La deriva continental consiste en el desplazamiento de diferentes placas continentales unas con relación a otras, circunstancia que va modificando el mapa terrestre a lo largo de millones de años. Se cree que la mayor actividad, probablemente, se produjera a lo largo del periodo Cretácico.

El científico alemán Alfred Wegener expuso por primera vez su hipótesis de la deriva de los continentes en el año 1912, pero no sería hasta la década de los 60, cuando el estudio y el mayor conocimiento sobre la tectónica de placas permitió dotar de veracidad a la teoría de Wegener.

Deriva continental y tectónica de placas

Es habitual que ambos conceptos, deriva continental y tectónica de placas, sean considerados como sinónimos de una misma teoría cuando, en realidad, no es así. La teoría de la deriva continental expone como está estructurada la litósfera, aportando las pruebas que explican el movimiento de las placas tectónicas, así como la formación de las cadenas montañosas, los terremotos, los volcanes y otras cuestiones relacionadas. Esta teoría, desarrollada en la década de los 60, fruto de las investigaciones de Bruce Heezen, Harry Hees o Robert Dietz, entre otros, incluiría la teoría de la deriva continental que postuló Wegener 50 años antes. Aunque ambas difieren notablemente en su concepción sobre el mecanismo del desplazamiento continental, sí coinciden en su carácter movilista que se alejaba de las viejas percepciones y creencias que no concebían este movimiento de las masa continentales. Por esta razón es de justicia que Alfred Wegener sea considerado como el precursor de esta teoría.

Alfred Wegener

Alfred Wegener fue un científico multidisciplinar; geofísico, meteorólogo y doctorado en astronomía. Nació en Berlín en el año 1880 y murió en Groenlandia en 1930. Fue pionero en la utilización de los globos aerostáticos para estudiar las corrientes de aire. Sus observaciones meteorológicas le llevaron en tres ocasiones a Groenlandia, siendo en la última de ellas donde encontraría la muerte.

Pero el nombre de Alfred Wegener quedaría para siempre asociado a su famosa teoría de la deriva continental. El científico alemán empezó a fraguar su teoría cuando descubrió restos fósiles que compartían unas características morfológicas idénticas en lugares distantes. Este hecho trataba de explicarlo la paleontología de la época mediante hipotéticos puentes de tierra firme que debieron existir en la antigüedad. Pero la gran similitud entre los perfiles de América del Sur y África, entre otras pruebas, hicieron pensar a Wegener que estos continentes en algún momento debieron estar unidos. El científico acuñó el nombre de Pangea para denominar un hipotético supercontinente que debió existir muchos millones de años atrás.

La teoría de la deriva continental de Alfred Wegener fue rechazada con rotundidad por la comunidad científica de la época. Fue a partir de 1950, debido al avance de las modernas técnicas de exploración geológica, que los postulados de Wegener empezarían a ganar credibilidad hasta ser finalmente aceptados en la actualidad, no sin antes haber efectuado algunas reformulaciones.

Las placas tectónicas

Las placas tectónicas se componen de dos tipos: la corteza continental y la corteza oceánica, siendo la primera más gruesa que la segunda y formando parte ambas de la litosfera. La parte superior de la litosfera es lo que llamamos corteza terrestre, que también puede ser continental u oceánica, incluso ambas cosas, con lo que la denominación sería entonces placa mixta. Debajo de la litosfera se encuentra otra capa más fluida llamada astenosfera.

Para entender el funcionamiento del movimiento de las placas tectónicas y, por ende, de la deriva continental, se denomina a este proceso como el principio de la “cinta transportadora”. Para comprenderlo, y ese es uno de los puntos principales de la teoría, se explica que la cantidad de superficie de las placas que van desapareciendo, en lo que serían los bordes convergentes de subducción, quedan compensados con la corteza oceánica nueva que se forma en los bordes divergentes. Se conoce a este proceso como el de expansión del fondo oceánico, pero resulta más sencillo imaginarlo como esa hipotética cinta transportadora que se mueve sobre una superficie que se mantiene constante. Este movimiento se produce por efecto de las corrientes convectivas de la astenósfera, que es la capa situada debajo de la litosfera y que viene a cumplir una especie de función de “ruedas” que transportan esta hipotética cinta.

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