
- Karate Kid - Filmstalker
A los magnates de Hollywood les encanta reciclar sus viejos éxitos. A veces lo logran con buena fortuna, pero casi siempre el resultado es menor que el original, salvo cuando es un maestro quien elabora el remake (Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, etcétera). Con el nuevo siglo, los productores se han dado cuenta de algo: queda muy poco que reciclar.
Por eso, ahora, no sólo se mira a las películas de los años 50, 60 o 70, ahora proponen remakes de filmes recientes. Es el caso de “Sr. y Sra. Smith”, de la que planean una nueva versión aunque sólo date de hace cinco años. Pero hoy, para Hollywood, cinco años ya es mucho tiempo. Y pronto se estrenará “The Karate Kid”, nueva vuelta de tuerca a una de las sagas más célebres de los 80.
Daniel-san y Miyagi
En 1984, John G. Avildsen, que empezó en el cine con fuerza (“Salvad al tigre”, “Rocky”, “La fórmula”), pasó en los 90 a elaborar subproductos para Jean-Claude Van Damme o Luke Perry y no rueda un largometraje desde hace 11 años, sorprendió al público juvenil con “The Karate Kid”.
La particularidad de aquel filme, aparte de la relación entre tensa y cordial del maestro (Noriyuki Pat Morita) y el alumno (Ralph Macchio), era su reinvención del cine de artes marciales que habían ofrecido en las sagas del Mono Borracho. Estas cintas, muchas de ellas protagonizadas por Jackie Chan, mostraban al espectador a un joven, acosado por varios individuos y sin aptitudes para el combate, que debía recurrir finalmente a algún maestro para que, mediante entrenamientos sádicos y lecciones vitales, le enseñara a defenderse.
La identificación de los personajes
“The Karate Kid” no proponía otra cosa, en líneas generales, que un traslado de esos patrones a la meca yanqui. El héroe desvalido ya no era chino, sino norteamericano y con una serie de valores que, lógicamente, lo aproximaban más a los espectadores occidentales. Los chavales se veían identificados. Sobre todo quienes, en los colegios o en los institutos, habían sufrido lo que hoy llaman “acoso escolar” y que, entonces, en los 80, era lo que ha sido toda la vida: la supervivencia de la jungla, pero en una jungla con muchachos, pizarras y pupitres.
Y las diferencias ya no se dirimían en el campo de batalla, en las afueras o en las tabernas en las que se rodaban aquellas películas de artes marciales. Avildsen proponía los tatamis, con sus reglas y sus árbitros y sus trofeos.
Érase una vez en Okinawa
El éxito del filme condujo a su secuela sólo dos años después. “The Karate Kid. Part II” devuelve a Miyagi a la tierra de sus orígenes, a Okinawa, viaje al que se suma su alumno, Daniel LaRusso, quien es ya todo un experto en la lucha.
En tierras orientales, Daniel-san descubre que su maestro también mantuvo (y mantiene) rivalidades con otro hombre, lo cual acarrea nuevos problemas y acosos para el alumno.
Pero aquí las disputas no se resolvían en el tatami, sino en la calle, donde los golpes son más fuertes y no existen los árbitros. Era como salir del ámbito de la fantasía para entrar de lleno en la realidad.
Exprimiendo el argumento
Avildsen, que se había hecho cargo de la segunda parte, no quiso renunciar a la gallina de los huevos de oro y también dirigió “The Karate Kid. Part III” (1989), subtitulada en España “El desafío final”. Si en la segunda parte habían dignificado un poco la propuesta al regresar a los orígenes orientales, en la tercera propusieron una especie de remake de la película original: más de lo mismo.
Con una diferencia: Daniel rompía relaciones con su maestro y era entrenado por otro hombre, que no utilizaba el kárate como sistema de defensa, sino como ataque, desvirtuando así la esencia de la lucha.
Exprimir tanto el argumento y contar por tercera vez lo de siempre (joven atacado por bandas a cuyos miembros ajusta las cuentas tras un entrenamiento durísimo) convirtió a esta secuela en la peor de las tres.
Nuevas propuestas
Conscientes de la necesidad de no repetirse, los productores se sacaron de la manga “The Next Karate Kid” (1994), un fracaso crítico y comercial en el que repetía Miyagi, pero sustituían a Daniel por una chica, Julie (Hilary Swank, antes de ganarse dos merecidos Óscars). El nuevo o próximo Karate Kid era una mujer.
Varios años después, y tal vez siguiendo un capricho de Jaden Smith (hijo de Will Smith, quien es, además, uno de los productores de la película), en Hollywood acaban de rodar una nueva versión de la saga.
Si uno se atiene al trailer, que cuenta la película de cabo a rabo, el remake se aproxima más a la segunda parte, aunque con elementos de la primera: para empezar, está ambientada en China, lo que acarreará el choque de culturas y costumbres de la segunda parte, amén de retratar la situación del forastero en tierra extraña.
Cambio de raza del protagonista
Pero “The Karate Kid” versión 2010 rebaja la edad del protagonista y cambia su raza: de blanco pasa a negro, y, de rondar los 20 años que tenía Macchio en la primera, el nuevo personaje es un niño. Jaden Smith, el protagonista, cumplió 12 años mientras la rodaba.
Dado que Pat Morita falleció en 2005, los productores han apostado por una estrella del cine de acción: Jackie Chan. Un icono que, tal vez, logre que la película funcione en taquilla.
Es evidente que el nuevo Karate Kid, que podría haberse titulado “Karate Baby” o “Karate Child”, trata de adaptar una trama de los 80 a estos tiempos. Lo cual significa que el público es cada vez más joven, que los productores destinan sus nuevos proyectos a las audiencias juveniles, que hoy alguien con más de 20 años sería considerado “un viejo” por los espectadores de las nuevas generaciones.
Veremos si este remake, aparte del buen oficio de los dos protagonistas, tiene de verdad algo que ofrecer. Y cualquiera puede ponerlo en duda al ver las credenciales de su director, Harald Zwart, responsable de “Superagente Cody Banks” y “La Pantera Rosa 2”.
