El Trastorno de Identidad Disociativo (TID) es un trastorno, como su nombre bien indica, "disociativo", esto quiere decir que se produce una separación estructurada de un componente mental que habitualmente esta unificado, en este caso, la identidad.

Este trastorno es de dominio popular gracias al peso que ha tenido en distintas obras de ficción, no obstante, la gente en general desconoce sus verdaderas características y algunos expertos defienden la inexistencia del trastorno o al menos el adecuado diagnóstico de la mayoría de los casos archivados.

Diagnóstico

La definición actual del TID data de 1994, cuando gracias a los estudios de Frank Putnam, la edición del DSM-IV incluye ciertas revisiones de este trastorno, que hasta ese mismo día había sido denominado "Trastorno de múltiple personalidad".

Según el DSM-IV, el diagnóstico para el TID es el siguiente:

  1. Presencia de dos o más identidades o estados de personalidad (cada una con un patrón propio y relativamente persistente de percepción, interacción y concepción del entorno y de sí mismo).
  2. Al menos dos de estas identidades o estados de personalidad controlan de forma recurrente el comportamiento del individuo.
  3. Incapacidad para recordar información personal importante, que es demasiado amplia para ser explicada por el olvido ordinario.
  4. El trastorno no es debido a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (por ejemplo: comportamiento automático o caótico por intoxicación alcohólica) o a una enfermedad médica (por ejemplo: crisis parciales complejas).
El mismo manual incluye una nota aclaratoria en la que especifica de que en niños, estos criterios no deben de confundirse con la creación de "compañeros de juego imaginarios".

El paciente "tipo" de este trastorno es alguien que durante su infancia ha vivido un hecho altamente traumático, bien continuo, como ser expuesto persistentemente a maltrato físico, psicológico o sexual; bien puntual, como contemplar una violación.

¿Puede fingirse el TID?

Algunas investigadores han estudiado la capacidad de los individuos para simular las experiencias disociativas. El que más llama la atención es el de Spanos, Weeks y Bentrand de 1995, en el cual demostraron que un estudiante universitario podía simular un alter ego si se le sugería que esto era posible.

La alarma de que este trastorno podría fingirse la disparó Kenneth Bianchi, quien a finales de los años setenta fue acusado de violar y matar brutalmente a varias jóvenes en la ciudad de Los Ángeles. Durante el juicio alegó padecer de "personalidad múltiple", (por lo cual la sentencia sería ser internado en un psiquiátrico y no en prisión) y los síntomas así parecían mostrarlo. Cuando registraron su casa, se encontraron varios libros de psicología en los que se incluía el trastorno. Cuando el psicólogo forense que trataba el caso de Bianchi (sin decirle que se habían descubierto los libros), aportó información falsa acerca del trastorno, Bianchi comenzó también a mostrar dichos "falsos síntomas".

Como pillar a los farsantes

Los defensores de la existencia del TID se negaron a darse por vencidos ante los farsantes y trataron de demostrar que había síntomas del trastorno que no podían fingirse.

Ludwing y colaboradores, en 1972, descubrieron que las diversas personalidades de uno de los pacientes producían distintas respuestas fisiológicas ante palabras con carga emocional, incluida la respuesta galvánica de la piel, una medición imperceptible de la actividad de las glándulas sudoríparas y en las ondas cerebrales en los electroencefalogramas (EEG).

Millner, en 1989, demostró que los sujetos con TID tenían 4,5 veces más cambios en el funcionamiento óptico en sus personalidades alternas. Esta modificación requiere una fracción y un equilibrio en los músculos del ojo difícil de simular.

Finalmente, Kluft, a finales de la década de los noventa, asegura que los pacientes que padecen el trastorno tratan de ocultar los síntomas, mientras que los que los que lo fingen tratan de exponerlos.

Pero no todo el mundo finge "aposta"

Efectivamente, en muchas ocasiones, el TID puede ser psicosomático o incluso iatrogénico.

Las personas que presentan este tipo de trastornos, generalmente han vivido en su infancia hechos altamente traumáticos. Estos traumas suelen provocar "amnesia selectiva" en el paciente, y la inadecuada guía del terapeuta puede hacerles recordar cosas que en realidad no ocurrieron, debido también a que dichos pacientes acostumbran a presentar una alta sugestionabilidad. La sola sugerencia del terapeuta de que pudiera existir dicho huésped, podría provocar su aparición (e incluso su "pasado") si el sujeto es lo suficientemente sugestionable.