Todos los cambios siempre deberían implicar mejoras; en caso contrario, lo ideal sería "no meneallo" como sabiamente sentenciaría Miguel de Cervantes.

Los tiempos cambian, es una gran verdad tan cierta como visible, pero no debe ser aceptable que, al amparo de un pseudo modernismo o semi tapado con la capa del progresismo, el "puente de piedra" pierda su encanto ante la fría "pasarela metálica". No se trata, dicen los sociólogos entendidos en el tema, en proclamar a ultranza que cualquier tiempo pasado fue mejor, sino en saber, o mejor aún, querer seleccionar y moldear lo interesante, lo aprovechable y desde luego olvidarse de lo superfluo y baladí, aunque en apariencia parezca tener mayor aceptación pues, a semejanza del lenguaje verbal y escrito, también el buen gusto requiere su aprendizaje.

Desaliento al encender el televisor

Muchas personas cuando en sus ratos de ocio encienden el aparato de televisión para distraerse, se ven obligadas a cambiar de canal o simplemente a apagarlo, casi siempre con desánimo. Les ocurre lo que a los campesinos con su continuo mirar al cielo por si al día siguiente mejora la situación. Pero no, es mayor y desde luego tiene más fuerza económica lo vulgar que es, en definitiva, lo que impera.

Voces, desafíos, descalificaciones, enfrentamientos verbales y hasta físicos, altanería, mentiras, actitudes groseras ... en una palabra, mala educación.

La mayoría de los presentadores, de escasísima formación y los llamados colaboradores, casi en su totalidad con un alto dominio de las técnicas barriobajeras, se aprenden "al dedillo" las normas y acciones dictadas por el jefe del programa o director de la emisora en cuestión, con lo que la aparente espontaneidad no es más que un estudiado guión de pésimo gusto. Y así, a diario.

El mando a distancia

Nuestro refranero, como siempre tan sabio, matiza que "lo malo abunda" y además crea malestar, afirman los psicólogos, y de ahí la puesta en marcha casi continua del mando a distancia. De una a otra cadena televisiva se recorre varias veces el dial que nos señala las emisoras, "creando sin cesar señales de alarma que producen estímulos de estrés que, por efectos acumulados, no benefician en nada a la salud", afirma Frederic Vester en su obra "El fenómeno stress". Como tales situaciones son repetitivas, es frecuente observar la mayor incidencia, en cualquier lugar, de contestaciones desabridas, peguntas insidiosas, saludos huidizos y, en definitiva, un estar casi siempre "al acecho", en posición de ataque. Y así, no se debe vivir.

Programas de televisión a la carta

Sí, pero a la carta única, añaden los educadores que cada vez se sienten más solos, añorando las antiguas enciclopedias Dalmau Carles , en las que figuraba como asignatura prioritaria las "Reglas de urbanidad". Dicen ellos, y aún muchos lo recordamos, que se presumía de ser educado y limpio, aunque no hubiera televisión y escaseara el jabón.

Es inconcebible que se haya llegado al día de hoy a semejante y bochornosa situación, machacona y repetida hasta la saciedad, de la lucha sin cuartel pero en platós televisivos, donde todos se tiran "a degüello", unos contra otros, con profusión de palabras malsonantes, sacando a relucir confidencias de los propios compañeros porque todo es válido, con la excepción de salvaguardar las interioridades o problemas de los directivos ... ¡faltaría más!.

Capacidad de aguante del ser humano

Como "poderoso caballero es don dinero", ya no sorprende que arropados por los euros, los que intervienen en los comentados programas, jóvenes o no, actúen como figurantes e incluso figurines, aguantando toda clase de improperios y vejaciones con fingido malestar y, al amparo de las manoseadas "muletillas" de ¡vale! o ¡ya está bien!, se dejen destrozar los valores morales y la dignidad personal, virtudes de las que cualquier ser humano debería estar siempre orgulloso y no dar lugar, jamás, a crear situaciones de verdadera vergüenza ajena.

No importa, aún hay más, porque como las técnicas electrónicas ayudan a recrear las mismas desagradables escenas una y otra vez, por si fuera poco, se pasan por distintos programas de la misma cadena o grupo de ellas en un alarde de intoxicación soez y chabacana. Ya sólo falta que, al término de cada emisión, añadieran el lema tan conocido de los epicúreos "comamos y bebamos que mañana moriremos".

La vida se compone de ciclos

Afortunadamente, los ancianos siempre mantuvieron que tras la tempestad viene la calma y es de esperar que, aunque "El mundo es de cristal", según expresa el título de la interesante novela de Morris West, los diferentes ciclos o etapas de la vida, con su lógica natural y perseverante, hagan volver las agitadas aguas a su cauce y de nuevo, otra vez en nuestro vivir, se imponga el sentido común, al menos durante algún tiempo para poder respirar a gusto y recuperar fuerzas, tal vez para la próxima "embestida" ¡La vida, en definitiva, no es otra cosa que un continuo luchar!.