
- Alexandra vuela en el aro - Teatro Circo Price
En su cuarto año, el Proyecto CRECE logra un hermoso espectáculo, emocionante e innovador, en el que una sucesión de espléndidos números de circo se confabulan para ofrecer un espíritu de cuerpo, el resultado de un colectivo de jóvenes promesas provenientes de excelentes escuelas de circo de 9 países. Bajo la dirección de un gran artista como Roberto Oliván, Melodía Universal presenta en Madrid, sólo hasta el 2 de octubre, un gozoso espectáculo lleno de nobles sorpresas, de sobrecogedora emoción donde la destreza y el peligro de sus creadores permite también textos poéticos dentro de una capacidad artística de alto nivel por tierra y por aire, entre acrobacias, danza, trapecios y juegos aéreos, como hace tiempo no se veía en Madrid, por mucho buen circo que se instale en la capital del reino.
Importante renovación de las artes escénicas
Si lo que el Proyecto CRECE pretende es innovar en las artes escénicas del circo, estos jóvenes artistas lo han logrado con sobresaliente. A lo largo de pocas semanas el director y coreógrafo Roberto Oliván ha conseguido aunar personalidades y estilos muy diversos en un armonioso espectáculo en el que si bien se lucen los talentos individuales, nunca se pierde el marco en el que los 14 artistas conforman una familia reunida fugazmente, pero con aspiración de perdurar por creatividad y futuro artístico.
Un muy eficaz número humorístico renueva el fascinante arte de los payasos en los cuerpos de dos muchachos acróbatas con extraordinario dominio físico y del sentido del humor; ambos recrean el espacio cómico bajo una coreografía divertida, elegante y sensual —por otra parte, características de todo el espectáculo— en la que se ríen de sí mismos y del circo tradicional, a tal punto que uno de ellos arrastra, como si fuera un perrito, la clásica chaqueta del presentador de circo, aquel tipo que gritaba a más no poder para presentar todos los números en una época ya fenecida, mientras el otro adquiere un protagonismo admirable en el hombrecillo de goma, tierno y disparatado.
Tras este espíritu festivo, un hermoso espectáculo poético en el que algunos también son actores y todos bailarines que permiten emociones encontradas, tal vez polémicas, bajo la música electrónica de Laurent Delforge, creada especialmente para este espectáculo, siguiendo las emocionantes creaciones a medida que se fueron ensayando.
Desfile de difíciles y espléndidas creaciones
Un circo en bucle: sucesión continua de cuadros sin interrupción, de manera que cada artista dé lo mejor de sí para enseguida, después de su número individual, correr a mezclarse con los compañeros en una danza divertida, emocionante, casi siempre difícil de armonizar, pero capaz de lograr esa armonía con sensibilidad y brillante estética.
Hay textos poéticos y sombras y luces compuestas, complejas, un mundo de sonrisas y tensiones, de pasión y hermandad que permite un sinfín de abrazos en una creación escénica encantadora donde todos se buscan, se abrazan, son separados pero vuelven a encontrarse en abrazos que funden la esperanza con el brío de sus cuerpos hechos para la destreza y el más difícil todavía.
Como difíciles y mágicas son las chicas australianas del trapecio doble (Hannah Cryle y Caz Walsh) cuyos cuerpos se funden y se liberan en un alarde de magistral precisión, o la cuerda volante en la que la mexicana Julia Sánchez Aja emociona intensamente, tanto en su manera de volar, como en su peculiar relato "en off" en el que nos cuenta la bella tragedia de haber sido discípula de alguien que no llegó a verla debutar en el arte de volar, un arte en el que se siente libre y se muestra profundamente sabia y hermosa.
Humor, riesgo y muchas sorpresas
Hay un toque de humor negro, mucha alegría en los jóvenes cuerpos en movimiento, y variedad de estilos: mano a mano, cable, mástil, verticales, acróbatas, familia de jóvenes artistas a quienes se les espera muy pronto brillar por todo lo alto, con un alto grado de profesionalidad y energía; además de los ya mencionados: Isis Clegg-Vinell y Nathan Price, Reino Unido; Katharina Kaudelka, Austria; Sonia Massou, Alexis Rouvre y Thomas Saulgrain, Francia; Pablo Monedero —Otto—, España; Balthasar Moos, Alemania; Klara Mossberg, Suecia.
En medio de voces en diversos idiomas y breves poemas en castellano, los 14 forman un grupo de gran vitalidad que se provoca, se enlaza, se busca, se desencuentra y halla espacios de confraternidad para una auténtica Melodía Universal en la que el movimiento de sus cuerpos, su talento y su destreza parecen descubrir nuevos mundos.
Entre tanto esfuerzo y demostración artística, de pronto circunda la pista el aro aéreo de la canadiense Alexandra Royer y se corta la respiración; una oleada de sensualidad llena el Price de asombro y candor juvenil. Un instante de soledad para de inmediato volver a confundirse el trabajo de todos como un solo cuerpo de hermandad circense: hermandad artística y filosófica, pues ha nacido una nueva manera de ver el teatro y el circo.
En el teatro circo Price hasta el 2 de octubre: poco tiempo para un formidable y novedoso espectáculo para toda la familia que nadie debiera perderse.
