Los primeros en irse de vacaciones ya han regresado y a pesar de haberse relajado, cambiado de ambiente, realizado nuevas actividades, etc., ahora se encuentran tristes y sin ánimo. Es lo que se ha dado en llamar “síndrome postvacacional”.

Tranquilos, que no se trata de una verdadera enfermedad; en realidad es un ligero desajuste que se soluciona pasados unos días.

Síndrome postvacacional: el duro regreso a la rutina diaria

Acabaron las vacaciones para algunos y empieza el “síndrome postvacacional”. Se trata de una serie de trastornos, tales como: sensación de fatiga, tristeza, insomnio, falta de concentración, nauseas, ansiedad y problemas estomacales. El síndrome afecta a todo el mundo en mayor o menor grado dependiendo del tipo de trabajo desempeñado, siendo los profesionales con trabajos cara al público los más afectados.

Este estado emocional negativo sucede porque durante las vacaciones nuestro ritmo de vida sufre un importante cambio. Nos liberamos de la rutina, los horarios ajustados, las broncas con el jefe, etc., sumergiéndonos en un ambiente más relajado. Ese tan deseado “hacer lo que uno quiere”, sin prisas, sin agobios.

Cambiamos los hábitos alimentarios, tomamos el sol, salimos por la noche, y por unos días nos sentimos totalmente libres. Todo esto contribuye a cambiar nuestros biorritmos y al volver necesitamos un período de una o dos semanas para volver a reajustarlos.

El síndrome potsvacacional ocasiona trastornos psíquicos y físicos

A nivel físico el síndrome ocasiona dolores musculares, cansancio extremo, dificultades de concentración, inapetencia, insomnio y un malestar generalizado. Psicológicamente uno puede sentirse irritable, melancólico, con un cierto pasotismo y mucha tristeza.

Todos estos síntomas son la consecuencia del brusco retorno a la cotidianidad después de unos días sin obligaciones. Lo primero a evitar es obsesionarse con el pensamiento de que falta un año para las siguientes vacaciones y encerrarse en casa. En su lugar, por qué no organizar una salida de fin de semana y si esto no es posible por motivos económicos, una salida al teatro o al cine, una cena romántica, un paseo por el campo; cualquier cosa que sirva para crear nuevas ilusiones a corto plazo.

Debemos tomar el regreso como un cambio que no tiene porque ser negativo. Lo mejor es no esperar al último día para volver a casa, hacerlo unos días antes del regreso al mundo laboral puede ayudar. Se debe intentar mantener alguna de las aficiones que practicábamos en vacaciones, no llevarse trabajo a casa, mantener una dieta sana y equilibrada y sobre todo no pretender rendir al máximo en el trabajo desde el primer día. Hay que ir de menos a más, establecer prioridades e ir avanzando poco a poco.

El síndrome postvacacional y la alimentación

Si durante las vacaciones la alimentación ha sido muy diferente a la acostumbrada, es el momento de volver a los buenos hábitos alimentarios. No saltarse ninguna comida, tomar de tres a cinco piezas de fruta y verdura al día y aprovechar para comer alimentos ricos en triptófano, una aminoácido que activa la producción de serotonina y endorfinas, hormonas que mejoran nuestro estado de ánimo y reducen la ansiedad.

Alimentos ricos en triptófano

  • Chocolate: negro y con 70% de cacao no engorda.
  • Piña: licuada con su piel ayuda a reducir la celulitis, toxinas y líquido retenido.
  • Plátano: rico en vitaminas, triptófano y potasio.
  • Pimiento: la capsaicina que contiene potencia la producción de endorfinas.
  • Nueces: tres nueces al día ayudan a rebajar el colesterol “malo”.
  • Semillas de sésamo: añadidas a ensaladas y sopas.
  • Tofu: todas las ventajas de la leche y ningún inconveniente por estar hecho de soja.
  • Atún: mantiene las arterias libres de colesterol “malo”
Hay que evitar tomar demasiada sal, alcohol, refrescos y tabaco. Estos elementos perjudican la salud reduciendo los aportes que una dieta saludable puede proporcionar a nuestro organismo.