El pasado 11 de abril se cumplen casi tres siglos de la firma de la Paz de Utrecht (1713), finalizándose así la Guerra de Sucesión española, originada por el conflicto sucesorio tras la muerte del monarca Carlos II, entre los dos candidatos al trono. Por un lado, Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV, y por otro, el Archiduque Carlos, hijo del Emperador Leopoldo I de Austria. Recordemos que ambos candidatos estaban emparentados con la casa real española y ambos tenían derechos sucesorios sobre la Corona española, aunque tampoco debemos olvidar, que a su vez, dichos candidatos eran herederos legítimos de sus propios territorios, y es por este hecho, que la sucesión al trono de España planteaba graves problemas, pues el candidato resultante, podía concentrar en sus manos amplios y poderosos territorios. De ahí el conflicto y la guerra.

Agotamiento de las potencias beligerantes: necesidad de entendimiento

Después de una lucha encarnizada por la cuestión sucesoria al trono de España, mantenida a lo largo de doce años (1701-1713), las potencias beligerantes, cansadas de la contienda y sobre todo, sin la capacidad económica necesaria para soportar los costes de una guerra de tales dimensiones, se sentaron a negociar con el fin de llegar a un acuerdo final y solucionar el problema.

No debemos olvidar que dicho enfrentamiento, lo podíamos catalogar con un término moderno, el de "guerra mundial", que correspondería perfectamente a la situación que tuvo lugar por estos años. Pues en esta enfrentamiento, combatieron todas las potencias europeas, distinguiéndose dos bandos claramente diferenciados: el primero de ellos, formado por Francia y España; y en el segundo de los bandos, capitaneados por Austria, Gran Bretaña y Holanda, donde posteriormente se unirían Portugal, Dinamarca y Saboya (esta alianza fué conocida como la Segunda Gran Alianza). Se movilizaron numerosos ejércitos, que recorrían y combatían en todo el territorio europeo, desde Cadiz a Utrecht y desde Lisboa a Sicilia. Se llevó la guerra a las posesiones de ultramar de las potencias beligerantes, por lo tanto, se combatía en el continente americano, África y el sureste asiático, y finalmente, se movilizaban todos los recursos disponibles, tanto económicos como humanos, para ponerlos al servicio de la guerra.

La firma de la Paz: puntos primordiales del Tratado

Debemos de tener claro los puntos principales y generales de la firma del Tratado de Utrecht del 11 de abril de 1713. España y Francia eran los vencedores oficiales del acuerdo, aunque con importantes contrapartidas. España debía ceder sus posesiones territoriales europeas. Así pues, sus posesiones italianas fueron repartidas entre Saboya (Sicilia), y Austria, (Milanesado, Nápoles y Cerdeña). Los Países Bajos fueron cedidos a Austria, y el resto de fortalezas y plazas fuertes que conservaba, fueron repartidas entre Holanda y Brandemburgo. Portugal por el contrario, recibía de nuevo la colonia de Sacramento, arrebatada por España en la contienda.

Mención a parte merece las concesiones realizadas a Gran Bretaña. Por un lado, recibía una serie de plazas fuertes como garantía de cumplimiento del Tratado (Menorca y Gibraltar). Aunque especial importancia tiene las cesiones en materia económica. Se concedía de este modo, el "Navío de permiso", rompiéndose así el monopolio español con América, pues a partir de ahora, Inglaterra podía una vez al año, enviar un mercante con una capacidad de 500 toneladas para comercializar directamente con las colonias españolas, hecho que no se respetaría, y se traduciría en un contrabando generalizado por parte de Inglaterra, utilizando su base comercial de Jamaica, en pleno Caribe español. También obtenía Gran Bretaña el "Derecho de Asiento", que consistía en obtener el monopolio de la caza de negros en África y su posterior traslado y comercialización como mano de obra esclava a la América española.

El Tratado de Utrech afecta negativamente a España

Si bien es cierto que los vencedores oficiales de la guerra fueron Francia y España, el precio de la victoria fue muy elevado, sobre todo para España, pues a pesar de que las potencias europeas reconocían a Felipe de Anjou como legítimo rey de España y de las Indias, España debía de ceder su imperio territorial en Europa, entre los miembros de la Segunda Gran Alianza. Por otro lado, debía ceder territorios soberanos como consecuencia del Tratado (Menorca y Gibraltar), y realizar importantes concesiones en materia comercial, perdiendo definitivamente el monopolio comercial con sus colonias, en beneficio de Gran Bretaña, que a partir de ahora, sería el principal competidor y rival en los mares, de España.

En cuanto a España, pasaría a un segundo lugar dentro del ámbito de la política internacional. A partir de ahora, estaría supeditada a los intereses de las potencias hegemónicas del momento: Francia o Gran Bretaña. Perdía el monopolio comercial con América y los beneficios directos de tal monopolio. Finalmente, España, emprendía internamente una reorganización política, territorial y administrativa, de corte centralista, que depararía nuevos y variados problemas más adelante, objeto de estudio en otro capítulo.