Sobre el Tercer Mundo abundan las ideas falsas, la desinformación, la propaganda... Lo cierto es que el término que acuñó Alfred Sauvy (por analogía con el de tercer estado) es una noción política, nacida de la guerra fría. El tercer mundo era el conjunto del mundo menos el primero (EEUU y sus aliados ricos) y el segundo (la URSS y sus satélites).

Países en vías de desarrollo

Es decir, los países que no son de ningún sitio, los olvidados, que ambos bloques se disputarían. El término ha sobrevivido, por su fuerza y sencillez, aunque actualmente se prefiere el de países en vías de desarrollo (que, en realidad, alude a todos los países por encima de los subdesarrollados).

Es interesante la aparición de los países recientemente industrializados (o NYE, New Industrialized Countries), caracterizados por su dinamismo económico. También se los conoce como economías emergentes. Dentro de ellos destacan los BRIC, acrónimo que designa al grupo de países emergentes de mayor tamaño e impacto mundial: Brasil, Rusia, India y China. Mención especial merecen los cuatro "dragones asiáticos": Corea del Sur, Taiwan, Singapur y Hong Kong.

Los tópicos sobre el Tercer Mundo

El Tercer Mundo es una realidad compleja que entra en contradicción con los lugares comunes tan manidos en la literatura tercermundista. M. S. Swaminathan, el padre de la revolución verde en la India, afirmaba: "Los discursos sobre el hambre en el tercer mundo son generalmente tergiversados por las ideas falsas... El tercer mundo no sufre hambre, sino pobreza que no es lo mismo y que no exige las mismas soluciones".

Revisemos de la mano de Jean-Claude Chesnais (La revancha del tercer mundo) y Sylvie Brunel (El subdesarrollo) algunas de esas ideas falsas.

El hambre retrocede en el mundo

Los países pobres no están atrapados por la espiral del hambre y la pobreza. Según datos de la FAO, en 1950, un tercio de la humanidad (34%) estaba mal alimentada. En 1990, el porcentaje se redujo al 20%. En 2010, el porcentaje de personas subnutridas en los países en desarrollo rondaba el 16%.

Por otro lado, la esperanza de vida (uno de los indicadores más fiables del desarrollo) ha ido en aumento en los países más empobrecidos, desde 1960 a 2009: de 37 a 55 años en Etiopía; de 41 a 56 años en Tanzania; en Sudán de 40 a 58 (Fuente: Banco Mundial).

Otro factor clave es la evolución de las exportaciones: los productos elaborados tienen cada vez más peso frente a las materias primas. En América Latina, la parte de las manufacturas pasa de 1/3; en África se acerca a 1/6; en Asia es mayoritaria. China destaca como uno de los principales exportadores de manufacturas, por encima de Japón y EE.UU. De seguir a este ritmo de crecimiento, se prevé que, para el 2018, China podría cubrir más de la tercera parte (35%) de la oferta mundial de productos manufactureros.

Por otro lado, las situaciones de hambre extrema que esporádicamente se producen hoy son siempre resultado de enfrentamientos bélicos. Un informe de Médicos sin Fronteras denuncia cómo las facciones en guerra crean situaciones de hambre para conseguir el suministro de alimentos y medicinas, que luego son desviados. Así, la ayuda humanitaria se convierte en alimento de las guerras.

El factor demográfico

El crecimiento de la población no es una barrera infranqueable para el despegue económico. La historia ha desmentido las teorías de Malthus, pero la opinión pública parece no haberse enterado porque, como apunta Chesnais, "son las teorías catastrofistas las que ejercen especial atractivo sobre la imaginación". Las causas del fracaso económico rara vez van unidas a la situación demográfica como tal: los determinantes del desarrollo económico son mucho más complejos. Están ligados principalmente a la política de innovación e intercambio.

Sylvie Brunel pone el acento en cómo, paradójicamente, una alta densidad de población ha estimulado normalmente las innovaciones agrícolas y la población está por ello mejor alimentada. Lo que sí es peligroso es un incremento brusco del crecimiento de la población, mientras los sistemas siguen anclados en las tradiciones, sin apostar por su modernización.

La etapa colonial

Al igual que el periodo colonial no fue una triste etapa de opresión y retroceso, tampoco el pasado precolonial tiene ese "color de rosa" que a menudo se le adjudica. La colonización ha incorporado a muchos pueblos al avance occidental, sentando las bases de varias democracias. Los países más pobres son los que han perpetuado estructuras feudales, alejándose de las influencias científicas, técnicas y, sobre todo, ideológicas de Occidente (derechos a la igualdad y libertad).

La brecha económica

La diferencia de renta relativa entre países desarrollados y países en vías de desarrollo no está creciendo inexorablemente. Chesnais demuestra que esa diferencia no solo ha dejado de aumentar en los últimos años, sino que el proceso de recuperación económica, ya iniciado, parece confirmarse.

Incluso en el Africa subsahariana, la tasa de crecimiento medio se sitúa entre el 5 y el 7 por ciento, según el FMI. En efecto, Sanou Mbaye, en su artículo "El despertar económico de África: A contracorriente de la crisis", resalta cómo "durante la recesión mundial de 2009, África y Asia fueron las dos únicas regiones del planeta donde el PNB creció" (Mundo Negro, nº 569).

Razones para la esperanza

El demógrafo francés defiende que existen motivos para pensar que, si se cumplen ciertas premisas (como estabilidad política, apertura al extranjero, freno demográfico, importancia y calidad de las inversiones) existe un inmenso potencial de crecimiento en muchos países hoy pobres, incluidos algunos del África negra, a los que la comunidad internacional concede pocas esperanzas. No deben olvidarse las equivocaciones sobre el porvenir de Japón y Hong Kong, por no hablar de los ejemplos de India o Suiza.

Entre estas razones, destacan: el efecto de recuperación (el potencial de crecimiento es más alto en un país "seguidor" que en uno "conductor", ya que los costes de innovación son inferiores); la concentración de la ayuda internacional; el desarrollo de la formación postescolar especializada; y el esperado aumento de los intercambios Sur-Sur (que las menores perspectivas de crecimiento de los mercados del Norte hacen imperativo).

Pero la recuperación es un proceso que necesitará tiempo: los países desarrollados han necesitado más de un siglo para acumular esa ventaja que tienen.

Bibliografía:

  • Brunel, Sylvie (2000): El subdesarrollo. Mensajera. Bilbao.
  • Chesnais, Jean-Claude (1987): La revanche du tiers-monde. Éditions Robert Laffont. París. / En español (1988): Editorial Planeta.
  • Malthus, T. R. (1798): Essay on the Principle of Population. Londres.
  • Sauvy, Alfred (1952): Trois mondes, une planète. L´Observateur, 14 de agosto de 1952, nº 118, pág. 14