Shakespeare elogia al sueño como “bálsamo del alma enferma que baña la herida del cansancio”, para referirse a la actividad que maneja la tercera parte de nuestras vidas y de alguna manera es el sello de la semblanza física y mental de una persona.

También llamado ‘el dulce tirano’ o el ‘absurdo teatro de la noche’, el sueño es la respuesta biológica para reparar los excesos del cuerpo y la mente durante un ciclo promedio de 24 horas, una actividad regida por un ritmo biológico interno o reloj celular ubicado en el cerebro.

El cuerpo ‘sabe’ cuánto tiempo debe descansar y cuánto tiempo puede estar en vigilia, por ello quienes no tienen una hora regular para estas actividades exponen al cuerpo a exigirse demasiado y el reloj empieza a descomponerse.

Insomnia

Llega la noche y el terror de dormir asola como un fantasma: el insomnio, una perturbación del sueño que puede llegar a deteriorar la salud física y mermar el desempeño cognoscitivo.

Mientras una persona se siente satisfecha durmiendo un par de horas, otros necesitan hasta doce horas, lo que se convierte en un reto al proceso del sueño como factor de equilibrio vital y reparador de tejidos o del sistema nervioso.

Hay varios factores que alteran el sueño: los sicológicos y los físicos. Entre los primeros están los estados depresivos, los pensamientos obsesivos, los sentimientos reprimidos y de culpabilidad; y factores físicos que pueden ser genéticos, perturbaciones respiratorias o apneas, dolor crónico y medicamentos.

Cuando el insomnio no proviene de alteraciones físicas o emocionales, la razón tiene que ver con el acomodamiento del reloj interno. Algunas actividades fuera de lo cotidiano, por ejemplo, pueden alterar ese ritmo inteligente del cuerpo y repercutir en la calidad de su sueño.

El cerebro almacena nuestras actividades cotidianas y les da a cada cual ‘su tiempo’, y cuando algo altera esa rutina, el reloj interno busca acomodarse de nuevo de manera lenta pero segura, para que todo vuelva a la normalidad.

Narcolepsia 

El lado opuesto del insomnio es la narcolepsia, una alteración que puede conducir a la enfermedad y a la muerte. Un narcoléptico se siente asaltado por un acceso de sueño incontenible y ajeno a su voluntad, una intensa somnolencia que a veces sume al individuo en un sueño profundo sin darse cuenta.  

La narcolepsia viene precedida por debilidad muscular, flojedad de manos y piernas y pesadez del cuerpo; puede producir parálisis de sueño, una imposibilidad para salir del sopor, a pesar de que se está consciente de ello; y se han registrado casos de narcolepsia en plena actividad sexual.

La hipersomnia es el exceso de sueño durante todo el día y, a pesar de que la persona duerme más horas de lo usual, se despierta con sueño, lo que se convierte en un círculo vicioso que deteriora la salud en general y entorpece los procesos del pensamiento, la concentración y el cálculo.

Las causas de la hipersomnia son tanto físicas como sicológicas y en algunos casos viene determinada por la genética, aunque se puede revertir acostumbrando al cuerpo a no dormir en exceso. Entre los detonadores sicológicos están la pérdida de entusiasmo, la tristeza, la baja autoestima y el miedo a socializar.

Los factores físicos que promueven el exceso de sueño son las perturbaciones de la respiración, insuficiencia que no permite el flujo suficiente de oxígeno en la sangre y el cerebro, alterando el ritmo del sueño.

La respiración entrecortada de la mayoría de la gente resulta la principal causa de hipersomnia, pues el cerebro se duerme por la falta de su combustible natural, lo que enlentece a todo el cuerpo.

Parasomnias 

Las parasomnias son fenómenos molestos que aparecen durante el sueño, como el sonambulismo, las pesadillas, la incontinencia urinaria, hablar durante el sueño, los movimientos bruscos y las piernas inquietas.

El sonámbulo se despierta sin saberlo y hace algunas actividades para volver a la cama o seguir caminando hasta tropezar con algún obstáculo y despertar, pero en la mayoría de los casos el individuo regresa a su sueño como si nada hubiera pasado.

Las pesadillas o miedos nocturnos llegan al sueño por la persistencia de imágenes terroríficas y de miedos irracionales que las personas alimentan durante el día, sobre todo en los niños, aunque también aparecen en la edad adulta.

La incontinencia urinaria o enuresis no debe confundirse con el sueño infantil o los niños que se orinan en la cama hasta los siete años de edad. Cuando sucede a lo largo de la vida se considera una conducta de origen neurótico, ya que el proceso involuntario de orinar sigue al desarrollo de un sueño que se asocia con la humedad.

El somniloquio o hablar durante el sueño casi siempre aparece en los límites entre la vigila y el sueño y es como el último ‘desecho’ de la consciencia antes de dormir. Se produce por emociones internas y no por estímulos externos, y el ‘hablante’ no cuenta ninguna historia, sino partes aisladas y a veces incomprensibles.

Los movimientos bruscos o mioclonías, y las piernas flojas o restless legs, vienen siempre precedidas de perturbaciones bruscas de movimiento durante el sueño, de salir despedidos, o estar suspendidos en el aire, correr, saltar, y son tan poderosos que contraen los músculos y la persona despierta.

La actividad frenética de la vida de hoy aniquila la armonía del cuerpo y la mente y sobrecarga al sistema nervioso, que no puede liberarse tan fácil cuando llega la hora de dormir. Hay que serenar la mente de nuevo para que vuelva al estado de descanso. Los antiguos ya lo decían: duerme mejor quien manda a dormir su ego y deja su alma quieta.  

Existe una prueba recomendada por los expertos para el diagnóstico del insomnio que puede ser consultada en la web del Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos.