El síndrome de Munchausen por poderes es un trastorno que afecta a un adulto, generalmente la madre, pero que padece la víctima, su hijo. Se trata de un trastorno psicológico no muy frecuente y poco comprendido, cuyas causas no se conocen demasiado bien. Aparentemente es un modo de llamar la atención de los demás y buscar un reconocimiento, quizá para reforzar una autoestima muy dañada y poner de relieve, en este caso, un papel de progenitor abnegado. Probablemente el origen de este trastorno habría que buscarlo em algún tipo de carencia importante que se padeció durante la infancia.

Causas del Síndrome de Munchausen por poderes

La causa principal de este maltrato infantil casi siempre recae en la propia madre que, por lo general, responde a un perfil de mujer joven casada. Esta puede provocar síntomas de enfermedad en su hijo de muy diversas formas, como alimentarlo inadecuadamente, dándole fármacos innecesarios o infectar las vías intravenosas hasta lograr que el niño aparente la enfermedad o, realmente, esté enfermo.

El progenitor, ya en el hospital, suele mostrarse muy solícito y colaborador, siendo apreciado por el personal hospitalario por los cuidados que prodiga al menor. Su acceso constante al niño facilita la posibilidad de que pueda inducirle más síntomas. En los casos más extremos puede resultar mortal para el niño si no se llega a detectar a tiempo.

Una actitud habitual de estos progenitores es la exigencia de determinadas pruebas o intervenciones, mostrándose irritados cuando no logran salirse con la suya.

Patología y estadísticas del progenitor con Síndrome de Munchausen

Las personas con Síndrome de Munchausen por poderes suelen presentar trastornos de personalidad límite o personalidad histriónica. Es habitual que en sus relaciones sentimentales estén presentes problemas de diversa índole. De hecho, el padre no suele aparecer por el hospital o bien lo hace en mucha menor medida que la madre.

Hay ciertos aspectos relacionados con la persona afectada por el síndrome de Munchausen que vale la pena tener en cuenta. De algunos estudios que se han efectuado al respecto de esta patología se han extraido datos estadísticos muy relevantes. Así pues, el 70% ha sufrido abuso emocional y el 25% abuso sexual o físico. Un 55% abuso del alcohol u otras drogas y el 60% han intentado suicidarse en alguna ocasión. Se podría concluir, a tenor de estas estadísticas, que sus experiencias traumáticas les han llevado a desarrollar una patología por la que entienden que solo lograrán tener la atención y el reconocimiento, en definitiva, a sentirse necesarias y valoradas, cuando están enfermas o, más particularmente, cuando lo están los demás.

Síntomas del Síndrome de Munchausen por poderes

La sintomatología que se puede apreciar en el niño víctima del Síndrome de Munchausen obedece a unos patrones de conducta por parte del progenitor bastante clásicos. Entre los más evidentes:

  • Los síntomas del paciente no se ajustan a ningún cuadro clásico de una enfermedad y, en general, no tienen relación entre sí.
  • Los síntomas del niño experimentan mejoría en el hospital pero reaparecen una vez vuelve a su hogar.
  • El progenitor se muestra más atento de lo común y suele ser excesivamente servicial.
  • En muchos casos el progenitor posee conocimientos médicos o está relacionado profesionalmente con alguna rama de la atención médica.

Tratamiento del Síndrome de Munchausen por poderes

Lo primero que cabe señalar es que se conoce muy poco sobre la verdadera naturaleza de este trastorno, por lo que también existe un vacío en cuanto a tratamientos que pueden resultar efectivos.

En cualquier caso, la primera medida que debe tomarse radica en la protección del niño, apartándolo de los cuidados de la madre o el padre, a quien debe proporcionársele ayuda. No obstante, al tratarse de un tipo de maltrato infantil, el caso debe ser puesto en conocimiento de las autoridades que, con toda probabilidad, recomendarán que el afectado se someta a terapia.

Los niños igualmente requerirán, en muchos casos, atención médica y psiquiátrica. No es infrecuente que aparezcan secuelas como la depresión, la ansiedad u otras respuestas fruto del maltrato al que han sido sometidos.

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