La palabra sirena proviene del latín “siren” cuyo significado puede tener dos significados, “atar con una cuerda” o “claro y seco”, el primero puede venir de la Odisea y el segundo haría referencia a un tipo de climatología que, por lo que parece, sería el más idóneo para vislumbrar a estos seres.

El origen de las sirenas

Las representaciones griegas de las sirenas son las más antiguas de las que se tienen constancia y se las muestra como un ave con cabeza y pecho de mujer en vez de la imagen tradicional que se tiene de ellas en forma de pez.

Según la mitología griega, eran hijas del dios fluvial Aqueloo y, en cuanto a su madre, no queda claro si eran hijas de las Musas, de Mnemósine, diosa de la memoria, de Gea o como sugiere Platón, eran hijas de Fórcine y de Ceto. Lo que si que parece seguro es que eran parientes de monstruos terribles como las gorgonas.

La transformación que sufren las sirenas se debe a un enfrentamiento con las musas. Durante una competición de canto, las musas desplumaron a las sirenas y éstas, humilladas, se lanzaron al mar para quitarse la vida.

Según los relatos, tres de estas sirenas sobrevivieron, Leucosia, Ligea y Paténope, aunque el nombre más antiguo es el de una tal Himeropa, según la inscripción de un vaso conservado en el Museo Británico.

Dichas sirenas tenían su morada en una isla italiana y desde allí, atacaban a los marinos.

Los textos que recogen las victorias de los humanos sobre estos seres son dos: "Los argonatuas” de Apolonio de Rodas, donde son vencidas gracias a la música de Orfeo y La Odisea, donde Ulises se ata al mástil de su barco para no sucumbir al canto de estos seres.

Según “La Odisea”, las sirenas se precipitaron, una vez vencidas, al océano y se convirtieron en arrecifes.

Sirenas en la Edad Media

Después de la caída del Imperio Romano, las sirenas empiezan a adoptar la forma actual de mujer con cola de pez.

Existen varias teorías acerca de esta transformación. Es posible que se las confundiera con las Tritónidas aunque algunas fuentes sugieren que las sirenas perdieron sus alas para evitar que, con la ascensión del cristianismo, se las confundiera con los ángeles.

Ya en la Edad Media, la creencia en la existencia de estos seres estaba más que aceptada incluso por la Iglesia.

Así aparecen textos descriptivos como el recogido en el “bestiario del Amor”, escrito por Ricardo Fournivel hacia 1250 y que dice: “… Pues hay tres guisas de sirenas, dos de las cuales son medio mujeres y medio peces, y la tercera, medio mujer y medio ave…”

Casos de capturas de sirenas

En el año 585, fue capturada en las cercanías de la costa norirlandesa lo que, para los pescadores, parecía una sirena. Le dieron el nombre de Murguen y la tuvieron en un recipiente donde vivió. La anécdota estriba en que dicha sirena fue bautizada e incluso llegó a ser Santa Murguen.

En el año 601, tal y como recoge Ambroise Paré en sus escritos, Menas, entonces gobernador de Egipto vio salir del Nilo a un hombre cuya mitad se correspondía con un pez.

Las tradiciones celtas hablan de las Mermaids (hijas del mar) y en Islandia circula la leyenda recogida en 1215, que describe a Masgugue, monstruo marino con forma de mujer.

En 1403, en Holanda, se encontró a un extraño ser apresado en el fango de uno de los canales. Fue cuidada por las gentes de aquel lugar e incluso aprendió a coser. Las crónicas hablan que se comportaba como un ser humano aunque nunca fue capaz de hablar.

En 1869, en las aguas de las Bahamas, seis hombres a cargo del capitán Revoil, tuvieron un encuentro con uno de estos seres, descrito como “sirena de una gran belleza, que no cedía en nada a las mujeres más atractivas".

Sirenas españolas

En España, los casos que han tenido como protagonistas a las sirenas han existido también.

El caso más llamativo tiene que ver con el llamado “hombre pez de Liérganes” un personaje que desapareció en la ría de Bilbao y apareció, años después, nadando en las costas de Cádiz.

Cristóbal Colón, en su viaje de regreso de América, recoge en su diario con fecha 9 de enero de 1493 que: “ El día pasado, cuando un almirante iva al Río del oro, dixo que vido tres sirenas que salieron bien alto de la mar, pero no eran tan hermosas como las pintan, que en algunas maneras tenían forma de hombre en la cara; dix que otras veces vido alguna en Guinea...”

Como hecho curiosísimo cabe destacar que, los marineros españoles debían, antes de iniciar sus viajes, jurar ante un magistrado que nunca tendrían sexo con las sirenas, hecho que se produjo hasta finales del siglo XIX.

¿Existen o son mera leyenda?

La pregunta arriba indicada no tiene una fácil respuesta. Parece que las sirenas se han evaporado porque raros son los testimonios sobre los avistamientos en los siglos XX y XXI.

De hecho, la mayoría de las sirenas mostradas al público en esta época, no son más que burdas falsificaciones, fruto de uniones de partes de animales con las colas de peces de gran tamaño.

Sin embargo, ¿por qué decían esas cosas los marinos?

Existen teorías que tratan de explicar este fenómeno, como la creencia de que, en realidad se tratara de animales como las focas o los manatíes, pues se sabe que pueden adoptar posiciones verticales y que emiten sonidos que pudieran tomarse como cantos de sirena.

No obstante, la teoría en la edad media que más fuerza cobra, es aquella dada por la Iglesia que se asegura, como dice el benedictino Benito Feijoo, que: “Podemos suponer que son el fruto de coitos perversos entre individuos de dos especies”.

Como todo misterio, no se sabe a ciencia cierta qué parte de verdad tenían aquellos relatos.