Una fotografía mal pegada en la pared del poeta Thomas S. Eliot preside la sala de los profesores Butley y Joey, pareja de novios que alternó con el matrimonio de Butley y Anne —padres de una niña—: episodios sentimentales y sexuales de los que se dice poco en una obra en la que se habla en cascada de reflexiones, sarcasmos, ironías y diatribas, con algún puñetazo en el estómago en el momento más oportuno.

De todo se habla menos de la desesperación incontenible del protagonista, el inefable Ben Butley, uno de los mayores personajes del teatro inglés del siglo XX..

El poeta, las palabras y el sexo

Más bien al revés: el sexo entrometiéndose en el vendaval de palabras para un personaje que enseña lengua inglesa y lleva muchos años escribiendo un libro sobre Eliot:

— ¿Para cuándo tu libro sobre Eliot?

— Para dentro de 20 años.

El torbellino de Butley es interior, en un estado de extraversión desordenada porque no puede consigo mismo e intenta barrer hacia fuera.

En el camino, su ex esposa, su compañero de despacho, un profesor con el que "cree" mantener una relación sentimental, una colega desairada sin piedad, un alumno rechazado en la puerta de malas maneras, y una alumna a quien obliga a leer en voz alta su trabajo para humillarla con su peor cinismo.

¿Qué tiene Butley, dónde está su encanto para haber generado notables éxitos en la escena londinense, tanto en su estreno de los primeros 70 como en sucesivas reposiciones?

1. Es una brillante función teatral con un personaje absorbente, cuyo intérprete ha de dominar un texto caudaloso, irritante a menudo, desorbitado, pero que hipnotiza a los personajes que le circundan y le padecen. Esa hipnosis, esa capacidad de resistencia hacia sus empellones es lo que provoca un interés inmediato en seguir de cerca al desesperado profesor.

2. En esta versión cinematográfica hay pocos exteriores, pero suficientes para determinar la soledad y el desgarbo del personaje; de entrada le vemos pronto a afeitarse en el baño de su apartamento con el recipiente de la espuma de afeitar vacío, teniendo que recurrir al jabón.

3. En el caos navega como puede, se especializa en llevar los zapatos sucios encima de calcetines de diferente color, sólo por no molestarse en ordenarlos; guarda los botellines de whisky, procura extraviar o ignorar los exámenes de sus alumnos, pero las palabras nunca le abandonan, ni las citas literarias, ni la oscilación vertiginosa, como de parque de atracciones, entre un tema y otro por el cual dejarse llevar para humillar a los demás. Eso sí, fumador y bebedor compulsivo con una tos que a menudo parece ahogarle...

Cuando la cólera asiste y ciega

4. En el final ha de encontrarse a sí mismo en su augusta soledad. Un mal día para Butley, en que no obtiene la más mínima satisfacción profesional ni sentimental. Su ex mujer le pide el divorcio para volver a casarse y el colega con el que vive una muy fría convivencia le abanona por un tipo absolutamente opuesto.

5. Suceden más cosas a lo largo de una obra trepidante no muy bien subtitulada, pero cuyo interés nunca decrece, gracias al trabajo espléndido de todos los actores, con participación estelar de Jessica Tandy, y muy encomiable labor de Alan Bates que lo estrenó en teatro con gran éxito.

6. Simon Gray es un autor prolífico, desconocido en España. Razón demás para acercarse a esta producción en la que el gran autor Harold Pinter se inicia en la dirección cinematográfica.

7. Butley también encarna una rabia con la que no es difícil comunicarse. Una rabia cargada de resentimientos que le permite liberar toda clase de exabruptos verbales hacia personas apreciadas, queridas y despreciables, sin saber muy bien qué siente, exactamente ante cada una de ellas, pues la cólera le asiste y le ciega.

Butley, de Simon Gray, con Alan Bates, dirección de Harold Pinter, una producción de la American Film Theatre.