En los años recientes, las literaturas china y japonesa han sido rescatadas de los estantes más recónditos de las librerías locales, llevándolas a ser traducidas a varios idiomas para así llegar al alcance del lector.

Autores como Yu-Hua (1960- ), Kyoichi Katayama (1959- ), Yoko Ogawa (1962- ) y Banana Yoshimoto (1964- ), han logrado consolidarse con sus obras tanto en su país de origen como fuera de éste.

Haruki Murakami (1949- ) hizo lo propio, colocándose en el pináculo de su carrera en 1987 con “Tokio Blues. Norwegian Wood”. Desde aquel entonces, sus novelas recorrerían el orbe varios años después de haber sido publicadas en su país natal como “Al sur de la Frontera, al Oeste del Sol” (1992), “Crónica del Pájaro que da Cuerda al Mundo” (1992-1995), “Kafka en la Orilla” (2002) y “After Dark” (2004).

Una trama realista

Toru Watanabe arriba a un aeropuerto en Alemania y escucha una melodía adjudicada a The Beatles mejor conocida como “Norwegian Wood”, la cual lo lleva a rememorar su juventud en Kioto transcurrida en los años sesenta. Recuerdos en los que figuran Naoko, novia de su mejor amigo Kizuki que se suicidó y joven inestable con la cual lleva un íntimo vínculo, además de Midori, mujer que lleva a Watanabe a reevaluar el amor, la muerte y la vida.

El propio Murakami admite que “Tokio Blues” se trata de una novela realista, con la cual experimentó y decidió que por lo menos una obra suya sería de este género literario, el cual no tiene interés en retomar.

La historia que cautiva

El libro, desde las primeras páginas, logra atrapar al lector por medio de una historia que muestra el recorrido del protagonista (narrado en primera persona) iniciado a los 37 años, para después ver destellos de su adolescencia y de una vida universitaria. El resto de la obra muestra cómo atraviesa etapas de dolor, alegría, rebeldía, compasión, sexo, resignación y amor.

La confusión de Watanabe sobre sus sentimientos hacia Naoko y Midori se torna realista, en donde la primera lidia con su vulnerabilidad emocional y la segunda contrasta por medio de su personalidad abierta, antítesis del primer amor del protagonista, llevando así a un inevitable triángulo amoroso del que no sabe qué hacer al respecto en un inicio.

La melancolía es otro aspecto imperante en “Tokio Blues”, representada por la mayor parte de los personajes. Watanabe y Naoko (a quien se le suma una tragedia familiar) con la pérdida de Kizuki, Reiko (amiga de Naoko) a causa de su triste pasado y Midori por medio de su padre.

Cada uno de ellos se sienten familiares, como si en algún momento de la vida se haya conocido a una persona remotamente parecida a aquellos representados en el libro, abarcando también al clásico hombre mujeriego, egocéntrico que puede con todo mostrado a través de Nagasawa, amigo de Watanabe de la residencia universitaria en la que se aloja.

Todos estos puntos, aunados a la gran descripción del entorno visual del Japón de los sesentas, el uso de la música, la comida y la bebida como medio para salpicarnos de cultura, el vistazo a las movimientos estudiantes de aquellos años en dicho país, y las variaciones emocionales de los protagonistas, dan como resultado llevar a que uno no se canse de leer y quiera averiguar el desenlace de tal carga de sentimientos y pensamientos.

Murakami después de Tokio Blues

Al escritor originario de Kioto le mereció el reconocimiento internacional después de “Tokio Blues. Norwegian Wood”. Premios como Tanizaki, Yomiuri y el Frank O`Connor avalan su trayectoria.

Otras trabajos como “La Caza del Carnero Salvaje” (1982), “Sauce Ciego: Mujer Dormida” (1981-2005), “Sputnik, mi amor” (1999), y la redescubierta “El Fin del Mundo y un despiadado país de las maravillas” (1985) finalmente llegaron al alcance occidental después del primer tiraje original.

A partir de su Best Seller, logró lo que pocos autores nipones: Acercar a los lectores fuera de Japón a las novelas creadas por otros compatriotas, para así encontrar su revaloración y el crecimiento en su literatura.