En la tundra siberiana y en las remotas praderas árticas de Eurasia, rodeados de silencio y bosques helados, los lemmings –también conocidos como lemmini- forman extensas colonias dedicadas a la incesante construcción de túneles y madrigueras. Estos roedores son lo bastante hábiles como para adaptarse a un ambiente realmente hostil, escondiéndose bajo la nieve y comiendo semillas y frutos almacenados en los meses del invierno más inhóspito.

La tundra, hogar de los lemmings

El ecosistema que denominamos tundra se localiza al sur del hielo polar, y se caracteriza por mostrar una alfombra de musgo y líquenes junto con hierbas de floración y arbustos bajos. Durante el verano se descongelan las capas superiores de la tierra (10 a 15 cm), y este proceso alternado de congelamiento y fusión en la superficie produce un ciclo de movimientos que ayuda a la generación de nutrientes.

En la tundra el verano es corto pero intenso, ya que el sol permanece visible casi las 24 horas del día, con lo que las plantas pueden hacer la fotosíntesis la mayor parte del tiempo. Así, a lo largo de un breve periodo estival, animales como los lemmings pueden almacenar alimento para todo el año.

Los lemmings: pequeños roedores

Los lemmings o lemmini son roedores de la familia de los Cricetidae. Se alimentan de raíces y frutos y también de hierba, dedicando muchas de sus madrigueras al almacenaje de comida. El aspecto externo de un lemming es parecido al de un hámster o un ratoncito de cola corta, especies con las que mantiene un importante grado de parentesco genético.

El motivo que ha convertido a los lemmings en una especie mítica es su ciclo reproductivo. Dicho ciclo es muy corto, y los individuos de esta especie, como la mayor parte de los roedores, disfrutan de una fertilidad envidiable, por lo que son muy prolíficos (antes de cumplir un año de edad, una hembra puede tener hasta seis camadas). De este modo e involuntariamente, el lemming sostiene consumidores de orden más elevado en la cadena alimenticia, como búhos, comadrejas, zorros y lobos. Sin embargo, la depredación no es a veces suficiente para controlar la población en constante crecimiento de los lemmings, y aquí empieza la extraña leyenda de estos roedores.

Suicidio por altruismo

¿Puede una especie estar programada genéticamente para el suicidio en masa? Cada cuatro años, aproximadamente, la población de lemmings aumenta hasta el punto de que las madrigueras construidas son insuficientes para albergar a todos los individuos de la colonia, y el alimento escasea en un ecosistema en el que los recursos son, de por sí, reducidos. En consecuencia, y siempre según la leyenda, los lemmings se agrupan e inician un largo peregrinaje que les lleva al borde de un acantilado, o a la ribera de un río caudaloso. Una vez allí, los roedores saltan al agua o al vacío y perecen en masa, aligerando a la colonia del peso de miles de individuos.

Sin embargo, y pese al tétrico romanticismo que este mito pueda contener, las investigaciones al respecto han mostrado que los lemmings no se suicidan por altruismo biológico. Las dispersiones poblacionales masivas que les caracterizan se deben a la búsqueda de nuevos hogares, principalmente y como sucede con muchas otras especies, en el caso de los machos fértiles.

En esta emigración los lemmings llegan a recorrer grandes distancias. Dado el hábitat en el que viven, no es extraño que encuentre en medio de su viaje un lago helado o una importante depresión del terreno. Cuando los animales tratan de cruzarlo, a menudo sufren accidentes o son arrastrados por el agua, con lo que las muertes son frecuentes y numerosas.

Existe también una explicación para la temporalidad del comportamiento migratorio de los lemmings: en los periodos en la comida es abundante, la especie registra un ciclo reproductivo elevado, hasta el punto de que puede haber una explosión demográfica que multiplique la población 30 veces por encima de sus nivel habitual. En consecuencia, la situación se vuelve insostenible, y miles de individuos deben buscar lugares donde establecerse para no morir de hambre. Por otra parte, se ha observado que en etapas de escasez el patrón reproductivo cambia y los jóvenes tardan más en madurar, circunstancia que, unido a las migraciones, ayuda a controlar la excesiva natalidad y a regular la población.

Del mito a la evidencia

El mito de los lemmings ha tenido repercusión a través de leyendas y relatos populares, pero también por la labor que ejerció la película documental Infierno Blanco, en la que se mostraba el supuesto suicidio en masa de un numeroso grupo de roedores en Alberta, Canadá.

Aunque la producción ganó un Oscar al Mejor Documental, posteriormente se ha sabido que los propios realizadores asustaron a los animales hasta provocar que se precipitaran por un acantilado. Los datos, por lo visto, han desmontado el mito.