Tres con Tango (And Tango Makes Three), escrito por Peter Parnell y Justin Richardson, e ilustrado por Henry Cole, es un libro publicado hace 6 años (abril de 2005) pero, a día de hoy, sigue encabezando las listas de reclamaciones y peticiones de prohibición que publica la ALA (Asociación Americana de Bibliotecas - American Libraries Assotiation) en su informe anual sobre el estado de sus bibliotecas. Esta asociación, si bien ha alabado el avance considerable en la eliminación de la censura, no deja de poner en solfa que este problema sigue siendo caballo de batalla para los profesionales de la información dentro del propio país estadounidense.

Tres con tango es un cuento basado en una historia real acaecida en el zoológico de Central Park de Nueva York, tal como se nos ilustra en su prólogo: tras varios días observando a dos pingüinos machos llamados Roy y Silo, el guarda del zoo, Rob Gramzay, descubrió que eran pareja. Como tal se comportaban, hasta tal punto, que construyeron un nido para un huevo, que obviamente, no podía llegar. Tras ver cómo los dos pingüinos intentaban incubar una piedra, el guarda decidió darles una oportunidad con un verdadero huevo que procedía de una pareja de pingüinos que habían tenido dos huevos fértiles pero que nunca habían sido capaces de incubar más de uno. Así pues, Gramzay colocó el huevo en el nido de Roy y Silo, quienes lo incubaron, y de este nació el bebé pingüino Tango; único en el mundo, porque tiene dos papás.

¿Argumento en favor de la homosexualidad?

Según explicó uno de sus autores, Justin Richardson, en el periódico New York Times (2005), su libro no es un alegato a favor de la relaciones homosexuales, se trata de un cuento destinado a "ayudar a los padres a explicarle a los chicos acerca de las familias del mismo sexo. No es más argumento a favor de las relaciones gay que a favor de comer los peces crudos o dormir en las rocas." Sin embargo, a pesar de la ausencia de sentencias morales o juicios críticos, a pesar de quedarse en lo anecdótico y en el hecho real de la homosexualidad en el mundo animal, un porcentaje abultado de padres han pedido que este libro sea leído bajo vigilancia de adultos o bien eliminado de las estanterías de las bibliotecas y librerías. Sí, el libro ha sido, como arriba hemos señalado, desde el año 2006, y de forma consecutiva, el número uno en cuanto a peticiones de censura, pasando por delante de otros como El diario completamente verídico de un indio a tiempo parcial, de Sherman Alexie (denunciado por incluir una escena donde el protagonista, un adolescente, se masturba); el mítico Un mundo feliz de Aldous Huxley (acusado de incitar a la promiscuidad) y Crank, de Ellen Hopkins (por su inclusión de palabrotas, sexo y drogas), los cuales ocupan los números dos, tres y cuatro, respectivamente, en la susodicha lista.

Por otro lado, al mismo tiempo que este cuento causa tales ataques de recelo en padres asustados, ha recibido numerosos premios destacando su calidad, originalidad y valor, entre los cuales destaca el Notable Children´s book del 2006 concedido por la ALA.

Censura y literatura infantil. ¿Cual es la opción de los padres?

No deja de ser una realidad que como padres la responsabilidad ante lo que los hijos consumen debe ser completa: no sólo se les debe proporcionar una adecuada dieta o un ejercicio saludable; también una "alimentación" cultural adecuada, llevando a acabo una supervisión responsable y encaminándoles y ayudándoles a asimilar lo que ven, escuchan o leen. Sin embargo, estas ideas, en cierto modo beneficiosas, pueden entrar en conflicto con la barrera que se establece entre supervisión y censura: ¿es aceptable restringir ciertos productos en beneficio de un mejor entendimiento por parte de los niños? ¿En qué medida se realiza esta censura tomando en cuenta el grado de madurez mental del menor, y en qué medida unas ideas partidistas propias de adultos?

El niño debe comprender lo que consume, debe ser tratado como lo que es: una personalidad y una mente en desarrollo, pero ¿estamos seguros de qué es lo apropiado, o nos basamos en marcadas ideologías producto de experiencias propias? No es menos cierto que muchos nos hemos visto relativamente "traumatizados" por productos aprobados como infantiles en nuestra más tierna infancia (véanse películas animadas de renombre donde los progenitores desaparecen cruelmente, o cuentos populares poblados de bestias y situaciones luctuosas como devoramientos de abuelitas); ¿es acaso más censurable un libro que expresa la realidad social del momento que al niño le toca vivir? Porque el hecho no discutible en cuanto a este cuento es que constituye un reflejo de una realidad de la que nadie, por mucho que no le guste, está alejado: todos conocemos familias monoparentales, familias multiculturales, familias con dos padres o dos madres... El hecho de conocer esta realidad desde la infancia es lo que conlleva la normalización de la situación.

Por otra parte, también nos enfrentamos al dilema eterno en cuanto a la censura: ¿es conveniente que todo esté al alcance de cualquiera? Para algunos, todo conocimiento y creación, incluso lo que consideran como abyectas recreaciones que conducen a comportamientos violentos, debe ser público; otros consideran que hay que escoger a aquellos que estén llamados a entender ciertas cosas; y hay quien decide sobre toda la población en bien de sus mentes, espíritus o cuerpos. El hecho es que se empieza retirando Mein Kampf de las bibliotecas y se termina pidiendo a gritos el fuego para Aldous Huxley. ¿Proteccionismo o radicalismo? ¿Libertad o libertinaje? La clave está, como creen muchos pensadores, en la educación: una educación adecuada llevará a la aceptación y compresión de aquello que tememos en vez de una censura voraz. Y esta educación empieza desde la más tierna edad, desde Tres con Tango y otros lecturas que nos pueden proporcionar una visión amplia, compartida y cálida de nuestro entorno.