La soledad puede convertirse en una situación indeseada, aunque no siempre es así. La soledad puede, igualmente, ser una elección que, en ciertos momentos y circunstancias, reporta beneficios y bienestar.

Cuando la soledad no es elegida deviene el problema; un problema que en casos extremos puede desembocar en patologías como la depresión.

¿Qué es la soledad?

Se entiende por soledad el hecho de estar o sentirse solo. Es el segundo caso, no obstante, el que tiene más connotaciones de índole psicológica. Las causas que provocan la sensación de soledad son diversas; unas relacionadas con la propia personalidad del individuo y otras sobrevenidas por hechos que escapan a su control.

En otros términos más positivos, la soledad es un estadio necesario para conocerse uno mismo. Este conocimiento redundará en beneficio del individuo en cuanto a una relación más auténtica con los demás. Pero como todas las cosas, el problema está en la dosis. Un exceso de soledad apunta hacia las dificultades para relacionarse con los demás, y un defecto hacia la dificultad de relacionarse consigo mismo.

Se puede concluir que la soledad puede ser beneficiosa o perjudicial, y a veces con unos límites bastante difusos. Gustavo Adolfo Becquer recoge maravillosamente esta paradoja en su reflexión: “La soledad es muy hermosa, cuando se tiene alguien a quien decírselo”.

Soledad: orígenes y secuelas

La soledad tiene su origen en situaciones personales concretas, como puede ser un desplazamiento forzado por circunstancias más o menos traumáticas –desarraigo–, un trabajo que conlleve incomunicación u otras circunstancias ajenas a la voluntad de la persona.

Hay otro tipo de soledad mucho más habitual y que sí tiene que ver con la personalidad del individuo. Esta puede tener un carácter genético, haber formado parte de un aprendizaje con carencias o haber sido motivada por algún hecho traumático.

Si bien la soledad es en sí misma una secuela que habría que relacionar con un origen concreto, también es cierto que genera sus propias secuelas, como pueden ser la tristeza, la angustia o la sensación de abandono.

La soledad y la pérdida

Pocos hechos son tan traumáticos como la pérdida de un ser querido, bien sea un familiar, la pareja o un amigo. Esta situación tiene el poder de sumir a la persona en un profundo estado de soledad. La particularidad, en este caso, es que se trata de una situación transitoria, salvo excepciones. Con el tiempo termina por desaparecer el vacío que deja la ausencia del ser querido y, como se suele decir, la vida continúa.

La soledad y el éxito

Quien más y quien menos sueña con alcanzar el éxito, pero el éxito, en algunos casos, no está exento de soledad.

Convertirse en un triunfador puede transformar a la persona, y no necesariamente para bien. El cambio puede volverlo egoísta, despótico, insolidario y engreído, por lo que la soledad se hace presente por el abandono de cuantos antes le rodeaban. En sentido contrario, el éxito puede atraer a muchos falsos amigos, que en ningún caso estarán en disposición de cubrir las necesidades afectivas ni de interrelación social sincera y enriquecedora. En el fondo también aquí subyace la soledad.

La genialidad, pariente lejano del éxito, también es susceptible de ser un generador de soledad. De hecho la soledad es la escuela del genio, pero también puede ser su cárcel.

Soledad; de la enfermedad a la timidez

La enfermedad es una de esas causas donde la persona poco puede hacer respecto a la soledad. Y con la timidez, dentro del terreno de la psicología, sucede otro tanto.

Enfermedades como la depresión o la esquizofrenia, entre otras, limitan la capacidad del individuo hasta aislarlo del resto de mundo. Por otra parte, este tipo de enfermos, que en un primer momento pueden recibir visitas de la familia y amigos, a la larga suele suceder que las visitas disminuyen hasta desaparecer.

La timidez también tiene una gran influencia a la hora de aislar al individuo, atrapado por sus propias limitaciones e incapaz, muchas veces, de superar una condición que detesta, y para la que carece de recursos que le permitan superarla. En ocasiones se huye de la soledad para caer en la dependencia.

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