En nuestra post-modernidad, que ha pasado por la 'Revolución Francesa', la Industrial, la Digital, e incluso, la Sexual; nadie piensa en negar los famosos derechos del hombre. La libertad, la igualdad y la fraternidad siguen girando en el imaginario colectivo como el punto de encuentro de diversas ideologías.

La sociedad post-moderna de la comunicación, los "i-Pods", la comida rápida y el "sex-cam"; es también, aparentemente la sociedad de la argumentación, de la discusión abierta de ciertos temas que antes formaban parte de la "espiral del silencio".

Del acceso al "estado extático"

La propuesta de legitimar el consumo de mariguana para fines no terapéuticos en California ha suscitado una serie de discusiones a nivel local, federal e incluso, internacional. Es verdad que la decisión de la potencia norteamericana afectará a otros países, sin embargo hay algo en la discusión que no se ha tomado en cuenta y es nuestro derecho a la embriaguez.

Al igual que nuestro derecho a rendirnos y a retirarnos, el libre acceso al "estado extático" ha sido negado o, por lo menos, prohibido en nuestra ultra avanzada sociedad post-moderna. Es indudable que, desde tiempos inmemoriales, el consumo de sustancias ajenas al cuerpo humano ha servido como un camino a la creación.

De igual forma, el acceso a ciertos enervantes ha provocado en muchos creadores el recorrido abierto hacia la destrucción. En efecto, el estado extático posee el carácter Dionisíaco; la sombra, como decía Jung, está presente, acechante en el acceso del "estado extático".

La negación del "estado extático" y su carácter creativo-destructivo

El acceso al estado extático ha permanecido oculto en la sociedad por su carácter dual: creativo-destructivo. Representa el descubrimiento que viene acompañado de un derrumbamiento, que finaliza en un acto de creación. Curiosamente, en sociedades que se caracterizan por su hambruna de novedad, las condiciones de posibilidad que permiten el descubrimiento del éxtasis se han encontrado, en su mayoría, fuera de los confines aceptados.

Los outsiders han sido entonces quienes han proclamado y ritualizado el carácter dual del éxtasis. Pero dicho estado se vuelve incapaz de crear cuando se permanece demasiado tiempo en él, o mejor dicho, se encuentra en un estado de preñez perpetua, donde la idea no pasa de eso y deja de lado al accionar creativo.

La creación en dicho estado

El derecho a la embriaguez tiene pues una intención deconstructiva y una misión productiva. La creación está relacionada directamente con la exploración de lo sensible. El acceso a las sustancias enervantes, como su definición simple lo indica, excita los nervios, provocando, en dicha excitación un descubrimiento de lo que se oculta en la realidad.

La ebriedad es entonces, el momento en el cual el creador logra llegar a las profundidades de su entendimiento, derribando sus paredes, transgrediendo el orden natural, preestablecido. La embriaguez es el estado que escapa de lo real por tener su fijación precisamente en el instante en que el intelecto muere.

La embriaguez, la locura y la muerte

Ahora, hay que señalar, que el éxtasis, en el sentido último, está asociado con la locura y la muerte. Es por ello que el acceso a la embriaguez posee dentro de sí, una especie de percepción sensible del sentido de la muerte. Es precisamente por este puente que se crea con la locura y la muerte, por el cual, el creador, el artista, se adentra a una realidad completamente suya, en la cual sus nervios, al estar alterados, son capaces de ir más allá de lo establecido.

Las sociedades post-modernas, con todas esas pseudo-libertades, ha negado el acceso a la embriaguez precisamente por su carácter volátil, absoluto, inmanejable. Así pues, nuestra sociedad post-moderna ha impuesto, desde su nacimiento industrial el tener al ser. Taimando la apropiación humana de su propia naturaleza.

Es por ello que, en una sociedad que acepta como pilar fundamental las libertades individuales, es imperativo que el derecho a la embriaguez se incluya como parte primordial de la relación del hombre con su propia naturaleza. Al hacerlo, se estará dando un paso hacia delante en la conquista de las libertades naturales del hombre.