Más que una reseña, el presente es un esfuerzo propio por reivindicar algunas de las reflexiones, de naturaleza trascendental y asombrosa vigencia, que León Tolstoi provocó, y continúa haciéndolo, a partir de este cuento corto y sencillo -que no simple- del siglo xix. El motivo: invitar a su lectura y discusión.

La referencia temporal podría suponer lejanía, ello depende naturalmente de nuestra relativa concepción del tiempo, no obstante, e independientemente del planteamiento subjetivo, lo cierto es que la astucia intelectual del autor, tejió un puente de continuidad histórica tal, que pareciera, salvo por los elementos externos, ornamentales y contextuales, que se escribió ahora o quizá desde el futuro.

La experiencia de la muerte

Tres muertes es una historia en la que, con maestría, Tolstoi, separa metodológicamente tres historias que mantienen allá y acá una ligadura cotidiana casi mecánica. La razón de tal empresa, según nuestro análisis, es justo para observar cuán fuerte es el lazo que les une. En este caso, además, para indagar respecto de las humanas formas de experimentar la muerte.

Son tres los mundos que se ponen en juego para describir el cuerpo de una misma realidad, a saber: el contraste entre la vida y la muerte desde una concepción ahístórica, es decir, desde una reflexión sobre la naturaleza humana, que no se encuentra anclada ni en el siglo xix ni en el xxi, que, en todo caso, les cruza diacrónica y sincrónicamente.

Sofisticado, rústico y básico

El primero es sofisticado. Tan alejado del mundo natural como cercano a sí mismo. Esto es; que se asume como el centro del universo. Que, de hecho, a éste le desprecia, en virtud de su propio ego y de la negación a la muerte como destino inevitable.

Los personajes son elaborados. En su hablar se evidencia la calidad educativa; en el proceder, la cuna de sus costumbres y en su trama, los objetivos vitales: intolerantes a la predestinación azarosa por la gracia del poder de que son investidos.

El segundo es rústico, directamente relacionado con la naturaleza. De hecho, de ella se sirve para su reproducción. Es un espacio integrado al contexto y se encuentra en permanente estado de adaptación, no obstante las muestras de rebeldía que pueden surgir ante eventos particulares. Su tolerancia a la idea del destino es amplia: se hace lo que se tiene que hacer y se aceptan los designios de Dios.

Los personajes evidencian deficiencias formativas y ajenas a las costumbres de la gran cultura. Su rol vital, destinado a los servicios, les limita en términos de poder.

El tercero es la base del entramado. Es el contexto, la inmediatez, lo que posibilita la vida; la propia y la de los primeros dos. Es la naturaleza. La que tiene su propia agenda, cuyos objetivos el positivismo ha fantaseado, por más de un siglo, en controlar.

Se rige a sí mismo y únicamente llega a generar dependencia del hombre cuando se le ha domesticado.

Tres mundos

La liga radica en la virtud de sometimiento entre cada mundo. Así, el mundo básico sirve de plataforma para la reproducción del mundo rústico y éste, a su vez, del sofisticado, el cual es sometido ante su inmediato hacia arriba, en la escala social.

La historia corre por una fina descripción de la tensión previa en torno a los condenados a muerte y después, los rituales de confrontación, es decir, las expresiones culturales.

En el primer mundo impera la sobrevaloración de la vida desde la visión del condenado y los seres allegados. En el segundo la tensión es mucho menor, se da por hecho desde el condenado y sus cercanos, que la muerte es inevitable e incluso es posible actuar como si ya hubiera sucedido.

El tercer mundo es el más complejo, pues es casi imposible reconocer mecanismos de preparación o de tensión previa. No debemos confundir las estrategias de defensa ante el peligro y creer que ello es comparable a la conciencia de la muerte. La naturaleza se adapta y busca las mejores opciones de supervivencia, lo que casi nunca implica destruir al ser humano en tanto enemigo “socialmente natural”.

La cuestión es que gran parte de la vida, incluyendo los rituales funerarios, implican destruir elementos de la naturaleza.

¿Sustentable?

En el cuento la muerte es lo que les une. Y aunque no podríamos asegurar que Tolstoi estuviera pensando en la idea del desequilibrio ecológico generado por nuestra sobre explotación al mundo natural, o en la sustentabilidad, tampoco podríamos descartar del todo que fuera un cálculo del autor al develar la naturaleza humana y sus intrincadas, a veces excesivas, formas simbólicas.