Parece increíble que una de las personalidades más importantes de la historia de la música viva hoy en día en la indigencia, pero así es. Sylvester Stewart, alias Sly Stone, músico innovador y pieza clave para entender el nacimiento y desarrollo de la música funk vive en la actualidad en una caravana aparcada en el peligroso barrio de Crenshaw, en Los Angeles, subsistiendo de la caridad de una pareja de jubilados que lo alimentan cada día y le dejan ducharse en su casa de vez en cuando.

Una banda multirracial

No siempre fue así. De hecho, Sly reinó en las listas de éxitos de los 60 y 70 y fue encumbrado por crítica y público como uno de los grandes nombres de la música negra norteamericana, siendo recompensado con una merecida fortuna.

Su grupo, Sly & The Family Stone nació en el efervescente San Francisco de mediados de los 60 y rápidamente llamó la atención, no solo por contar indistintamente en sus filas con miembros de ambos sexos de raza negra y blanca, sino por un exquisito tratamiento de la música soul, que era mezclado de forma muy natural con el rock and roll, el jazz o la recién nacida psicodelia.

Esta fusión de razas, sexos y músicas, y el mensaje de paz y armonía en sus letras encajó perfectamente con los gustos hippies de la época, consiguiendo el éxito masivo con el excelente álbum “Stand!” (1969).

Dicho éxito les permitió participar como cabezas de cartel en el legendario festival de Woodstock en 1969, donde demostraron ser una de las mejores bandas que actuaron en el evento y dejaron maravillados a toda la generación del flower power.

Un nuevo sonido

Desde luego, es discutible otorgarle a Sly el honor de crear el sonido funky. Mucho antes ya coqueteaba con esa música el padrino del soul, James Brown o lo destilaría el genial George Clinton con sus bandas experimentales Parliament y Funkadelic, llevandolo a la quinta esencia en los 70 con la delirante P-Funk.

Incluso remontándonos a los 50, se podría citar como creador original del sonido al batería de Little Richard, Earl Palmer (que después se uniría a la banda de Brown), pionero en utilizar el ritmo downbeat, con énfasis en en primer beat de cada tiempo.

Sin embargo, esa música sincopada y bailable propia del funk contaría con el bajista de la Family Stone, Larry Graham como uno de sus más importantes e influyentes promotores.

Graham, además de sus hipnóticas líneas de bajo eléctrico como motor fundamental de cada canción de la banda, introduciría la técnica del slap, dotando de un protagonismo rítmico nunca visto al instrumento y abriendo las puertas a una nueva y excitante música por explorar.

Los grandes himnos del funk

Junto a Larry Graham al bajo, destacan las inestimables aportaciones de Gregg Errico a la batería, Cynthia Robinson y Jerry Martini a los vientos, o los hermanos de Sly, Freddie y Rose Stone a la guitarra y el piano respectivamente. Juntos, con Sly Stone ejerciendo de líder, compositor, maestro de ceremonias y excelente cantante, crearon un sorprendente repertorio de infecciosas canciones que hicieron bailar a personas de todas las razas durante una década.

Como ejemplo, ahí están sus grandes hits, las exquisitas “Everyday People”, “Hot Fun in the Summertime” o “Dance to the Music”, en lo más alto de las listas de éxitos.

Pero, como James Brown, también se involucraron políticamente con temas anti-racistas como “Don’t Call me Nigger, Whitey” y arengaron a las masas al desmadre con “I Want to Take You Higher” o “Sing a Simple Song”.

La comercialidad se mezclaría con la innovación en muchos casos. El paradigma será “Thank You”, donde Graham revolucionaría el mundo de la música con su visionaria línea de bajo slap.

Los oscuros años 70

El cambio de década conllevó un cambio de actitud. Los Black Panthers presionaron a Sly para que se deshiciera de los músicos de raza blanca y la banda empezó a distanciarse.

Sly nunca se caracterizó por huir de los excesos y ya en 1969 era adicto a la cocaína y al PCP. Sus excentricidades aumentaron y se rodeó de un séquito de gangsters y camellos que no hicieron más que erosionar las relaciones internas del grupo.

De la positividad de la etapa hippie se pasó a una música mucho más oscura y emotiva, sobre todo con su álbum “There’s a Riot Goin’ On” (1971), que ya abandona el soul psicodélico para adentrarse en audaces experimentos musicales que influenciarían de forma masiva, no solo a sus coetáneos (desde Miles Davis a George Clinton), sino a posteriores generaciones de músicos que llevarían el funk militante a nuevos terrenos como el hip-hop.

El disco fue un rotundo éxito y cuenta entre sus pistas con hits del tamaño de “Runnin’ Away” o “Family Affair”, primera canción popular en introducir una caja de ritmos.

La decadencia

La cada vez más preocupante inestabilidad mental de Sly se agravó hasta límites inaguantables y la banda no tardó en quebrarse. La sección rítmica compuesta por Errico y Graham fue la primera en abandonar el barco, y pese a seguir produciendo éxitos como “If You Want me To Stay”, el grupo se disolvió definitivamente en 1975.

Tras esto, Sly inició una irregular carrera en solitario y volvió a formar la Family Stone con otros miembros, pero nunca llegó a las cotas de genialidad y éxito de los buenos tiempos.

Entrando y saliendo de clínicas de rehabilitación, su luz se fue apagando poco a poco, pese a ser reivindicado permanentemente por estrellas como Prince, Michael Jackson, Stevie Wonder, Chuck D o los Red Hot Chilli Peppers.

Una injusta realidad

En el 2007, Sly reapareció en los escenarios despertando enormes expectativas, pero sus actuaciones fueron duramente criticadas por su mediocridad y el vergonzoso estado de salud del genio, que evidenciaba su fracaso en dejar atrás las adicciones. La decepción fue tal, que la carrera de Stone cayó en picado, aunque sacó un nuevo disco en 2011.

Actualmente, esta leyenda de la música negra vive en la indigencia, al perder sus antaño numerosas propiedades, aunque asegura estar feliz en su pequeña caravana. “Simplemente, no quiero volver a una casa fija”, afirma. “No puedo estar en un mismo lugar, necesito mantenerme en movimiento”.

Una pareja de ancianos del peligroso barrio de Crenshaw (ahí se rodó “Boyz In the Hood”) se ocupa de él dándole un plato caliente diario y prestándole su ducha cuando es necesario.

Desde luego, sería un honor para mi que el mismísimo arquitecto del funk se duchara en mi casa.