La ansiedad se podría definir como una respuesta a la falta de respuestas asertivas que permitan llevar el control de una determinada situación. La ansiedad se basa en la anticipación de hechos, que pueden llegar a ocurrir o no, y para los cuales no se poseen las herramientas adecuadas para afrontarlo. La ansiedad también puede estar focalizada en hechos reales muy concretos, como pueden ser situaciones del pasado no resueltas y, por lo general, no reconocidas. Igualmente, la fuente de preocupación puede estar situada en un futuro lejano o inmediato y que, a diferencia del modelo de anticipación, la ansiedad proviene de las acciones que deberían acometerse pero que, por circunstancias diversas, no se llevan a cabo, con lo que la sensación de ansiedad siempre está presente.

Síntomas de la ansiedad

La ansiedad, como se ha indicado, suele ser el resultado de algún acontecimiento generador de la misma o provenir de algún origen que no se reconoce –o no se quiere reconocer–. Sea cual sea el caso, la ansiedad suele ir acompañada de síntomas específicos, tales como:

  • Dolor abdominal.
  • Diarrea o necesidad frecuente de orinar.
  • Mareo.
  • Tensión muscular.
  • Frecuencia cardíaca rápida o irregular.
  • Temblores.
  • Dolores de cabeza.
  • Falta de apetito.
  • Sequedad en la boca.
  • Dificultad para dormir y pesadillas.
  • Respiración rápida.
  • Sudoración.
  • Disminución de la concentración.
  • Fatiga.
  • Irritabilidad, con la posibilidad de llegar a perder el control.
  • Problemas sexuales.

Los trastornos de ansiedad

Los trastornos de ansiedad componen un amplio grupo de afecciones psiquiátricas que involucran ansiedad excesiva. Entre los principales trastornos de ansiedad se pueden destacar:

Etiología de la ansiedad

La ansiedad puede estar motivada por diversas causas, algunas muy específicas y reconocibles, y otras permanecer ocultas en algún rincón de la mente del afectado. Según el psicólogo Xavier Caseras: "La manera en cómo interpretemos lo que nos sucede implicará que nos sintamos más o menos ansiosos. Esa interpretación dependerá en buena medida de nuestras experiencias más recientes y de las que tuvimos durante el desarrollo de nuestra personalidad".

Entre las reconocibles están las rupturas sentimentales, la pérdida de algún ser querido o la pérdida del trabajo. También puede estar ocasionada por ciertos estimulantes como las anfetaminas, el alcohol, la cocaína, la marihuana, la cafeína, las pastillas para adelgazar, la nicotina y otros.

Otros factores desencadenantes de la ansiedad se corresponden con circunstancias más difusas y que no están en el nivel consciente de quien las padece. Los orígenes suelen estar enterrados en el pasado, como es el caso de los malos tratos, el abandono, el abuso sexual o diversas carencias emocionales imputables a los padres o a otras circunstancias difíciles en la vida del afectado.

La ansiedad y el abuso sexual infantil

Hay circunstancias en la vida que exceden la capacidad de superación del individuo. Y si el individuo es un niño, el problema se agudiza de un modo muy especial.

Los mecanismos capaces de desarrollar un tipo de ansiedad continuada se comprenden muy bien cuando se asocian a un hecho traumático como el abuso sexual infantil. Por poner un ejemplo clarificador: si el abuso se produce en el transcurso de la noche, introduciéndose el agresor en la habitación del menor, no hace falta una gran perspicacia para comprender que el niño pronto manifestará una sensación de ansiedad que le acompañará cada noche; se trata de una previsión anticipatoria de lo que va a suceder. Y que en este ejemplo casi siempre termina sucediendo.

Es muy frecuente que la ansiedad, con relación al ejemplo anteriormente expuesto, termine siendo crónica, convirtiéndose en una parte negativa que formará parte del comportamiento de la persona, y que afectará en mayor o menor medida en todas las facetas de su vida. El resultado es que anticipará amenazas que, en muchos casos, solo existirán en su mente.

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