A las puertas del año 2013, los científicos de todo el mundo se plantean la posibilidad de que la Tierra sea azotada por erupciones solares de gran tamaño. Dichas erupciones podrían bloquear las telecomunicaciones, los servicios de GPS, las redes eléctricas…

Sin embargo, ¿cuál es el nivel de riesgo que suponen estas tormentas solares? ¿Cuáles son las probabilidades de que se produzcan?

Los ciclos solares

La actividad solar no es constante. Y esta variabilidad afecta en gran medida a las condiciones en la Tierra. Las antiguas civilizaciones (egipcios, mayas, aztecas, griegos, romanos…) ya eran conscientes de ello, por lo que su estudio fue siempre algo primordial. Ahora se sabe que la actividad solar se rige en forma de “ciclos”. La manera más fácil de estudiar estos ciclos es estudiando las “manchas solares”; esto son pequeñas manchas oscuras que pueden vislumbrarse en su superficie y que se asocian con la presencia de erupciones solares.

Los ciclos de manchas solares tienen una duración aproximada de 11 años. Cada 11 años se repite un ciclo completo, o sea, que cada 11 años pasa por un periodo de "latencia" y uno de "máxima actividad". No son las únicas fluctuaciones que se producen en el Astro Rey; otras, como el ciclo de Gleissberg, se producen cada 72 u 83 años, y pueden acarrear cambios más apreciables en el Clima de la Tierra.

El estudio de los ciclos solares es muy importante debido a su influencia en la vida de nuestro planeta. Una falta de actividad solar puede desencadenar épocas frías, como ocurrió durante la Pequeña Edad de Hielo a finales de la Edad Media, y un exceso de actividad puede producir las denominadas “tormentas solares”, que afectan a las comunicaciones, a los sistemas GPS, e incluso a las redes eléctricas y a los aparatos electrónicos.

Las tormentas solares del año 2013

Hasta ahora nos encontrábamos sumergidos en un mínimo solar que empezó a sentirse en 2008 y del que empezábamos a salir el pasado año. Ahora, los científicos de todo el mundo creen que el Sol está entrando en una etapa de “gran actividad”, donde las tormentas solares son más frecuentes y de mayor intensidad. Esto no quiere decir que necesariamente deban producirse dichas tormentas, sino que existe la probabilidad de que ocurran. Para ello, durante los últimos meses, han estado preparando un “plan de contingencia” por si se diera el caso. Sería algo así como tener a los bomberos preparados a principios de verano: no tienen por qué producirse incendios de gran importancia, pero si se producen y no hay un equipo preparado para afrontarlos, puede desencadenarse una catástrofe.

Para ello, los científicos han recomendado una serie de medidas tales como desviar los satélites en caso de tormentas de gran magnitud, o proteger los cables eléctricos y de comunicación contra la radiación electromagnética.

El evento Carrington

En 1859, una erupción solar de gran magnitud alcanzó la Tierra. Por aquel entonces, los sistemas de comunicación se basaban, principalmente, en el telégrafo, y la red eléctrica se encontraba en sus inicios. Sin embargo, la fuerza de la erupción provocó que las brújulas enloquecieran, y que la red telegráfica, así como la eléctrica, dejaran de funcionar. Hoy en día, debido a la importancia que las comunicaciones y la energía eléctrica han adquirido a lo largo del tiempo, una erupción solar de igual magnitud que la del evento Carrington, causaría grandes pérdidas y sembraría el caos.

Sin embargo, una erupción así no tiene por qué darse. Bien es cierto que la falta de actividad del Sol de los últimos años promueve actividades explosivas (al igual que una falla que retiene energía durante demasiado tiempo antes de romperse), pero dicha energía puede disiparse en forma de pequeñas erupciones solares poco dañinas.

Sea como sea, la necesidad de un plan de contingencia para casos similares al de 1859, es algo en lo que los científicos de todo el mundo están de acuerdo.