Los adolescentes normalmente poseen una gran curiosidad sobre aquellos temas que competen a la sexualidad. A veces la poca confianza que hay en la comunicación con sus padres hace que estos busquen otros medios de aprender, con amigos o personas no fiables; lo que trae como consecuencia errores irreversibles, problemas familiares y lamentaciones.

Los tiempos han cambiado mucho y hoy en día los padres deben adoptar una actitud comprensiva frente a sus hijos, ya que no se puede luchar contra la corriente y por ende es necesario abrir un poco la mente para poder entender y ganarse la confianza de los hijos.

Es un error no buscar al adolescente para conversar sobre la sexualidad, ya que por el simple hecho de ser jóvenes, estos no querrán hablar con sus padres sobre aquellos temas y no los buscarán, ya que para ellos la opinión de sus contemporáneos es la más importante.

Hay algunas pautas para poder lograr una comunicación exitosa con los hijos y no morir en el intento.

Pensar como adolescente

No es tan difícil lograrlo, puesto que los padres ya pasaron por esa etapa; pues lo único que hay que hacer es adaptar ese pensamiento que se tuvo hace unas décadas al mundo moderno.

Lo primero que hay que pensar es que ser joven en la actualidad no es lo mismo que antes y que cada generación es un poco más adelantada respecto al desarrollo, sobre todo en el campo sexual.

Es necesario olvidarse de la admiración que se siente al notar lo precoces que son los chicos y tratar en lo posible de ser más tolerantes con ellos.

No satanizar

Lo peor que se puede hacer es reprochar delante de los hijos las actitudes de los jóvenes actuales. Frases como "Qué horror, tan chiquitos" o "si mi hijo o hija lo hace lo mato" o "Tú no puedes hacer aquello" son las que se deben evitar.

Cuando a un adolescente le dicen ese tipo de cosas, se sentirá amenazado, pero esto tendrá un efecto contrario al que quieren logar sus padres; ya que en lugar de dejar de hacer lo que sus padres prohíben mediante la amenaza, lo hacen a escondidas como una manera de demostrar que ellos mandan sobre sí mismos y que nadie evitará que sean libres.

Ser de mente abierta

Los jóvenes de hoy en día empiezan su vida sexual a temprana edad y eso es algo que no se puede evitar por más prohibiciones que se establezcan.

En lugar de prohibir y amenazar, se debe invitar al adolescente a que exprese lo que le ocurre, para poder tener un mejor manejo de la situación.

Es preferible aconsejar a un hijo de cómo debe actuar, de los riesgos que conlleva la sexualidad y de la responsabilidad que se tiene, a que el adolescente cometa errores a escondidas y no haya marcha atrás.

Los padres deben explicarles todo acerca de este tema y procurar que aquello sea un debate, sin incomodidades, sin amenazas y haciendo que el hijo note que puede contar con sus padres para un consejo.

Si un hijo ha tenido relaciones ya, no hay que ofuscarse ni gritarle o tratarlo mal, hay que orientarlo, procurar que narre la experiencia y aconsejarlo para futuras experiencias.

Si un hijo o hija tienen indecisión de si tener o no relaciones, es deber de los padres aconsejarlos, de tal manera que el joven entienda los riesgos y que si llegase hacerlo se cuide para evitar arrepentimientos.

Es una realidad la sexualidad en la juventud, motivo por el cual los padres deben adaptarse para darle la adecuada orientación, comunicación y confianza que una mente confundida y curiosa necesita.