En 1982, el director Marty DiBergi graba un documental sobre el mítico grupo Spinal Tap durante su gira Smell the Glove. La banda británica, con 20 años de historia y más de 20 álbumes en su discografía, había comenzado su exitosa carrera como conjunto de skiffle y rythm & blues y consiguió un notable éxito a finales de los 60 con (Listen to the) Flower People, todo un himno de la generación del amor, hasta que sus miembros, David St. Hubbins (voz y guitarra), Nigel Tufnel (guitarra) y Derek Smalls (bajo), derivaron durante los 70 hacia el hard rock y el heavy metal, manteniéndose firmes ante adversidades como perder a todos sus baterías (32 nada menos) en extraños accidentes.

Esto es Spinal Tap

El documental, titulado “This is Spinal Tap”, estrenado en 1984, indaga en la historia y el día a día en la carretera de tan legendaria banda, que inexplicablemente nunca se cita en ningún libro de historia del rock and roll... y con razón... Spinal Tap nunca existió, sino que fue creado por tres cómicos norteamericanos, Michael McKean (Hubbins), Christopher Guest (Tufnel) y Harry Shearer (Smalls) y el debutante director Rob Reiner (DiBergi) como forma de destapar las miserias de un mundo dominado por dinosaurios y caricaturescas estrellas, que por otro lado, conocían en profundidad e incluso amaban, como se demuestra en este desternillante falso documental.

Una corrosiva parodia, no exenta de crueldad

La película comienza con Marty DiBergi (Reiner) dirigiéndose a la audiencia. DiBergi es un director barbudo, regordete y con gorra, que no oculta sus misteriosas (y explícitas) semejanzas con el Scorsese de “The Last Waltz”. A medida que avanza la película, el director va entrevistando a los miembros de la banda británica (en realidad, todos americanos imitando el acento) y uno tras otro, van mostrando cruelmente todos los clichés de las grandes conjuntos de los 70, desde las neuróticas actitudes de las estrellas hasta shows decadentes sin apenas público, en forma de disparatados gags que más de un icono del rock no consiguió entender como parodia. El propio Ozzy pensó tras ver la película que “This is Spinal Tap” era un documental real, y figuras como Eddie Van Halen o Steven Tyler (Aerosmith) afirman que todo lo que pasa en el film les había ocurrido a ellos. “Todos se reían menos yo...” declaró Van Halen tras la proyección de la película.

Continuos guiños a la historia del rock

Y es que este rockumentary, como lo denomina DiBergi está plagado de anécdotas que habían pasado realmente en las salvajes vidas de los grandes dinosaurios del rock. Cada gag tiene sus crueles paralelismos con la realidad, aumentando el punto satírico. El propio nombre del grupo, con un umlaut (diéresis) sobre la n para más recochineo, alude a grupos como Motörhead o Blue Öyster Cult.

Sketches como el de ocultar un pepino en la entrepierna para aumentar el poderío sexual como habían hecho Mick Jagger (Stones) o Robert Plant (Led Zeppelin), los grandes y ambiciosos mecanismos que fallan en directo (Black Sabbath), perderse desde los camerinos hasta el escenario (Judas Priest), las polémicas y chabacanas portadas (Whitesnake o Scorpions) o los problemas con el catering de los artistas (Van Halen) son ácidos guiños, de sobra conocidos por los fans de estos grupos.

En todo el film se pueden apreciar incesantes estocadas a la historia del rock, como el error al diseñar un dolmen gigante para un concierto: Tufnel realiza su diseño de un imponente monumento, pero es interpretado en centímetros y no en metros por quien lo materializa, apareciendo en directo un ridículo dolmencillo, aunque por fortuna, el manager de los Tap, el también paródico Ian Faith, contrata a unos enanos para bailar a su alrededor y atenuar un poco el bochorno. Esto le ocurrió de verdad, aunque a la inversa, a los Black Sabbath. Por error, se construyó un dolmen tan inmenso que no tenía cabida en ningún recinto. Lo más chocante es que esto ocurrió poco despues del rodaje de la película.

Spinal tap, paradigma de evolución de un grupo standard

La evolución de grupo al más puro estilo Beatles (del skiffle inicial a la psicodelia, pasando por la astrología y la meditación) es otro de los ejemplos de la mala sangre de los creadores del film. Incluso el intervencionismo de la novia de uno de ellos en las decisiones de la banda, sembrando la discordia entre sus líderes, se podría interpretar como una maliciosa referencia a Yoko Ono.

La muerte de todos los baterías de la banda tendría su paralelismo en los gafes teclistas de Grateful Dead, aunque en el caso de Spinal Tap, el número de músicos fallecidos por todo tipo de calamidades (accidentes de jardinería, ahogamiento por vómito ajeno, combustiones espontáneas en directo...) asciende a la escalofriante cifra de 32 bateristas.

Aunque si en algo se ceban los creadores de este falso documental, es en la figura del guitarrista. El cariscaturesco Nigel Tufnel no cesa de deleitarnos con sátiras a los grandes héroes de la guitarra. Por ejemplo, no toca la guitarra con un arco de violín en algunos de sus directos, como lo hacía Jimmy Page, sino que lo hace con el propio violín.

Uno de los gags más populares del film es la entrevista a Tufnel en la que este muestra orgulloso a un atónito DiBergi sus amplificadores, cuyo volumen llega al número 11 (uno más que el 10) autoconvenciéndose así de ser el guitarrista más ruidoso del mundo.

Spinal Tap sigue vivo

Tras el estreno del film, los Tap deciden sacar al mercado su banda sonora plagada de clásicos como las elegantes “Sex Farm” y “Big Bottom” o las añejas “Gimme some Money” o “(Listen to the) Flower People”. Sería en realidad el primer disco no ficticio de la banda, con todas las canciones compuestas e interpretadas por sus protagonistas. Dado el éxito del film, los Tap siguieron (iniciaron) una carrera como músicos y sacaron adelante otros discos, llegando incluso a salir de gira. Es la banda ficticia con más seguidores de la historia y cuentan con fanáticos tan ilustres como muchas de sus víctimas, que parecen no guardarles rencor, o el mismísimo Bart Simpson, serie en la que por cierto, el bajista Derek Smalls (Harry Shearer) pone voz a secundarios como el director Skinner, Monty Burns o Ned Flanders, entre otros.