
- Ingredientes para tortas Navidad - M.E. Mendoza
Las escenas de comida en la literatura ofrecen al lector un doble placer, el de la lectura en sí y el de imaginar y saborear los platillos y el ambiente en el que se preparan y consumen. En ocasiones parece que su papel es secundario, como ingrediente para sazonar la historia, aunque en realidad aportan luz que ilumina gustos, costumbres y tradiciones así como carencias, anhelos y posturas de los personajes ante la comida, como ocurre en muchísimos pasajes de Don Quijote de la Mancha:
"Aquí trayo una cebolla y un poco de queso, y no sé cuántos mendrugos de pan -dijo Sancho-, pero no son manjares que pertenecen a tan valiente caballero como vuestra merced.
-¡Qué mal lo entiendes! -respondió Don Quijote-. Hágote saber Sancho, que es honra de los caballeros andantes no comer en un mes, y, ya que coman, sea de aquello que hallaren más a mano..."
La literatura y la gastronomía dos artes unidas para nuestro placer
Y aunque la relación entre literatura y gastronomía es antiquísima, en 1989, cuando salió a la luz la novela de Laura Esquivel, Como agua para chocolate, el mundo de las letras hispanoamericanas recibió esta obra como toda una revelación. La novela se vio como una contribución al reconocimiento de la dignidad y sensualidad de la cocina tradicional, que implica procesos como moler en metate el maíz para las tortillas o el cacao para el chocolate, por mencionar los cotidianos.
Como agua para chocolate, a la manera de novela por entregas
Cada uno de los doce capítulos de la obra, escrita al estilo de la novela por entregas, que inicia en enero y concluye en diciembre, lleva por título una receta.
Detrás de cada platillo hay una historia y cada platillo provoca reacciones indeseables, eróticas o insospechadas en los comensales. Un pastel de boda que hace vomitar a los invitados; unas codornices en pétalos de rosas se convierten en el más poderoso afrodisiaco para Gertrudis, hermana de Tita, o el fósforo con que se elaboran los cerillos enciende un fuego liberador.
La memoria gustativa recrea sabores y estimula sensaciones
Cuando se lee "Tortas de Navidad", el primer capítulo, además de introducirse a los rincones más íntimos de la familia de Tita, la sufrida llorona y condenada a la soltería hija menor de Elena, una mujer ruda, intolerante, calculadora y fría, algo se activa en la memoria al imaginar los pasos que va describiendo la narradora para preparar la extraña receta que combina ingredientes de sobra conocidos y probados, que generalmente no se mezclan, por lo menos en la cocina tradicional mexicana.
Tradiciones de novela que pueden ser parte de nuestra vida
La referencia a estas tortas vuelve al final, cuando la narradora señala que "mientras haya alguien que cocine sus recetas", Tita, su tía abuela, seguirá viviendo. Y esto puede hacerse extensivo a las recetas familiares, sobre todo en las que con solo pensar en ellas se evocan sabores, olores, texturas, ambientes y personas que forman parte de la historia personal.
Apropiarse de una tradición, darle su toque personal y familiar resulta, además de interesante muy sabroso, y, si se tiene éxito después del primer intento, no solo memorable sino deseable. La historia de la novela inicia en la segunda década del siglo XX, en plena Revolución, en el norte del país. Esta receta, aparentemente sencilla y rápida tiene su chiste.
Ingredientes para preparar tortas de navidad:
- 1 lata de sardinas
- 1/2 chorizo
- 1 cebolla
- Orégano
- 1 lata de chiles serranos
- 10 teleras
Actualmente se encuentran latas de sardinas de diferentes tamaños, pero probablemente en ese contexto solo había de las grandes, de aproximadamente 400 gramos, conservadas en aceite o tomate. El chorizo, de fabricación casera, no se sabe bien de qué tamaño era, pero se puede inferir que la proporción es de un chorizo por dos latas grandes de sardinas, para preparar veinte tortitas, para lo cual se requieren teleras pequeñas.
En vista de que cada país tiene su propia receta, tamaño, contenido de carnes y grasa, la primera vez que se preparan se corre el riesgo de que predomine el sabor de las sardinas o que sea el chorizo o la longaniza, producto muy común e igualmente apreciado en México, el que resalte, según esté condimentado.
Preparación de estas tortas que combinan chorizo, sardina, cebolla, orégano y gusto por la lectura
"La cebolla tiene que estar finamente picada". De esta manera comienzan receta y novela. Líneas adelante continúan las instrucciones de la preparación. Por cuestión de espacio en este artículo, se presentan en un solo párrafo, sin las reflexiones de Tita:
"Hay que tener cuidado de freír el chorizo para las tortas a fuego muy lento, para que de esta manera quede bien cocido, pero sin dorarse excesivamente. En cuanto esté listo se retira del fuego y se le incorporan las sardinas, a las que con anterioridad se les ha despojado del esqueleto. Es necesario, también rasparles con un cuchillo las manchas negras que tienen sobre la piel. Junto con las sardinas se mezclan la cebolla, los chiles picados y el orégano molido. Se deja reposar la preparación, antes de rellenar las tortas". Se calientan en el horno antes de servirlas.
Modificaciones a la receta presentada en el libro Como agua para chocolate
Se indica que la cebolla se agrega cruda al mezclar las sardinas y los demás ingredientes al chorizo frito. Para hacer más sabrosa la receta se fríe una cebolla picada con el chorizo. Esto no sustituye la cebolla cruda. Para quienes no comen chile el relleno puede omitirlo y servirlo aparte.
En el mercado hay chorizo y longaniza de pollo y pavo, que representan interesantes opciones para quienes no consumen carnes rojas. También existe la versión vegetariana, aunque el resultado no es tan bueno.
Cocinar con amigos y familiares es una oportunidad para convivir y disfrutar
Después de algunas pruebas se llega a cierta maestría con el toque familiar. Una ensalada verde aderezada con vinagreta las complementa.
El número de invitados a "las tortitas de Navidad", en una fecha que determine la familia para arrancar los festejos decembrinos, seguramente irá creciendo año con año, lo que ofrece un pretexto para organizar una reunión con un grupo pequeño para prepararlas en la víspera, mientras se canta, platica, bebe y disfruta el placer de una tradición de novela.
