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"Storytelling", de Christian Salmon: la narrarquía del siglo XXI

Portada de la edición española de
Portada de la edición española de "Storytelling" - Imagen tomada por JC Chirinos
Christian Salmon estudia las claves que hacen de los "relatos" eficaces herramientas para el control y la manipulación de la opinión pública contemporánea.

Storytelling, la máquina de fabricar historias y formatear las mentes, del investigador francés Christian Salmon, parte de una premisa muy sencilla: todo lo que nos han contado era una mentira para que no nos preocupáramos por las maldades que pudieran estarse cometiendo; mentiras blancas, como las que se le cuentan a los niños: El niño Jesús trae los regalos en Navidad y los Reyes Magos no son los padres; no se puede nadar después de comer y los sacapuntas se estropean si les soplas para quitarles las virutas. Sólo que en este caso las "mentiras" son del tipo -ah, que lo de las armas de destrucción masiva era una fábula; todo era una broma, y que no hay que creerse todo lo que dicen la televisión y los gobernantes elegidos para que administren los dineros y los destinos de todos.

El Imperio, dueño del relato

A causa de la afición de la humanidad por los relatos, hemos dejado que lo ficticio ocupe un lugar preeminente, cuestión muy saludable de por sí, porque permite que el mundo no sea tan plano como se presenta sino, al contrario, permite que rebullan colores y formas inéditas a cada paso; todo eso estaba muy bien hasta que el Imperio confiscó el relato, hasta que unos pocos se dieron cuenta de que podía ser una excelente arma de dominación de las masas, y allí comenzaron los engaños: que si Sadam quería matar al papá del presidente y por eso le destruyó su país; que si las Nike eran más maravillosas que cualquier otra zapatilla y no importaba si las hacían niños esclavos en Asia y Centroamérica, porque la consigna era clara: just do it, pues "ellos", los jefes, lo decían; que si se deslocalizaban empresas a países del Tercer Mundo era sólo para llevar progreso allí donde las instalaban, y no para crear desempleo en sus lugares de origen, en el próspero y consumista Primer Mundo; que si dios y la fe y la maldición de los condones; que si tu dinero es de todos pero el de los banqueros no, no, eso no...

Un producto sin storytelling, no existe

En fin, el storytelling se ha erigido como una herramienta para asesores de políticos, empresarios y líderes religiosos. Porque si su "producto" no viene acompañado de un buen relato, tendrá escasas posibilidades de tener éxito. Todo debe brillar con el bruñido de los metales más valiosos, y un buen relato es el pulidor perfecto para crear nuevas realidades.

En El nombre de la rosa, Guillermo de Baskerville, al llegar, sorprende a los monjes que lo reciben en la abadía donde ocurren todos los crímenes describiendo sin verlo a Brunello, el caballo preferido del abad. La descripción que hace es tan "verídica" que solo alguien que conociera al animal habría podido señalar detalles tan nimios como el tamaño de los cascos o la firmeza de sus dientes. No, dice el franciscano-detective interpretado por Sean Connery en la versión cinematográfica de 1986: como los monjes de la abadía son hombres de libros, él solo les ha descrito un caballo hermoso tal como enseña San Isidoro de Sevilla en sus Etimologías. Un truco de storyteller muy antiguo: contarle al público lo que quiere oír.

Efectivamente. En el storytelling hay que contar una historia muy buena, muy creíble, para disimular las trapacerías, para seducir, para esquivar de la responsabilidad. Hay que inventar: invento y más invento hasta volver verdad la mentira, y así ganarse a la opinión pública. Lo vemos a todas horas en las series de televisión sobre abogados: generalmente, el quid de cada capítulo consiste no en encontrar la verdad sino en contar "la" verdad del personaje protagonista. Y casi siempre coinicide con lo que el público quiere ver. Así se aumenta -o se disminuye- la audiencia. Y así se hace dinero.

Las técnicas se han sofisticado de tal manera que, al lado de un gurú del storytelling, Odiseo es un fabulador de camino: Dice Salmon, "no se trata [en el storytelling] sólo de ‘contar historias’ a los asalariados, de ocultar la realidad con un velo de ficciones engañosas, sino también de compartir un conjunto de creencias capaces de suscitar la adhesión o de orientar los flujos de emociones; en resumen, de crear un mito colectivo constrictivo". Esto es lo más parecido a formar fanáticos ideológicos, enemigos de la verdadera libertad.

El poder creativo de la narrarquía puede también destruir

Hay una palabra, un concepto fundamental para entender el mundo contemporáneo: narrarquía, o el gobierno de las anécdotas.

Este gobierno anecdótico comenzó con Reagan. Él fue el primero que gobernó con anécdotas, dice el autor, pero él no sabe que ya en los años sesenta Rómulo Betancourt, presidente de Venezuela entre 1959 y 1964, creaba "relatos" para gobernar e inventaba neologismos cada vez que podía (llamó a la hallaca, el rico bollo navideño, "multisápida", e inventó la palabra "hampoducto", definida por el Diccionario de la Real Academia de la Lengua como la "circulación de hampones entre localidades o cárceles").

Enseñar sirviéndose de un relato es tan antiguo como la humanidad; lo que lo diferencia de la narrarquía es que esta es un instrumento de dominación y desdoblamiento de la realidad. Y sus fines casi nunca redundan en beneficio de todos. Un libro para releer y pensar, sin duda.

Christian Salmon. Storytelling. La máquina de fabricar historias y formatear las mentes. Madrid, Ediciones Península, 2009. 264 p. ISBN 9788483078358

Juan Carlos Chirinos, ©Íñigo Aranzabal, 2011

Juan Carlos Chirinos García - Juan Carlos Chirinos (Valera, Venezuela, 1967) Es licenciado en Letras (UCAB, Caracas) y realizó estudios doctorales en ...

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