El síndrome de Guillain-Barré es un trastorno donde el sistema inmunológico del cuerpo ataca a parte del sistema nervioso periférico. El síndrome de Guillain-Barré puede afectar a cualquier persona, sin distinción de sexo ni de edad. Se trata de una rara enfermedad que afecta a una persona de cada 100.000.

El síndrome de Guillain-Barré provoca daños fundamentalmente en la cubierta de los nervios. Esta cubierta se conoce como vaina de mielina, de ahí que a estos daños se les denomine desmielinización. Esta anomalía conlleva una ralentización de las señales nerviosas o incluso a que el nervio deje de trabajar.

Causas del síndrome de Guillain-Barré

No se sabe a ciencia cierta cuál es el desencadenante de la enfermedad de Guillain-Barré. El síndrome se puede presentar a cualquier edad, pero es más común en edades comprendidas entre los 30 y los 50 años. Se ha constatado que su aparición, a menudo, viene precedida por alguna infección menor, cuyos síntomas ya han remitido.

El síndrome de Guillain-Barré se presenta, en ocasiones, junto a otras infecciones de origen vírico como pueden ser la mononucleosis, el herpes simple o el SIDA. También puede aparecer con otras patologías como el linfoma de Hodgkin o el lupus eritematoso sistémico.

Igualmente puede presentarse el síndrome de Guillain-Barré tras una infección bacteriana, después de una cirugía o cuando el afectado está en estado crítico.

Síntomas del síndrome de Guillain-Barré

Los síntomas aparecen pronto y se agravan con rapidez. En los inicios el afectado puede percibir hormigueo o dolor en las piernas o manos que pronto se convierte en debilidad muscular. Habitualmente empieza en las piernas para ir subiendo después hasta los brazos; es lo que se conoce como parálisis ascendente. Cuando los nervios atacados son los que van al diafragma y al tórax el paciente requerirá asistencia respiratoria.

Los síntomas más comunes son la pérdida de reflejos en brazos y piernas, entumecimiento, descoordinación, hipotensión, cambios en la sensibilidad o dolor muscular. La debilidad o pérdida de la función muscular no afecta por igual a todos los pacientes. Pueden darse casos leves donde apenas se perciba esta sintomatología. En otros cursar en brazos y piernas, empeorar con rapidez en el transcurso de unos pocos días o afectar tan solo los nervios craneanos.

Otros síntomas pueden incluir palpitaciones, visión borrosa, espasmos musculares, torpeza o dificultades para mover los músculos de la cara. Algunos síntomas pueden considerarse como indicadores de emergencia y ante los que habrá que buscar asistencia médica inmediata. Entre ellos las dificultades respiratorias, como la incapacidad para respirar profundamente o la ausencia temporal de respiración, dificultades en la deglución, mareos y desmayos o babeo.

Tratamiento del síndrome de Guillain-Barré

Por desgracia no existe cura para el síndrome de Guillain-Barré, los tratamientos actuales pueden minimizar los síntomas, hacer frente a las complicaciones características de esta patología y acelerar el proceso de recuperación.

Cuando estos síntomas son graves el paciente requerirá hospitalización, donde es probable que sea necesario incluir la respiración artificial.

El tratamiento inicial consiste en la eliminación y bloqueo de las proteínas que atacan las neuronas. La plasmaféresis es un procedimiento que se emplea para extraer los anticuerpos de la sangre, por lo general del bazo. Otro método para bloquear los anticuerpos se basa en la terapia con inmunoglobulina en altas dosis; las inmunoglobulinas se añaden a la sangre en cantidades elevadas para lograr el bloqueo.

Otros tratamientos van dirigidos a evitar o prevenir futuras complicaciones. En ellos el empleo de anticoagulantes, para evitar la formación de coágulos, ayuda respiratoria si se aprecia debilidad en el diafragma o el empleo de antiinflamatorios o narcóticos para el dolor. Otras medidas incluyen un correcto posicionamiento del cuerpo y el uso de una sonda de alimentación para evitar los problemas de deglución.

El pronóstico del síndrome de Guillain-Barré es relativamente favorable, ya que la mayoría de las personas se recuperan completamente. Sin embargo el proceso puede durar meses o incluso años. De todos modos, en un porcentaje considerable, alrededor del 30%, la debilidad persistirá. El pronóstico es mucho más favorable cuando el paciente se recupera y desaparecen los síntomas en un plazo de unas tres semanas.

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