Sucedió de pronto, como una sorpresa que conmocionó a los amantes del teatro y quienes ansiaban saber más sobre la dominación sexual y la violencia en la pareja, y surgió de unos talentos inesperados, de una pareja de autores que nunca habían escrito teatro, más allá de adaptaciones de textos de autores extranjeros.

Defensa de dama fue un testimonio que sobrecogió por su audaz realismo en torno a un tema que no suele interesar a los espectadores por lo doloroso y desagradable.

En teatro la estrenaron Ana Belén y Antonio Valero en 2002; continuaron en gira Rosa Manteiga y Ernesto Arias en 2003; en ambos casos se mantuvo el siempre gran actor Juan José Otegui encarnando al terrible personaje de edad avanzada a quien le parece muy bien toda dominación sobre la mujer. Dirigió José Luis Gómez en el Teatro de La Abadía.

En Televisión Española se realizó una adaptación muy buena con Amparo Larrañaga (a quien nunca había visto componer un personaje tan dramático, cosa que hizo con minucioso conocimiento de campo y gran sensibilidad), Francesc Orella y Pep Cortés.

Gente sencilla, castración psicológica, dominación sexual

En un ambiente de "sencillo" naturalismo, los personajes viven situaciones límite en las que el hombre domina sexual y psicológicamente a la mujer hasta que se produce una rebelión muy bien urdida.

El texto, editado por la SGAE —que hoy se puede localizar en diversos medios como en la librería teatral Yorick—, presenta un perfecto estudio psicológico y social.

Los autores, actores con muy completa formación teatral, gente de teatro, en fin, que se unió por vez primera para escribir una obra, Isabel Carmona y Joaquín Hinojosa, ya dan claro testimonio de los objetivos ideológicos del drama desde el prólogo de la edición:

"... contestar a los golpes con golpes. Ella es simplemente humana, sólo quiere sobrevivir y tener su derecho a un futuro en paz y libertad íntima, y es el entorno, la España de hoy, lo que le impone conquistar su derecho con violencia".

Cuando escriben "la España de hoy" es la del año 2002; lamentablemente en 2011 todo el drama lacerante del abuso sexual y la violencia doméstica no ha mejorado; ha estallado públicamente a través de una mayor información, e incluso puede decirse que hay mayor conciencia social, pero apenas ha mejorado en lo esencial, por mucho que las instituciones auxilien a la mayor cantidad de víctimas posible.

Defensa de Dama es una ficción surgida de una rigurosa investigación en la que los autores dedicaron muchas horas para entrevistarse con 48 mujeres maltratadas e indagar en la situación actual policial y legislativa.

Tres personajes: dos hombres que abusan y una mujer que ansía vivir en libertad

María, Ulises y el tercero en discordia, el padre de ella, Germán. En un contexto de naturalismo abrumador, con una olla a fuego lento, comienza la representación de la cotidianidad de un grupo familiar como muchos otros.

Clase baja. A poco de empezar, discusiones provocadas por la miseria moral y económica. En el desarrollo, el desahogo del macho, por la violencia de palabra, psicológica y fálica: como si en ese cuerpo femenino que a menudo desea estuviera todo permitido, desde volcar la ira al perdón magnánimo y el desahogo perfecto, rápido, con penetración y eyaculación para satisfacción absoluta del macho de la casa. Y ella acepta, pues antes de conocer a su marido recibió el desahogo de su propio padre.

El realismo es directo, claro, en todos los aspectos, tanto como el proceso en que la mujer sumisa se rebela y encuentra el modo de romper lazos y tomar vuelo. El gas de la cocina es un buen aliado, pero incluso después de muerto, María es capaz de confesarse:

"Me parece mentira... Le vi muerto aquí mismo... Le reconocí en el depósito, le he visto dentro de la caja y he visto cómo lo metían en el nicho... Y aún tengo miedo".

Defensa de dama, un texto inquietante que nueve años después de su estreno conmueve e invita a la reflexión. Entre sus primeras páginas está la clave del drama, la definición del diccionario:

"Defensa de dama en ajedrez: dícese de la jugada en la que se salva la reina a costa del sacrificio de otras piezas".

La atenta lectura de la obra revela que no se clama por la violencia frente a los recursos civiles y legales, sino que a menudo —en un cuadro lacerante como el que aquí se expone— sólo queda defenderse con las armas a su alcance hasta la victoria final, tan grande es el dominio psicológico y físico sobre la mujer.