Los pelos en el rostro tienen significaciones variadas, referentes a un carácter secundario de la condición masculina. En la mujer es un elemento extraño que puede aparecer en los sueños para indicar diversas causas de su relación con el padre o en menos, señalar anomalías hormonales, cuestión médica que indica una consulta.

La barba y bigote son “adornos” en la actualidad para los varones, cuando en realidad son naturales, pero culturalmente se ha adoptado el afeite de los mismos por una cuestión comercial que lleva ya tiempo de uso (Gillette, 1895). La equiparación de la imagen “limpia” del rostro con la mujer representa un intento de igualdad entre los sexos, en cuanto la presentación del rostro humano, pues el pelo se asocia, a veces, con la falta de higiene.

Abuelos barbudos y bebés inmaculados

Hasta la invención de la máquina de afeitar (eléctrica o manual), los varones se afeitaban con navajas o cuchillos afilados y la costumbre es antigua, ya que verse libre de vellos fue una actividad que podría deberse a un intento de comodidad, aseo, de belleza o estatus social, debido en parte, a la “presión” femenina que exigía una posición de sus parejas acorde a un pensamiento privilegiado que las hacía imitarse a sí mismas.

Dicha costumbre tiene que ver con la creación de los espejos que en la antigua Grecia eran de metal muy pulido (generalmente de bronce). Se dice que Aristóteles era una persona que dedicaba tiempo a su presentación estética, según Diógenes Laercio. Otros, como Sócrates, se consideraban a sí mismos como “feos” y por lo tanto no contemplaban esto sino por lo básico como es la higiene del cuerpo y del vestido. El uso de la barba completa era una cuestión que se aceptaba como natural y sobre todo en esta clase de personas, pero aquel que se ocupaba de eliminarla, era considerado un “acicalado” (o no religioso, como en el Islam)

Nuestros abuelos utilizaban la barba con otro sentido, como es el símbolo de una cierta sabiduría (parecido a los filósofos) y experiencia de vida. Las modas han ido cambiando en los recambios generacionales y se han agregado los poetas románticos que no solo usaban barba, sino cabellos largos y vestimentas originales y llamativas.

Los bebés han quedado como ejemplos de tersura e inocencia y es de pensar que la mujer tuvo influencia en este aspecto, además del intento de dominar la apariencia y la belleza según sus gustos o por imitación de los varones.

Soñar con barba y bigotes, la figura del padre

La reseña breve antedicha, señala varios aspectos que suelen aparecer en los sueños: la influencia de la mujer (la madre), la connotación de sabiduría (el padre), y la moda (determinismos sociales). En la época de Sigmund Freud, como se ve en sus fotografías, la barba era sinónimo de actividad pensante.

Jung, su discípulo preferido en los comienzos del Psicoanálisis no usaba barba, sino bigote, lo cual era una moda más juvenil en dicha época. Pero también constituía una diferencia generacional y en su caso, una forma de distinguirse del “padre”, (De hecho, Jung terminó separándose del maestro tiempo después por causas de índole inconsciente por parte de ambos).

Actualmente existe una convivencia de costumbres en cuanto al tema y en los sueños si aparece una barba completa significa su simbología tradicional porque la imagen típica no ha perdido la connotación inicial. Hoy la barba o bigote son un “adorno” porque se han invertido las circunstancias por la influencia de la industria del afeite y el progreso de lo femenino en la sociedad, así que también tiene una dualidad significante.

Dejando aparte los casos de patologías hormonales, en la mujer soñar con barba representa la “masculinización” de alguna conducta y analizando el detalle, su relación con el padre o los varones de la familia. La clásica historia de la “mujer barbuda del circo” señala la anomalía que es usada como “rareza” y a la vez de atracción inusual, lo cual denuncia su condición especial.

Mostachos y severidad, símbolo de autoridad. Jesús y Buda

La asociación entre “autoridad” y bigotes es clásica, ya que muchas personas lo han usado como signo de determinismo, como es el caso de Stalin y Hitler, dos bigotes diferentes para conductas especiales, en este caso, la política del siglo XX. Sin embargo, el bigotito de Charles Chaplin era similar y le sirvió para parodiar al tirano alemán en “El gran dictador” (1941). Nietzsche usaba un gran bigote también, signo de su gran temperamento e ideas originales, pero conexo además, con su final (murió de neumonía, esquizofrénico).

La barba usada por Jesús era característica de la época que vivió y así trascendió en las imágenes creadas por los pintores que interpretaron la Biblia. La influencia griega no era ajena a este detalle. Buda, al contrario, era lampiño y como tal se representa, pero los chinos (como los egipcios) usaban barbas largas y estrechas (que nacían del mentón inferior) lo cual era el símbolo de su conocimiento y experiencia. (Los asiáticos tienen menor cantidad de vello que el caucásico).

Soñar con bigotes con las puntas echadas hacia arriba señala optimismo en lo autoritario, seguridad y a la vez, ideas egocéntricas (como Dalí). Con las puntas hacia abajo, indican tristeza o melancolía, pero conservando la autoridad imaginaria. Bigotes muy finitos señalan un marco a lo que sale de la boca (la palabra), elegancia, afectación o confianza en sí mismo. Un bigote o barba postizos representan aquello que es artificial con respecto al prestigio o un disfraz que tiende al ocultamiento, siempre referido a la autoridad (paterna).

Afeitarse en los sueños significa adoptar posturas contrarias a lo que se es y una especie de mutilación o tolerancia de actitudes contrarias. La conocida “cara limpia” de los afeites es una indicación hacia lo femenino y su imitación, además, suele ser una aceptación de la autoridad de la mujer sobre los gustos del varón. En la significación dual onírica, afeitarse puede dirigirse al concepto de liberarse de molestias o trabas.