El fenómeno de la corrupción es definido por Transparencia Internacional como “el abuso del poder encomendado, para beneficio personal”. Se trata de una definición general porque la corrupción tal como la concibe el organismo, no es exclusiva de los gobiernos y los partidos políticos, alcanza además a todo tipo de empresas privadas, incluso a individuos que actúan por su cuenta.

Misión, visión y forma de trabajo de Transparencia Internacional

La misión que se ha planteado este organismo es luchar contra la corrupción alrededor del planeta con una visión del mundo en que “gobierno, política, empresas, sociedad civil y vida cotidiana de las personas se desarrollen sin corrupción”. Para lograrlo tiene representaciones en más de 90 países y una Secretaría Internacional en Berlín. Desde su fundación, en la última década del siglo XX, levanta encuestas basadas en la percepción de los ciudadanos, para conocer las características generales del fenómeno, en las diferentes regiones del orbe. Al decir de sus dirigentes, los estudios realizados por TI pueden compararse a una “imagen instantánea” útil para ampliar y profundizar en aspectos específicos de la corrupción.

Junto con instancias gubernamentales, empresas privadas y grupos de la sociedad civil TI lleva a cabo acciones para hacer conciencia de los efectos perjudiciales de la corrupción y aplicar programas para hacerle frente.

Un reporte reciente

En uno de sus más recientes reportes (2009) TI publicó los resultados de su encuesta sobre corrupción con las opiniones de más de 70 mil personas, de 69 países (en los cinco continentes) vertidas a través de las respuestas a un cuestionario de 15 preguntas, aplicado entre octubre de 2008 y febrero de 2009 y validada su información hasta julio de 2010. La encuesta explora la medida en que los ciudadanos perciben como corruptas a las instituciones, tanto públicas como privadas y sondea así mismo la opinión sobre los esfuerzos de los gobiernos por combatir la corrupción.

El informe puede consultarse (en inglés y español); en los párrafos que siguen se presentan algunos de sus hallazgos más significativos de la corrupción en el ámbito privado.

La corrupción en el sector privado

En cuanto al sector privado –empresas de particulares-, la mitad de la muestra (es decir, más de 35 mil ciudadanos) lo percibe como corrupto. La opinión se centra en los sobornos que pagan los empresarios para obtener privilegios o exentar trámites. Por otra parte, los partidos políticos, seguidos por la administración pública, se ven como los sectores más corruptos, en todo el mundo. Sin embargo, en un análisis desagregado, Transparencia Internacional reporta que en 13 países de la muestra el sector privado fue considerado como el más corrupto, mientras que en 11 identificaron al poder judicial con el mayor índice de sobornos recibidos.

Los “pequeños sobornos”

En el apartado dedicado al pago de “pequeños sobornos” se encontró un aumento mayor con respecto a otros años, siendo la policía la instancia que con mayor probabilidad es receptora de tales pagos ilegales: más de una de cada 10 personas asumieron haber pagado un soborno en el último año y cuatro de cada 10 aceptaron haber pagado, en promedio, alrededor del 10 por ciento de sus ingresos anuales. Este tipo de experiencias se reportan como “más comunes” en países del Oriente Medio y África del Norte.

Los resultados indican que –en todo el mundo- las personas encuestadas en hogares de bajos ingresos son más propensos a pagar sobornos, que quienes pertenecen a hogares de altos ingresos cuando se trata de la policía, el poder judicial, los servicios de regulación de tierras y los de educación.

La denuncia de la corrupción

En cuanto a las denuncias, el ciudadano común no utiliza los canales formales para presentar quejas sobre soborno: tres cuartas partes de las personas que aceptan haber pagado sobornos no denunciaron formalmente a quien se lo exigió. En parte, esto se explica porque alrededor de la mitad de los encuestados percibe como ineficaces los mecanismos de denuncia, punto de vista expresado independientemente del género, la educación o la edad. Por la misma razón, los gobiernos se consideran ineficaces en la lucha contra la corrupción: el 56 por ciento de la muestra considera que la lucha de los gobiernos contra la corrupción es infructuosa. Sólo el 31 por ciento la percibe como efectiva.

Transparencia Internacional considera que “la mejor estrategia para abordar las formas cada vez más variadas en que se manifiesta la corrupción política es generando demanda pública de integridad en la toma de decisiones políticas, y empoderando a la sociedad civil para que controle los flujos de dinero en la política”.