Georges Valentin (Jean Dujardin), una gran estrella del cine mudo de los años 20, cae en el olvido cuando las nuevas estrellas empiezan a hablar. Entre ellas se encuentra Peppy Miller (Bérénice Bejo), una joven actriz que llegará hasta lo más alto del cine de los años 30. Pero no todo está perdido para Valentin, seguro que habrá alguna manera de salir del olvido.

Hazanavicus nos sorprende esta vez con una historia sin palabras y en un excelente blanco y negro. Lleva por título "The Artist", un adjetivo tan apropiado para el argumento de la película como para su director.

"The artist", ganadora del premio al mejor actor (Jean Dujardin) en el festival de Cannes, del premio del público en el Festival de San Sebastián, y del premio a la mejor película del año y al mejor director por el "New York Film Critics Circle", no va a defraudar a las expectativas que los espectadores puedan poner en ella. Hazanavicus nos presenta una gran obra, muy distina a todas sus anteriores pero que seguro que no dejará de sorprendernos.

Revoluciones cinematográficas

Mientras en el siglo XXI vivimos la revolución del cine en 3D, Hazanavicus nos presenta su historia haciéndonos recordar que hace tan sólo unos pocos años fue el sonido la gran revolución de la gran pantalla y lo hace jugando con el silencio y el sonido de una manera tan ingeniosa como a la vez original. Durante los 100 minutos de duración de la película, podemos disfrutar de momentos mágicos en los que estamos tan adentro de la película que ya es demasiado tarde para que el ruido repentino de un vaso o un soplo de respiración no consiga hacernos creer que estamos en la época en la que los actores dejaron de ser mudos. Hazanavicus consigue hacernos revivir una de las mayores revoluciones del cine.

¿Argumento metafísico o recurso fácil?

En cuanto al argumento, Hazanavicus nos presenta el que siempre funciona en al gran pantalla, el que todos hemos visto ya muchas veces; es una historia de amor tan típica que nos puede parecer aburrida. Sin embargo, el director nos ofrece varios factores que diferencian "The Artist" de las otras películas con el mismo argumento, pues nos habla de cine en el cine y, además, habla de cine mudo haciendo cine mudo. No obstante, este recurso con complejo de metafísica ha sido ya muy explotado en el cine, pero acorda tan bien con la manera en que Hazanavicus nos cuenta su historia que el resultado de la película hace que nos olvidemos de las posibles simplicidades que pueda tener el argumento para creernos delante de una buena película cómica con guión simple, quizás, pero contado con mucha inteligencia.

Además de todo esto, digno de admiración es el gran trabajo de los actores, que nos hacen salir de la sala creyendo que Jean Dujardin, James Cromwell y John Goodman nunca han hablado y que Bérénice Bejo fue la diva de los 30; el compositor Ludovic Bource nos regala una música en perfecta sintonía con todo el resto del trabajo. Además de todo esto, el perfecto blanco y negro y los acertados fundidos consiguen transportarnos a las grandes producciones hollywoodienses de principios del siglo pasado.

Sólo un valiente como Hazanavicus podía proponer un proyecto como este en éstos momentos, y lo ha hecho con gran inteligencia y humor. Aunque "The Artist" aún no es una gran triunfadora de la gran pantalla, estoy segura que el tiempo la pondrá en su lugar. Mientras tanto vayan a verla.