Jugar a ser Dios tiene sus consecuencias. Uno no puede andar por la vida realizando experimentos en el campo de la genética y, mucho menos, con ADN humano esperando que todo salga bien o, cuando menos, a ver qué pasa. Ya lo decía un tal Murphy, con su conocida Ley: “si algo puede salir mal, saldrá mal”.

Realmente, eso es lo que sucede en “Splice: Experimento Mortal”. Clive (Adrien Brody) y Elsa (Sarah Polley) son dos magníficos científicos, expertos en el campo de la combinación de genes. Ambos trabajan para un laboratorio farmacéutico, en el que acaban de crear un híbrido; una nueva especie que supone un grandísimo avance para la ciencia y, a partir de la cual, podría sintetizarse una proteína fundamental para el desarrollo de los abonos en el campo. Precisamente, la decisión del laboratorio de hacer caja con esa proteína es la que va a desencadenar la acción de la película.

Experimentando con la genética

A Elsa, una científico sin escrúpulos y que considera que la ética está para que la cumplan otros, le resulta poco atractivo y motivador este cometido. Por ello, decide seguir experimentando. Piensa que si el nuevo híbrido se combina con ADN humano, posiblemente podrían obtenerse curas para muchas de las enfermedades para las que no hay cura en la actualidad.

Así es como nace Dren (Delphine Chanéac). Un híbrido de humano con otras múltiples especies, capaz de moverse a gran velocidad, respirar bajo el agua como los anfibios, volar, clavarte un aguijón mortal como si de un escorpión se tratase o hasta cambiar de sexo. Esta criatura tan adorable es la típica mascota con la que cualquier persona habría soñado con tener en su infancia. “Creo que Dren es uno de los monstruos estilo Frankenstein más memorables de la historia del cine.” Ésa es la opinión de Guillermo del Toro, productor ejecutivo de la película. Personalmente, creo que exagera un poco.

No cabe duda que Dren es la estrella de la película, a quien vemos crecer a velocidad de vértigo (otra de sus características). Es una lástima que, a pesar de sus múltiples cualidades, no pueda hablar. Delphine Chanéac simplemente se ha limitado a actuar y a pegar brincos con esas patitas de fauno que le han salido. Tampoco son ninguna maravilla las actuaciones de Brody -The Brothers Bloom (2008), Viaje a Darjeeling (2007)- ni de Polley -Llamando a las puertas del cielo (2006), Lejos de ella (2006)-, que se limitan a cumplir con un guión más bien pobre.

Coincidencias con Species (Especie Mortal)

Si lo que el espectador desea es ver una película de terror, mejor que opte por otro film de la cartelera o se quede en casa y vea Species (Especie mortal). Curiosamente, la película de Vincenzo Natali –Paris, je t´aime (2006), Cypher (2002)- comparte muchos paralelismos con la que en su día rodara Roger Donaldson; entre ellos, el título no podría parecerse más. Y el tema… Cambiémosle la ingeniería genética por el apareamiento extraterrestre.

La gran diferencia es que con “Splice: Experimento mortal”, Natali únicamente consigue mostrarnos una película de ritmo tedioso con un final trepidante que dura cinco minutos. Para entonces, nos habremos tragado la etapa de niña y adolescente de Dren, viéndola jugar con las muñecas, sus dibujos de crío de cuatro años o sus primeros flirteos amorosos. ¿Y el terror? El terror, simplemente, está ahí fuera.