Sodomía, coito anal. El origen etimológico procede de la ciudad de Sodoma, en Canaán, que Yahvé destruyó mediante una lluvia de fuego para castigar el pecado que allí reinaba (Cap. XIX Génesis, Biblia).

El sexo anal como tabú

El sexo anal ha estado siempre equiparado a lo pecaminoso en la sociedad occidental. Ya en Roma clásica y Grecia, aún practicándose, no era bien visto y sólo estaba aceptado si se realizaba a esclavos o esclavas.

Y durante toda la historia Europea Occidental, el sexo anal ha sido proscrito y censurado.

Desde la Gracia clásica, el hombre acostumbraba a tomar a la mujer por detrás, aunque la penetración fuera vaginal, para demostrar su superioridad frente a la hembra, que debía adoptar una postura sumisa. De ahí el término "griego" para adjetivar esta práctica.

La mayor parte del reino animal utiliza esta posición para aparearse y nosotros pertenecemos. En cuanto al sexo anal, no es privativo del ser humano, sino que se han recogido estudios acerca de los primates bonobos y algunos cánidos practicándolo.

En el caso de los primates, sería una parte más del juego sexual, como en los humanos. Los cánidos identifican esta práctica con el poder jerárquico y el sometimiento.

La asociación de sexo anal y tabú está estrechamente relacionada con este aspecto animal que el ser humano ha rechazado durante milenios, y a la condición de sexualidad de resultado infértil y de riesgos sanitarios.

Sodomía como sinónimo de homosexualidad

Obviamente es la práctica homosexual masculina por excelencia, y queda indeleblemente estigmatizada como hábito gay, cuando en realidad es utilizada por homosexuales y heterosexuales.

Entre los heterosexuales existen las dos posibilidades. El varón es el que sodomiza a la mujer, obteniendo placer de la gran presión en el glande, mientras ella se satisface con la estimulación

del útero, que en otra práctica sexual es raramente estimulado.

La mujer también puede penetrar analmente al varón, con sus dedos, con dildos o con dilatadores. La opinión está dividida a este respecto entre los hombres. Algunos encuentran un gran placer en ello y una vez superado el pudor a reconocerlo, gozan con la estimulación intensa producida en su próstata. Otros no quieren saber nada con este tema cuando se trata de recibir sexo anal, pero felizmente lo practican en una mujer.

La irresistible atracción de ese bamboleo

Dejando aparte la historia y la fisiología, el hecho es, que la mayoría de los hombres sigue con lujurioso interés el caminar bamboleante y cadencioso de un buen trasero femenino.

Y ellas lo saben...ohhhh sí...acompañan este vaivén natural con un aprendizaje delicadamente exagerado, unos altos tacos que lo hagan aún más notable, o prendas que ajusten bien la cintura para resaltar la redondez ofrecida al caminar.

Las nalgas humanas son más pulposas y grandes que las del resto de los primates, son un referente sexual para traer a la cópula, o en este caso, al recreo sexual.

Ernst Gräfenberg fue el descubridor del punto G femenino, y refirió que la postura ideal para alcanzarlo era la penetración por detrás. Con sexo anal o sin él, la visión de los glúteos y de un ano, y máxime si rozan el miembro masculino, producen fácilmente una erección.

La piel de los glúteos es muy sensible y responde a las caricias intensamente, lo que produce un fuerte estímulo sexual en ambos amantes.

Práctica y cuidados en el sexo anal

La práctica del sexo anal requiere de ciertos cuidados y prevenciones a tomar en cuenta:

El esfínter anal no produce ningún tipo de lubricación natural que ayude a la penetración, por tanto deben utilizarse lubricantes para facilitar el proceso y evitar desgarros y molestias importantes.

  1. El mimo y el juego previo ayudan a la relajación, y facilitan la penetración, que de todos modos debe ser lenta y cuidadosa para que ambos obtengan placer y no una experiencia desagradable.
  2. Hablamos aquí de realizar el coito en la cloaca humana, por tanto la higiene debe ser máxima. Nunca mezclar las dos penetraciones, anal y vaginal, de un modo indiscriminado. Puede efectuarse primero la vaginal y después la anal, y jamás del otro modo, puesto que las bacterias y gérmenes que introduciríamos en el cuello del útero pueden provocar serias infecciones.
  3. Si la pareja con que se realiza este encuentro amoroso es reciente, o no se conoce perfectamente la historia sexual del otro, o la confianza aún no es total, conviene, en todos los casos utilizar un preservativo, y de este modo prevenir enfermedades venéreas o sida. Se llamó al sida la enfermedad de los homosexuales por la rápida manera en que se extendió en esta comunidad la enfermedad. ¿La causa? El sexo anal, las fisuras o pequeñas grietas, arañazos etc. en el coito, provocan pequeños sangramientos, que en el caso de un enfermo de sida son suficientes para el contagio.

Una redonda conclusión

Los glúteos son provocativos, redonditos y apretables. Provocan deseo, se contonean, y dominarlos y penetrarlos es un impulso irresistible para el varón. Su placer es indiscutible, puesto que el ano es una cavidad estrecha que a ellos los abraza fuertemente el miembro, provocando orgasmos intensos

Y ellas... ¿qué obtienen? Dejando de lado la manipulación psicológica de entregar a cambio de una recompensa, ya sea matrimonio o diamantes, la mujer también puede obtener placer de esta práctica.

Relajada, seducida y estimulada apropiadamente, con cuidado pero firmemente, el movimiento de la cópula anal hará que sienta un doble placer, el estímulo de su clítoris por el estiramiento de los labios vaginales, y el estímulo del útero y el punto G.

Como siempre, el secreto está en la comunicación previa entre los amantes, la confianza, el amor y el desenfreno del deseo. Conocer al otro y fijarse si es de su agrado o no, invitar, ceder, conseguir...el placer es también psicológico.

Para el varón es "poseer" del todo a su hembra, para ella es sentirse absolutamente "tomada" por su macho y en el calor de la batalla sexual, se olvidan los posicionamientos filosóficos acerca de machismo y feminismo y se disfruta el "animalismo".