Chapilca es un pequeño pueblo de la Región de Coquimbo, en el norte de Chile. En este lugar, una gran parte de la población se dedica a la artesanía textil trabajada con lana de oveja hilada a mano y teñida con productos naturales, como la mollaca, el pacul, la cáscara de nuez y la resina de algarrobo.

En la tradición de los tejedores de Chapilca, destaca el trabajo con un telar horizontal de origen indígena que se acciona a pedales; y entre las obras que desarrollan estos artesanos es posible hallar alfombras, cojines y mantas. En su diseño figuran colores intensos y franjas verticales.

Además de los tejidos de Chapilca, en el Norte Chico, específicamente en el valle de Quilimarí (provincia de Choapa), se usa el telar para confeccionar frazadas o mantas para la cama. Otros artesanos de la zona confeccionan con fibras naturales bellos limpiapiés, conocidos en Chile como choapinos justamente por desarrollarse ampliamente en la zona de Choapa.

Los trabajos de Valle Hermoso y Villa Huaquén

Estos dos pueblos de la Región de Valparaíso son muy pequeños, pero sobresalen por su labor textil. En Valle Hermoso se tejen mantas, chales y paños con telares horizontales accionados por pedal. Los tejedores de este lugar usan fibras artificiales combinando texturas y colores, considerando también en sus diseños las tendencias de la moda.

Muy cerca de Valle Hermoso, en la localidad de Villa Huaquén, los artesanos locales accionan el telar, esta vez, para confeccionar alfombras, bajadas de cama e individuales, todo usando lana natural.

Chamantos de Doñihue

El pueblo de Doñihue se encuentra en la Región del Libertador Bernardo O’Higgins, zona central del país. En él habitan hábiles tejedoras que trabajan una técnica textil única para confeccionar los chamantos (mantas) que el huaso, personaje tradicional del campo chileno, usa en ocasiones especiales de la tradición campestre local, como los rodeos y las fiestas religiosas.

Las tejedoras de Doñihue emplean un telar vertical de herencia indígena para tejer hilos de algodón macerizado o hilo chamantero. Es tan complejo el proceso que tardan alrededor de cuatro meses para terminar cada prenda. La labor, además, permite que el diseño pueda apreciarse por ambos lados de la prenda, es decir, es reversible. Según la costumbre “huasa”, el lado que se aprecia más oscuro se lleva de noche y el claro, de día.

Los chamantos son decorados con diversidad de motivos, por ejemplo, copihues, rosas, espigas de trigo, moras y racimos de uva, entre otros. Además de estas prendas, en Doñihue se confeccionan los implementos que completan la vestimenta del huaso. Entre ellos se cuentan las fajas: bandas que se llevan en la cintura y se hacen en distintos colores para combinar con las mantas.

Los chamantos de Doñihue resultan tan representativos de la tradición artesanal chilena y un trabajo de tanta fineza que han sido preparados como obsequio para visitas ilustres que han llegado al país. En 1987, por ejemplo, el Papa Juan Pablo II recibió de regalo un chamanto de Doñihue tejido por la artesana Julia Peralta.

A su vez, en 2004, la Fundación Artesanías de Chile pidió a ocho tejedoras de Doñihue la confección de chamantos para que el ex Presidente Ricardo Lagos los entregara como obsequio a los líderes de los países que integran el Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC).

Labores de Quinamávida

En la Región del Maule, al sur de la región de O'Higgins, se encuentra la localidad de Quinamávida. Aquí, las artesanas del tejido comienzan su labor esquilando los animales e hilando la lana obtenida en el proceso. Posteriormente, usando un telar mapuche vertical, tejen, entre otras prendas, mantas o ponchos, frazadas y bolsos.

La característica de su trabajo es el tono de sus textiles, se trata de matices café y blanco. De igual forma, en los últimos años, las artesanas han sumado color utilizando la tintura que ofrecen plantas y frutos locales como maqui, chilco y nalca.