Crossing Over(“Territorio Prohibido”) es una película que cuenta entre el thriller y la denuncia social las dificultades y contradicciones a los que se enfrentan las personas que buscan una vida mejor en ese mito de Eldorado que es Estados Unidos.

Crisol de conflictos

Los personajes van pasando por delante de la cámara tejiendo una trama coral donde hay una mejicana con un hijo que trabaja sin papeles en una fábrica textil; una familia de Bangladesh, cuya hija es acusada de conectarse con grupos radicales islámicos; una familia coreana con un hijo iniciándose con una pandilla de jóvenes delincuentes de procedencia asiática; una familia iraní próxima a jurar fidelidad a la nación de acogida y cuyo hijo, Hamid (Cliff Curtis) es compañero de Max Brogan (Harrison Ford) agente de la I.C.E. (U.S. Inmigraton and Customs Enforcement).

También, entra en escena una abogada Denise Frankel (Ashley Judd) que se implica afectivamente con una niña de un centro de acogida. Denise está casada con Cole Frankel (Ray Liotta) un funcionario estatal que se aprovecha de su puesto para obtener favores sexuales de una actriz australiana en situación ilegal, Alice Eve en el papel de Claire Sheperd, a su vez enamorada de un joven británico de ascendencia judía, también en situación irregular, Gavin Kossef (Jim Sturguess) que se vale de una religión que no practica ni se siente vinculado a ella para legalizar su situación.

A vista de pájaro

Wayne Kramer, el director y guionista sudafricano e inmigrante, el mismo, a Estados Unidos en 1986, que ya nos ofreció una cinta de perdedores en “The cooler”; pone en la pantalla con esta amalgama étnica uno de los fenómenos candentes de nuestros días, la difícil integración de las diversas razas y culturas en el país anfitrión y las respuestas de sus habitantes. Este escenario, bien conocido en los países desarrollados, es el que se nos presenta en la película. En sus 113 minutos cada vez que hay una panorámica de la ciudad, es vista desde de un picado de cámara como si alguien, siempre, estuviera vigilando ese hormiguero de luces y edificios; controlando que ninguna hormiga intrusa se aproveche del almacén de oportunidades y esperanzas.

Cuando el objetivo desciende a la altura de las personas, comienzan los contrastes. Diferencias que vienen marcadas por su situación económica y laboral, por la cultura y creencias que traen al nuevo hogar y que, a veces, agudiza el choque generacional dentro del grupo familiar hasta llegar al drama; y, también , la mayor o menor facilidad para ser extraditado dependiendo de la nacionalidad de origen y del colectivo al que pertenezcan.

Un drama colectivo contemplado individualmente

El género de la migración ha sido recurrente en el cine, ahí están:

  • El pan nuestro de cada día” (“Our Daily Bread”) de King Vidor, 1938,
  • “Las uvas de la ira” (“The Grapes of Wrath”) de John Ford, 1940,
  • “El camino de la esperanza” (“Il camino dela esperanza”) de Pietro Germi, 1950,
  • “Espaldas Mojadas” de Alejandro Galindo, 1953 o
  • “América, América”de Elia Kazan, 1963,
por citar alguna de las muchas obras cinematográficas que tienen este argumento. Pero, casi siempre, el enfoque del guión siempre ha sido hacia una familia o a un grupo concreto, “Territorio prohibido”es una película donde hay una muestra diversa y no excesivamente maniquea de sus arquetipos, sobre todo en la relación entre quienes hacen cumplir la ley y quienes están obligados a cumplirla. Su director Wayne Kramer consigue con ello una película mezcla de drama y suspense, humana, de personajes, sin protagonismos como es la realidad social que pretende reflejar.