Los sueños que involucran a figuras de la religión por cuestiones de fe, tradición o elección, representan altos valores éticos que no forman completamente todavía parte del yo y que buscan una entrada por la vía de la emoción. El inconsciente, constantemente alimentado por motivaciones emocionales y espirituales suele volcarse a lo esencial para resolver conflictos y orientar los caminos de la voluntad personal.

Separar los intereses religiosos de los puramente psíquicos es una tarea difícil y hasta antipática, ya que la pretensión de que aquellos valores no tienen una representación psicológica sería contradecir la certeza de que las ideas pasan exclusivamente por las estructuras físicas por las cuales se piensan las cosas con el cerebro, aunque se sientan con el corazón y con el cuerpo.

El cerebro es de antiguo considerado el asiento de las ideas y no excluye la diversidad de opiniones del origen de los sentimientos más sublimes, como puede ser el ejercicio de la fe y la espiritualidad. Considerados como imagen, los sueños con divinidades refieren una síntesis básica de lo que son los pensamientos de una persona y en conjunto, proyectan una parte que es espiritual y corporal a la vez.

Soñar con Jesús, emociones, ética y racionalidad

En gran parte del mundo, Jesucristo representa valores sublimes y altos con respecto a la racionalidad y por ende, a las formas que deben tomar las figuras de la ética tanto en los fundamentos como en la práctica del espíritu en acción sobre el mundo.

Soñar con Jesús significa recurrir por una imagen cultural, al estado racional que tiene la persona de resolver sus cosas. Alude a la superior manera de solucionar un conflicto, un dilema o una instancia difícil que se presenta en un determinado momento de la maduración espiritual. El propio contenido de la historia de Jesús es un patrimonio cultural que representa diversos estados del ser, en su relación con el mundo y con las demás personas.

El sueño puede representar un diálogo, un gesto o una acción donde el soñante lo recibe con sorpresa, temor o un gran respeto, ya que la figura es “máxima” en proyecciones emocionales y de pensamiento. La pasión de Cristo llevando la cruz a su tormento final es una analogía que se acepta culturalmente como una descripción de la vida misma, con sus pesares y esfuerzos.

Cualquier parte de la historia del Nuevo Testamento representa acciones de analogía por este medio con la vida corriente, ya sea cargando la cruz de la vida, soportando las llagas o la corona de espinas en la frente. Sus proyecciones son “útiles” a la comprensión común porque dichas historias son universales. En otras culturas y con otras relaciones dirigidas a lo racional que Jesús significa, puede hallarse a Buda, a Krishna, a Moisés y en mucho menor escala a Pitágoras o Sócrates.

Soñar con la Virgen y los santos

Soñar con la Virgen (en sus múltiples versiones culturales y de naciones) representa otros aspectos y tienen relación con la condición femenina, de la maternidad y de pareja, o sea, la familia.

Muchas instancias de la vida de una mujer están contenidas en estas analogías con la figuración de las vírgenes. De antiguo, dicha condición estaba asociada a valores de la fecundación, el alimento, la crianza y el hogar.

Después de la aparición del Cristianismo, la Virgen ha representado los valores de la Iglesia Católica, por lo que su primigenia representación ha variado en beneficio de otros valores, mas su valor esencial no ha cambiado en las psiquis modernas, mas configuran una mezcla de contenidos.

Los santos representan seres humanos elevados por su historia de acciones de fe y prácticas en beneficio de otros. En Occidente son ejemplos de la cultura cristiana y asociados a la historia de la Iglesia. Su valor de imagen suscita la piedad necesaria y la necesidad de ejemplos, como si se tratara de hermanos mayores o padres con respecto al soñador.

Ejemplos inalcanzables de las figuras divinas

Tanto Jesús, la Virgen o los Santos cristianos son modelos diferentes y asociados entre sí de representaciones éticas, es decir, racionales. Su existencia se debe a estados emocionales, mas tienen una llegada a la comprensión racional – como imágenes – que la persona no llega a vislumbrar porque está emocionalmente comprometido en el instante del sueño y la vía de gnosis está filtrada por las creencias religiosas, pero no cerrada definitivamente.

Cualquiera de ellos son modelos que es imposible imitar al pie de la letra, pero son la inspiración básica para lograr nuevos estados emocionales, los cuales llevan inexorablemente, a un nuevo estado racional o de pensamiento conciente, si se lo comprende con precisión biopsíquica.

Sueños de fe

Aquel que sueña con estas figuras, se siente elevado por un momento o ligado a un destino que no comprende, dado que tiene en su memoria diversas historias o enseñanzas que ha leído o escuchado a través de su educación. Las figuras devotas representan, en general, la vía emocional que necesita un valor ético para hacerse racional, es decir, por fuera del entendimiento corriente, educado para responder a imágenes externas y no tanto a los valores internos directamente. Tal es la razón de las parábolas e historias didácticas, cuyos métodos han venido desarrollándose desde lo más antiguo.

Las formas psíquicas tienen relación básica con las vías de comprensión racional, pero no es un acceso fácil sino prima la positiva actuación emocional. Los ejemplos divinos pretenden ser sanos en primera instancia y conformarse como modelos. No existe una verdad más real y concreta cuando se asegura que “Dios así lo ha hecho” ó “Dios lo quiere” puesto que significa una actuación subyacente de lo racional, siempre que la fuente humana sea una autoridad superior de conocimiento, respetada y valorada.