La idea de una hermosa mujer con cola de pez que salva a los marineros de morir ahogados esta grabada en el imaginario colectivo pero hubo una vez en que las sirenas no vivían en el mar y eran más semejantes a grandes aves. ¿De dónde vienen realmente estos seres? ¿Cómo bajaron de los cielos hasta las profundidades del océano? ¿Por qué en la actualidad se piensa en ellas como criaturas protectoras y no como monstruos desalmados?

El nacimiento de las sirenas

El origen de las sirenas como monstruos alados se remonta al mito del rapto de Perséfone, divinidad de la naturaleza anterior a la agricultura hija de la diosa Deméter. Según la leyenda la joven había ido a recoger unas flores en el campo de Enna en compañía de Atenea, Artemisa y las ninfas Parténope, Lidia y Leucosia cuando, de pronto, Hades surgió de una grieta del suelo y arrastro a Perséfone al inframundo.

Como castigo por no evitar el secuestro de su hija Deméter transformó a las desdichadas ninfas en sirenas, es decir, en figuras de torso femenino, pies con escamas y poderosas alas para poder ir de un lugar a otro en busca de Perséfone.

El poeta Ovidio narra otra versión del relato en Las Metamorfosis según la cual las compañeras de la diosa Perséfone pidieron alas a las divinidades del Olimpo para ver si podían encontrar a su amiga. No obstante, no la hallaron y entretanto la muchacha comió del fruto prohibido del mundo subterráneo por lo que estaba obligada a permanecer en el reino de los muertos.

Odiseo burla el canto de las sirenas

La literatura siempre ha tenido presente a estos seres mitológicos. En la Odisea de Homero se pueden ver las primeras referencias a las sirenas. Habitaban en una isla del mar Mediterráneo y se dedicaban a atraer a los marineros descuidados que se dejaban seducir por su canto para así poder devorarlos.

La fama de la música de las sirenas era tal que Odiseo no pudo resistir la tentación y quería escucharla a toda costa. Por eso trazó un plan para que ni él ni su tripulación sucumbieran a la muerte y pudieran regresar a Ítaca sanos y salvos.

Ordenó que le ataran al mástil de la embarcación con unas gruesas cuerdas y que no lo soltaran bajo ninguna circunstancia aunque él se lo pidiese al oír a las sirenas. Sus marineros se taparon los oídos con cera para no caer bajo el hechizo de las dulces voces de estos demonios alados y así pudieron continuar su viaje.

Encantadoras criaturas marinas

¿Cómo es posible que esas horribles mujeres-pájaro llegaran a convertirse en figuras femeninas con cola de pez? Una teoría señala a Cristóbal Colón como uno de los primeros europeos en hablar de unas sirenas mudas y no muy agraciadas que le recibieron al llegar a América que en realidad eran grandes manatíes.

En el cuento de La Sirenita de Hans Christian Andersen la protagonista habita en los mares. Es buena, dulce y su voz prodigiosa. La sirena se enamora de un príncipe humano y lo abandona todo por estar junto a él arriesgando su propia vida a pesar de que su amor no es correspondido.

La historia tiene un final agridulce. Sirenita está a punto de desaparecer para siempre convertida en espuma por no casarse con el príncipe. No quería matar a su amado con un puñal mágico para volver a ser una sirena así que aceptó su destino.

En el último momento es salvada por las hadas del viento que la convierten en una de ellas por sus buenas acciones pero la jovencita derrama lágrimas por su amor perdido.

Horripilantes híbridos semejantes a maléficas harpías o bellas mujeres de ensueño con cola de pez. El mito cambia con el paso de los siglos pero el canto de las sirenas sigue obrando su magia inspirando a muchos artistas como el pintor Jon William Waterhouse o el escultor Pere Jou.