Tres años después de su primer capítulo, 1910, Alan Moore y Kevin O’Neill ofrecen la esperada continuación del tercer volumen de The League of Extraordinary Gentlemen, Century. 1969 coloca a los protagonistas en el Londres de la cultura pop, en la mitad del tríptico que será esta historia y con las mismas constantes de los últimos capítulos de la saga, multitud de referencias literarias y culturales cada vez más complejas con las que aderezar una historia llena de imaginación.

Segunda parte de ‘Century’

Planeta DeAgostini publica The League of Extraordinary Gentlemen. Century: 1969 al precio de 4,95 euros. Top Shelf editó la obra originalmente en julio de 2011. Como sucede con todos los títulos de la saga iniciada en 1999, sus autores son Alan Moore y Kevin O’Neill. Tras los dos primeros volúmenes vio la luz la novela gráfica The Black Dossier, y después este tercer volumen, Century, cuya conclusión llevará por título 2009 y su publicación en inglés está prevista para este 2012.

La Liga de los Hombres Extraordinarios ha quedado ya reducida a la mínima expresión en el Londres de la segunda mitad del siglo XX. Mina Harker, el rejuvenecido Allan Quatermain y Orlando son sus integrantes. En 1969 continúan la búsqueda del ocultista Oliver Haddo, iniciada en la primera entrega de Century, 1910. Moore cierra los eventos de aquella primera parte dando una especie de final, o quizá es un nuevo comienzo pensando en el final de la saga, a Janni, la hija del Capitán Nemo.

Londres, 1969: sexo, drogas y rock and roll

A partir de ahí, y también en el prólogo de la historia, el principal objetivo de Moore es introducirnos en un Londres diferente al que ha conocido la Liga hasta ahora, uno impregnado de sexo, drogas y rock and roll. Esta escenario permite al afamado guionista establecer un clímax tan impactante como psicodélico y un final abierto que deja con ganas de conocer el desenlace de la historia, cuya dirección parece difícil de adivinar en tantos sentidos como lo fue pensar en la continuación donde quedó la historia en 1910.

Incontables referencias literarias y culturales

Como en las anteriores entregas de la saga, la erudición es al mismo tiempo la principal característica y el gran enemigo de Century: 1969. Las alusiones culturales que Alan Moore va colocando a lo largo de la historia son un elemento de riqueza indescriptible, pero también puede abocar a la frustración del lector por inabarcables, al menos sin la ayuda de una guía completa. Parte del trabajo de Moore, como sucede siempre en estas historias, puede quedarse por el camino.

El otro gran enemigo de este número es, precisamente, que es el segundo de una trilogía. Moore ya desafió con habilidad en 1910 el peligro de ofrecer una historia demasiado abierta en su final y ahora vuelve a hacer lo mismo, tanto con el comienzo como con la conclusión. No obstante, la lectura de 1969 es mucho más rica si se conocen los eventos previos y ya se puede apuntar que Century crecerá cuando el lector pueda acceder de forma continuada a sus tres partes.

La inmortalidad según Alan Moore

Abarcando este volumen un siglo de vida de la Liga, sobra decir que uno de los temas que trata es cómo lidian con la inmortalidad sus miembros. De esta manera, Mina se erige en la principal protagonista de este segundo acto de Century. Sobre ella recaen las dudas, la experiencia, los miedos y las sensaciones más angustiosas sobre el paso del tiempo y cómo se adapta a cada nueva época. De hecho, si algo parece cojear a simple vista en 1969 es el papel de los otros dos componentes de la Liga, de menos peso en comparación con Mina.

Espléndido dibujo de Kevin O’Neill

Llegar hasta 1969 da a Kevin O’Neill una oportunidad de evolución incomparable. Se mantiene el reconocible estilo de The League of Extraordinary Gentlemen, pero los arriesgados vestuarios de la época (todo un contraste con el clasicismo que hasta ahora presidía la saga), el amor libre expresado en escenas de diferente condición sexual y, sobre todo, el mencionado enfrentamiento final entre Mina y Haddo con las alucinaciones provocadas por las drogas como escenario, son toda una sorpresa.

Ese encuentro final, de hecho, permite a O’Neill experimentar con las viñetas, que van adoptando formas más salvajes y radicales según el viaje de Mina de es más intenso. Indispensable para crear ese ambiente es la labor de Ben Dimagmaliw. Espléndido trabajo de coloreado el suyo, con una inmensa paleta de tonalidades, que llevan al lector con facilidad del misterio ocultista que centra Century a las escenas alucinógenas características de la época.

Este segundo capítulo de Century ahonda en las características del primero, profundizando en los elementos más oscuros e insanos, pero también ofreciendo un espectáculo visual que se encuentra entre lo mejor que ha ofrecido hasta ahora The League of Extraordinary Gentlemen.