La muerte de John Lennon, en la noche del 8 de diciembre de 1980, fue de lo más impactante que haya ocurrido en el último medio siglo. El asesino, un desequilibrado de nombre Mark David Chapman, se pretendía una especie de alter ego de Holden Caulfield, narrador y protagonista de El Guardian del Centeno, del escritor estadounidense JD Salinger. Es en esa novela donde se nos invita a encontrar supuestas “claves”.

Lennon en el año 1980

Tras la disolución de los Beatles en 1970, Lennon había comenzado una exitosa (y a veces controvertida) carrera como solista y también como activista político. Su relación sentimental y profesional con Yoko Ono los convirtió en una pareja icónica en los años setenta.

A mediados de la década, Lennon se había separado de Yoko por un espacio de algo más de un año, para luego volver con ella. En 1975 nacería el hijo de ambos, Sean.

Hacia 1976, Lennon prácticamente abandonaría su actividad como músico para volcarse en su vida familiar, con Yoko y Sean. Aunque su popularidad y presencia en los medios no disminuyó desde luego en ningún momento. A finales de 1980, muy poco antes de su muerte, Lennon regresa a la música con su LP Double fantasy, que incluía el sencillo Starting Over.

El último día de Lennon

El último día de la vida de John Lennon, ese ocho de diciembre de 1980, fue bastante movido. Por la mañana, él y Yoko tenían cita con la fotógrafa Annie Leibovitz en su apartamento del edificio Dakota, Nueva York, para someterse a una sesión fotográfica para la revista Rolling Stone. Una de las fotos más célebres de la pareja John-Yoko, aquella en la que aparecen artísticamente entrelazados (Lennon en cueros), fue tomada de hecho esa mañana final.

Más tarde, ese día, Lennon concedió su última entrevista para los medios, al DJ Dave Sholin para la RKO Radio Network. Hacia las 5.00 pm, Lennon firmaría los habituales autógrafos a los fans que se apostaban frente al edificio Dakota. Uno de los autógrafos fue el firmado al mismo Chapman, en un ejemplar del álbum Double Fantasy. El instante fue captado por el fotógrafo Paul Goresh.

Luego, Lennon y Yoko se metieron en su limousina y se marcharon al estudio de grabación Record Plant.

El momento del asesinato

Chapman se quedó esperando junto al edificio Dakota durante las horas siguientes. John y Yoko regresaron del estudio de grabación a las 10.50 pm. Lennon pasó junto a Chapman, mirándolo brevemente, tal vez reconociéndole de los autógrafos de horas antes. Lennon continuó su avance. Entonces, Chapman apuntó a la espalda del músico.

El primer disparo pasó cerca de la cabeza de Lennon, el segundo y el tercero impactaron en la parte izquierda de su espalda. El cuarto y quinto fueron al hombro izquierdo. Tres de las balas atravesaron el cuerpo de la víctima, con lo que quedaron abiertos siete orificios de bala, una de las cuales perforó fatalmente la aorta. La pérdida de sangre fue descomunal y aunque Lennon fue trasladado de urgencia al cercano Hospital Roosevelt, cuando llegó ya ni respiraba ni tenía pulso. A las 11.15 pm se le declaró muerto.

Chapman se sienta en la acera, mientras lee a Salinger

¿Y qué hizo Chapman tras los disparos? Parece que el portero del Dakota, Jose Perdomo, le había arrebatado la pistola y la empujó lejos de un puntapié. Luego, Chapman se quitó gorro y abrigo para probar que no llevaba más armas y se sentó tranquilamente en la acera a esperar a la policía.

Abrió su ejemplar de El Guardian del centeno, en cuya primera pagina había escrito: De Holden Caulfield a Holden Caulfield: ésta es mi declaracion. El libro, muy popular entre adolescentes y estudiantes de instituto estadounidenses, le había marcado profundamente.

Desde esa noche de diciembre, la obra de Salinger es leída por muchos con los ojos de Chapman, buscando claves o explicaciones. Holden Caulfield, el narrador, con el que Mark Chapman se identifica de modo enfermizo, odia la hipocresía, la falsedad, el narcisismo. Se considera un protector de la infancia.

La condena a Chapman

Parece que Chapman aborrecía a Lennon por su supuesta hipocresía, ya que según él, vivía entre lujos a pesar de “rechazar” en sus letras (imagine no possessions, I wonder if you can) los bienes materiales.

Mark David Chapman se declaró culpable y fue condenado a 20 años, al término de los cuales se le permitía solicitar la libertad condicional. En el 2000 le fue rechazada. Desde entonces, existe la posibilidad de volver a solicitarla cada dos años. Le ha sido denegada ya seis veces. Yoko Ono se ha mostrado siempre radicalmente contraria a que se le conceda. Cosa muy comprensible.

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