El trastorno pasivo-agresivo de la personalidad se caracteriza por conductas de resistencia y oposición, entre las que se encuentran las tareas eternamente pospuestas, no tomar nunca decisiones, desidia en el trabajo o la falta de responsabilidad en obligaciones de diversa índole. Su escasa habilidad en el terreno ocupacional y social suele convertirlo en una persona irritable cuando tiene que amoldarse a las normas establecidas, y aunque este actitud también puede darse en otras personas, en los afectados por este trastorno constituye una pauta comportamental inflexible.

Características del trastorno pasivo-agresivo

Los afectados por el trastorno pasivo-agresivo de la personalidad muestran una escasa capacidad asertiva, por lo que la interacción directa con otras personas es percibida como algo peligroso. El miedo a las relaciones, en este caso, se basa en la creencia de que los demás pretenden entrometerse y controlar su vida. Se muestran renuentes a toda exigencia lógica de la interacción con el resto de personas, lo que les conduce al enfado, a veces pasivo y a veces agresivo, sin ver otra posibilidad como negarse razonadamente o buscar otras alternativas. Su autodefensa consiste en echar la culpa a los demás de las carencias propias. Se trata de individuos que se caracterizan por su malhumor y pesimismo generales.

Criterios para determinar el trastorno pasivo-agresivo de la personalidad

Existen distintos factores para determinar la posible existencia de un trastorno pasivo-agresivo de la personalidad. Se considera que identificando cinco de las siguientes características puede concluirse que el individuo padece este trastorno:

  • Se producen constantes demoras en la ejecución de las tareas, incumpliendo los plazos previstos y razonables.
  • EI individuo se muestra irascible cuando se le pide que haga algo que no desea hacer.
  • Trabaja mal o con lentitud cuando efectúa tareas que no son de su agrado.
  • Se queja infundadamente de que los demás le exigen cosas irrazonables.
  • Evita las obligaciones justificándolo a base de “olvidos”.
  • Considera que lleva a cabo su labor mucho mejor de lo que los demás piensan.
  • Rechaza las sugerencias útiles de los demás para que sea más productivo.
  • Malogra los esfuerzos de otras personas al obstaculizar el trabajo en la parte que le corresponde.
  • Tiende a la crítica o la burla con relación a las personas que detentan posiciones de autoridad.

Terapia ante un trastorno pasivo-agresivo

Como ocurre con otros muchos trastornos, el paciente acude a terapia, más que por voluntad propia, por las quejas que se suceden en el ámbito sentimental, por parte de la pareja, como en el ámbito laboral. En ambos casos no se asumen las responsabilidades inherentes al lugar que se ocupa y no se satisfacen las expectativas deseables. También la depresión es un factor que puede llevar al individuo a terapia; una depresión que viene dada por la ausencia de recompensas y retribuciones asociadas a las relaciones interpersonales y laborales. Por otra parte, la ausencia de asertividad puede llevarles fácilmente al fracaso o la pérdida, situación que puede degenerar en depresiones severas.

Diagnóstico y tratamiento del trastorno pasivo-agresivo de la personalidad

El paciente adopta una actitud negativa, hablando de lo difícil y complicada que es su vida; todo ello unido a sus inevitables frustraciones. Incapaz de comprender que es él mismo quien contribuye a crear sus dificultades, acaba culpando siempre a los demás.

Sus justificaciones habituales consisten, por ejemplo, en que perdió un trabajo porque el jefe era injusto o bien se trataba de un trabajo que impedía su libertad de acción.

Aunque su comportamiento guarda ciertos paralelismos con los paranoides en cuanto a su conflictividad con los modelos autoritarios, los pasivo-agresivos se centran más en las interferencias que perciben y que les impiden hacer las cosas a su manera.

Tras el diagnóstico conviene efectuar una evaluación de las habilidades sociales. En el posterior tratamiento deben tenerse en cuenta las actitudes propias de estos individuos que obstaculizan la conducta social apropiada.

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