De todos los consejos que pueden darse para hacer una buena presentación oral, el más obvio es también el más útil: preparar a fondo la exposición. Cuanto mejor prepares tu discurso, mayor confianza tendrás, más seguridad transmitirás y mejor comunicarás con tu público.

De hecho, un clásico como Dale Carnegie propone un procedimiento de cuatro pasos para conseguir presentaciones de alto impacto: planificar, preparar, practicar y presentar. De modo que tres cuartas partes de su método consisten en preparar la presentación.

Conviene también hacer hincapié en un aspecto que suele pasarse por alto. Centrados en preparar la charla, a menudo nos olvidamos del destinatario: el público. Antes de elaborar tu guión, investiga qué tipo de público acudirá y su afinidad con los puntos que vas a tocar.

Preséntate, da una pequeña explicación

Cuéntale muy brevemente al público tu experiencia, tus conocimientos... Cuando el público te vea, internamente empezará a hacerse preguntas. Adelántate a sus dudas, esos primeros minutos son claves para captar su atención.

  • Explica por qué estás cualificado para impartir esa charla.
  • Transmite por qué estás tan interesado en el asunto (sólo si el tema te apasiona lograrás conectar con la audiencia).
  • Expón por qué el tema es de interés para ellos. 
  • Y, sobre todo, no comiences tu exposición sin definir el propósito de la charla: informar, formar, persuadir, motivar para la acción...

Prepara la charla a conciencia

  • Durante todo el tiempo que necesites para preparar la charla, esfuérzate por mantener una actitud mental positiva: valora tu mensaje; imagínate teniendo éxito... ¡automotívate contínuamente!
  • Todos los gurús de la comunicación aconsejan preparar una apertura que capte la atención. Carnegie, por ejemplo, ofrece algunas pistas: usa una pregunta relacionada con las necesidades del público; haz elogios sinceros; relata un incidente importante, una anécdota significativa...
  • Domina el tema: como señala Montserrat Martín, la seguridad en los argumentos es la pieza imprescindible para el éxito de una exposición oral.
  • Elabora el guión y extrae los puntos claves. Ilustra y respalda estos puntos con información visual, preferiblemente en Power Point: usa fotografías, testimonios, estadísticas, analogías, etc. ¡Pero no caigas en el error de elaborar una presentación extensa y te dediques a leer la pantalla!. Los protagonistas de la charla sois el público y tú (por este orden) y lo importante es la energía que se crea entre ambos. Lo interesante es el mensaje y cómo lo cuentas tú, no lo que aparece en pantalla. La presentación en Power Point refuerza tus ideas, es como una música de fondo. Para elaborar buenas presentaciones en Power Point, sigue la regla de oro de Guy Kawasaki: 10-20-30 (como máximo 10 diapositivas y 20 minutos para hablar; 30 puntos en la fuente como tamaño mínimo de letra). Kawasaki advierte que "cuantas menos diapositivas necesites, más convincente será tu idea".
  • Prepara un cierre "memorable": dramatiza tus ideas; lanza un reto; usa frases de motivación; habla de los beneficios y, sobre todo, regala a tu público un resumen convincente. Puedes repetir alguno de los ejemplos que hayas utilizado para reforzar tu mensaje o improvisar otro, a partir del feed-back que se cree durante la charla. En cualquier caso, Kawasaki apunta que "cuando tienes un ejemplo magnífico, uno no es el número más solitario: puede que sea el más eficaz".

Practica, practica, practica...

Durante todo el tiempo de preparación, necesitarás trabajar la autoestima y la confianza. La mejor manera de subirlas es trabajando mucho tu guión, consultando distintas fuentes, contrastando tus opiniones, repasando una y otra vez el borrador inicial. Sé perfeccionista, dentro de un plazo de tiempo razonable. Y a la vez, sé humilde: no adoptes nunca un aire de superioridad, el público lo captará y se romperá la magia de la comunicación. Dirígete a ellos como te gustaría que te hablasen a ti, simplemente.

Ensaya repetidamente: si tu charla dura una hora, dedica dos diarias a ensayar. Emplea distinta entonación para cada párrafo, practica delante de un espejo, muévete con naturalidad (ni qué decir tiene que darás tu charla de pie, incluso paseando entre el público). Si te cuesta trabajo, comienza a practicar sentado. Cuando te la sepas de memoria ya habrás cogido confianza y te atreverás a deambular entre tu auditorio...

Revisa nuevamente tu guión, corrígelo buscando: claridad, brevedad, relevancia, atracción visual, calidad, impacto... Y ahora toca la prueba de fuego: practica la presentación delante de una web-cam, analiza el resultado y practica de nuevo... Esta vez, búscate un sparring (alguien con quien ensayar) porque lo bueno que eres comunicando, te lo dirá tu público. De nada te sirve preparar tu charla, si quien te va a escuchar no te entiende. Por eso, ensaya delante de algún amigo o familiar (este consejo es válido igualmente para preparar una entrevista de trabajo, una reunión o un artículo).

Ante el público... ¡sé tú mismo!

Adopta la actitud de un profesional dando presentaciones. Céntrate en lo fundamental (no te vayas "por las ramas"). Procura dar una primera impresión positiva: para ello es fundamental mostrar una expresión corporal serena, estar relajado, ir cómodamente vestido, bien peinado y, especialmente, establecer contacto visual con todos.

Busca en todo momento compenetrarte con la audiencia. Para ello, sé tú mismo, compórtate con naturalidad, sé sincero... Habla de "nosotros", no "yo". Utiliza términos que la audiencia entienda y ponles ejemplos que a ellos puedan interesarles. Involucra a tu público en la charla.

Vigila el nivel de atención de la audiencia. Muestra entusiasmo, utiliza palabras vividas, cuenta una historia con imágenes potentes. Kawasaki recuerda que "las imágenes son más poderosas que las palabras". Utiliza los tres canales: visual, auditivo y cinestésico.

Después de la charla

Sondea al público para medir el éxito de la charla (para ello, ten en cuenta que "los buenos oradores son capaces de cambiar las emociones de sus oyentes, no sólo de informarlos"). Identifica los puntos fuertes y débiles de tu discurso. Anótalos y guarda estos apuntes para preparar tu próxima charla. 

Porque ese es el truco infalible para hablar en público: la preparación. No en vano, Abraham Lincoln (uno de los mejores oradores de la historia) decía: "Dadme seis horas para cortar un árbol... y pasaré las cuatro primeras afilando el hacha".

Esta cita nos devuelve al eficaz programa para hablar en público de Carnegie, que puede resumirse en "la regla de las tres pes": preparar, practicar y presentar. Y corrige continuamente tu actitud: ponte en el lugar de tu público y háblales con sencillez, como te gustaría que te hablasen a ti.

Bibliografía:

- Carnegie, Dale (2009): "La manera rápida y fácil de hablar eficazmente". Edhasa.

- Kawasaki, Guy (2011): "El arte de cautivar". Gestión 2000. Barcelona.