La tendencia actual de dormir separados en camas diferentes ha tomado cierto auge en los matrimonios más jóvenes por distintas razones. Las nuevas generaciones conforman la pareja de hecho, ya sea porque descreen de los rituales de sus padres, por factores económicos o psicológicos. Es posible que conserven esquemas infantiles, pero la condición de dormir juntos o separados pasa además, por el hecho fisiológico (que se realiza individualmente), ya que el sueño es un acto completamente personal, donde se “pierde” la noción de la dualidad consciente del “yo” y de la pareja.

No está claro para la ciencia, cómo pueden llegar a influirse recíprocamente las energías de los cuerpos en contacto, si se suman o se restan o son indiferentes en ese aspecto. El lazo afectivo puede continuar siendo constante, aún dormidos, pero es un tema para la poesía y los sentimientos de las ilusiones.

La inconsciencia es automática e individual

Determinar si los sentimientos y emociones son de uno u otro es peregrino, ya que el sujeto es una unidad y actúa como único y solamente se analiza como separado a los efectos didácticos de entender su funcionamiento en la práctica. El hecho de compartir el sueño en las noches, significa más un símbolo que una realidad psicofisiológica, en apariencia, al menos.

No se conocen, en principio, las energías que se dicen que existen, y sólo el método Kirlian evidencia algunos parámetros. Por lo demás, la emanación de calor del cuerpo es evidente a la sensibilidad, como las influencias del tacto y constituyen el elemento sensorial necesario que puede influir en los sueños como factor externo, pero no determinante, sobre lo onírico.

El efecto Kirlian

En 1939, los esposos Valentina y Semión Kirlian experimentaban en un hospital de la ex Unión Soviética realizando fotografías de objetos sometidos a campos electromagnéticos de alto voltaje (20 a 40 mil voltios). Accidentalmente, Kirlian puso su mano y observó que la rodeaba un halo luminoso. Luego, desarrollaron la cámara Kirlian donde el objeto se coloca en contacto directo con el soporte fotosensible.

Se aseguró luego que dicha imagen se trataba del aura humana (jamás comprobado), y la ciencia actual lo explica en situaciones controladas donde no se encuentra dicho fenómeno por tratarse de un efecto “fantasma” (el efecto corona), debido a la humedad del objeto (generalmente, una hoja o una mano) mantenido entre las placas de vidrio.

Los creyentes de que se trata del aura han incorporado a la cultura su fe, y desde entonces, se considera que constituye una certeza en operaciones de la medicina alternativa y tratamientos esotéricos. (Fuente: James Randi Educational Foundation).

La videncia, visiones sobre el aura humana

Las descripciones de videntes sobre lo que pueden “ver” al dirigir su “ojo espiritual” sobre un cuerpo humano son coincidentes en determinar el “aura” como una especie de halo que lo rodea y que tiene ciertos colores. Algunos dicen que es posible visualizarla contrastando sobre blanco y negro y otros, que se debe a efectos del ojo por la luz (persistencia de la imagen).

Demócrito (460-370 a.C.) había observado que mirando al cielo claro pueden verse puntitos moviéndose en forma de 8 (fotopsia) y tuvo la inspiración de compararlos con el polvo atmosférico en movimiento que puede verse en un rayo de luz que penetra por una ventana. Su teoría atómica (átomo: "indivisible") continúa con la física del átomo actual, que como se conoce, lo ha dividido en otras partículas subatómicas.

El límite de lo visible al ojo se llama espectro visible y está dentro de valores apropiados a la captación sensorial de los objetos materiales. Fuera de eso, el ojo no capta posibles emanaciones de energías, lo que sí captan ciertos animales como los ofidios que pueden percibir imágenes infrarrojas (debido al desprendimiento de calor) y que solamente captan aparatos sensibles apropiados.

La costumbre de dormir juntos

El hábito de compartir el lecho se instaló definitivamente en occidente a partir del sacramento cristiano del matrimonio. Antes de eso, era una cuestión práctica derivada de las uniones sexuales y a partir de la “institución” matrimonial se realizó esta adaptación como un signo de fidelidad y de poder doméstico sobre el varón, sobre todo en Occidente. En la cultura islámica, cuando la mujer tiene su período menstrual, duerme separada por preceptos religiosos.

Los niños cuando son pequeños suelen tener el hábito de dormir a veces con los padres o de pasarse en algún momento. Otros, duermen con animales, mascotas sobreprotegidas que cumplen un rol afectivo de sustitución psicológica. En la cultura tradicional japonesa se usan unos colchones de algodón (el futón) que se guardan aparte durante el día, lo cual es una forma individual de dormir.

La salud y el sueño

Según el Doctor Neil Stanley de la Universidad de Surrey, Reino Unido, dormir juntos tiene varios inconvenientes (trastornos del sueño) que pueden derivar en problemas de salud. El hecho de romper con esta costumbre vale como conducta disociativa con relación a los padres, a la fidelidad que representa y a la búsqueda del yo por sobre la dependencia cultural del matrimonio formal, hoy cuestionado desde el punto de vista tradicional.

La tendencia a compartir el lecho por parte de parejas constituidas se realiza inconscientemente y por costumbre, solamente el acto de hacerlo separados es consciente y señala una decisión por diversos motivos (ronquidos, “lucha” de lugar, patadas). Predomina la practicidad en esta cuestión por una disposición económica inicial y la tendencia emocional a estar juntos en el principio de una relación de pareja. Según la National Sleep Foundation, Washington (USA) alrededor del 80% de las personas asocian los trastornos del sueño a problemas de salud (insomnio, ronquidos, cansancio matutino, apnea) además de ausencias al trabajo e ineficiencia por carencia de descanso nocturno.

Las parejas mayores de segunda oportunidad, suelen elegir dormir cada uno en su casa y tener la alternativa de juntarse por períodos, lo cual se debe a otros factores sociales: la presencia de hijos, intereses económicos y actividades que no son comunes a ambos.