La entrada de la mujer en el mercado de trabajo se situaba a finales de 1997 próxima al 45% (sobre el total de mujeres entre 15 y 64 años). Esta participación sin embargo no se distribuye por igual entre países, regiones y grupos de edad.

Feminización del aumento de la fuerza laboral

En las últimas dos décadas se ha producido un fuerte aumento de la participación de la mujer en el mercado de trabajo, dinámica conocida como feminización del aumento de la fuerza laboral. En los países de la OCDE la tasa de actividad femenina aumentó en el periodo 1992/1983 a un ritmo del 2% anual, mientras que la participación de los hombres lo hizo al 0.8%. A pesar de la recesión económica y las reformas del mercado laboral incluyendo su flexibilización, en Europa Central y Oriental la participación de la mujer en el mercado laboral apenas se ha resentido así en la Federación de Rusia, Ucrania y Belarús, la participación de las mujeres en el empleo remunerado ha permanecido estable desde 1991.

Dinamarca, Suecia, Finlandia y U.K destacan con porcentajes superiores al 53% de la tasa de actividad femenina, mientras que en el extremo opuesto aparecen España, Grecia, y Luxemburgo con cifras inferiores al 40%. Entre Dinamarca e Italia existen 15 puntos de diferencia. Si lo comparamos con la participación de los hombres, esta presenta niveles medios del 65%, lo que implica un gap de género de 20 puntos que en países como España, Grecia, Italia e Irlanda supera los 25 y en los países del Norte es inferior a 10. Por lo tanto, aparece una clara conexión entre países con menores tasas de participación y a la vez mayor diferencia entre las tasas por género.

La Comisión Europea está realizando importantes esfuerzos de investigación para conocer las características del empleo de la mujer en la Unión Europea debido especialmente a la responsabilidad que ha asumido en la puesta en práctica de una política de empleo activa que garantice la cohesión económica y social y la igualdad de oportunidades.

La cumbre de Lisboa

La Estrategia Europea para el Empleo, aprobada en la cumbre de Luxemburgo de 1997, en un contexto de elevadas tasas de paro fue revisada en el año 2000, por la cumbre de Lisboa, en la que se fijaron objetivos de empleo a corto y largo plazo. El Consejo de Niza, exigía una revisión de la E.E.E. en el año 2002. En este contexto, se quiere evaluar la situación del empleo en España desde una perspectiva de género, teniendo como referencia el contexto europeo.

El objetivo fijado en Lisboa sobre el aumento de la cantidad y calidad de empleo exige de nuestro Gobierno, conciba las políticas de empleo de cara a mejorar los resultados de la calidad del trabajo y conseguir altas tasas de empleo para mujeres y hombres de forma simultánea.

Reducción en las diferencias entre tasas de empleo

En 2001, las diferencias entre las tasas de actividad y de empleo de las mujeres y hombres han continuado reduciéndose. En 2001, la diferencia entre la tasa de actividad de los hombres y la tasa de actividad de las mujeres en la Unión Europea, se situó cerca de un 18%. Las reducciones más significativas de las disparidades entre las tasas de empleo de hombres y mujeres se han observado en los Países Bajos, en Alemania y en Austria. En estos tres países, esta disminución se explica por los escasos resultados del acceso de los hombres al empleo.

Las tasas de actividad de las mujeres en la Unión Europea han aumentado para llegar cerca del 60%, mientras que la de los hombres sigue estable en 78%. El crecimiento de la participación de las mujeres en la vida activa ha sido más significativo en los Países Bajos, en España, Portugal, Alemania e Irlanda.

Comparando la situación española con la media de la Unión Europea, se constata que la tasa de actividad de las mujeres españolas es muy inferior a la tasa de referencia europea.

Los datos referidos a la población masculina española, tanto de actividad, empleo y paro son muy similares a los de la población masculina europea.

En la actualidad, más inmediata dentro del contexto de crisis mundial que estamos viviendo, España no logra salir bien parada en las estadísticas europeas. El 66´4% de la población activa masculina española (los que quieren y están en disposición de trabajar) tienen un empleo. Mientras que en el caso de las mujeres, son sólo el 53%, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), reflejando las desigualdades que aún persisten. Esta diferencia de 13,4 puntos supera a la media de la Unión Europea, que está en un 12´3%. Llama la atención el caso de Italia, el segundo miembro de la UE con mayor descompensación entre ocupación masculina y femenina (23 puntos), solo superada por Malta (33´7 puntos), datos obtenidos según Eurostat.

En países del Este, como Polonia y Eslovenia, también existe una brecha en la ocupación entre uno y otro sexo (en todos los casos desfavorable a la mujer) mayor que en España, pero se aproximan a la media. Los países nórdicos son ejemplo de lección de avance social en el terreno de la igualdad: Suecia, Holanda y Dinamarca son los que tienen más paridad laboral, con una diferencia de empleo entre los dos sexos que ronda los cuatro puntos.

La media de ocupación española de mujeres se queda, por tanto, lejos de los objetivos marcados para 2010 por el Tratado de Lisboa (60%).