturaleza entonces se vio obligada a dotar a la parte femenina de un elemento extra que supliera la atracción del trasero como hasta entonces había sido.

Así, los senos pasaron de ser de sólo una vía de alimentación para el bebé a una fuente de atracción sexual para el macho. También cambiaron para que pudieran ser unas mayores reservas de grasa y procurar una fuente de energía sustancial. Esta es la razón por la que, si bien el gusto masculino se rompe en géneros en cuanto a las mujeres, invariablemente es prácticamente imposible que un hombre se resista a mirar con deleite unos senos turgentes.

El segundo factor es el psicológico, en donde entran mecanismos de autoestima y aceptación. Freud decía que la libido está íntimamente ligada al grado de madurez en la estima de cada ser humano. Si una mujer tiene una concepción elevada de ella como persona es probable que necesite menos buscar la aprobación de sí misma en factores externos a su fortaleza y equilibrio internos.

Pero si, por el contrario, a una mujer le cuesta trabajo encontrar dentro de ella razones por las cuales pueda sentirse cómoda consigo misma, lo más natural es que busque esa comodidad en una imagen externa. Es aquí en donde entra la inclinación a parecer más bella y femenina por medio de la explotación de una de sus más evidentes diferencias del hombre, los senos.

El tercer factor y el más peligroso es el social. Actualmente se vive en el boom de la apariencia, hoy más que nunca se rinde el culto a la belleza y en este tenor, la belleza erótica es un patrón a seguir. Sin embargo el riesgo está en que es un patrón de belleza estandarizado e, incluso, cruel. Todas las personas quieren usar y verse dentro de lo que está de moda, obtener un físico según las nuevas tendencias.

Y la percepción de las mujeres de sí mismas está condicionada por los cánones que marcan estas tendencias, muchas veces pasajeras. Por ejemplo en la década del setenta, el modelo de belleza a seguir era el de portada de revista tipo Twiggy, una mujer tan delgada que rozaba casi en lo escuálido y andrógino. En aquella época, la imitación de esa moda provocó que muchas mujeres cayeran enfermas de anemia y enfermedades del sistema inmunológico (es aquí de donde surgen la bulimia y anorexia actuales).

¿Es la mamoplastia una buena opción?

La respuesta más rápida y lógica es no, porque se podría alegar acerca de los posibles riesgos e inconvenientes que toda operación quirúrgica y la introducción de material sintético ajeno al organismo conlleva.

Sin embargo, desde un punto de vista estrictamente psicológico también cabe señalar que un aumento de senos tiene un efecto gratificador y equilibrante en la psique femenina, en particular cuando se ha visto afectada por alteraciones emocionales ligadas directamente con el tamaño de su busto. En este contexto, una operación puede resultar benéfica para la estabilidad y seguridad emocional.

El riesgo está, por otro lado, en convertir esa conducta en algo recurrente, es decir, en volver una obsesión las operaciones en su persona, porque un gran porcentaje de mujeres una vez que se han hecho una mamoplastia, ante la vista del resultado, no pueden pensar en otra cosa que no sea en seguirse operando y cambiar partes de su cuerpo que no es necesario modificar, se vuelven plasticholic (“adictas al plástico”). Y entonces se sustituye un desequilibrio emocional con otro más fuerte.

Para finalizar, tome usted en cuenta que toda persona es un valor innegable en sí misma. La operación de senos es completamente legítima y recomendable para levantar una autoestima caída o un deseo de adquisición de belleza, pero antes de tomar una decisión con respecto a ello, también reflexione acerca de si no posee ya dentro de usted lo que cree que obtendrá aumentándose el busto y entonces, adelante. De cualquier manera, usted ha sido, es y será siempre hermosa.