El síndrome de burnout también se le conoce como el síndrome de Tomás. Tomás es el protagonista de “La insoportable levedad del ser”, del novelista checo Milan Kundera, un personaje que había perdido su autoestima, con actitud derrotista y sin expectativas de futuro. En un sentido más familiar y, probablemente más conocido, el síndrome de burnout se corresponde con la expresión “estar quemado”. Esta expresión está inextricablemente ligada a la actividad laboral, uno de los pilares fundamentales en la existencia del ser humano. O así debería ser.

Cuando se produce una desconexión profunda en el sentido que se le presupone a esta actividad y lo que realmente se percibe y se siente, va apareciendo, a lo largo del tiempo, todo un repertorio de síntomas, tanto físicos como psicológicos, que sumen al individuo en un estado de desasosiego y apatía.

Causas del síndrome de burnout: el estrés laboral

El burnout se describe como un estado de agotamiento físico, emocional y mental, debido a la exposición prolongada a situaciones estresantes. La competitividad en el ámbito laboral, junto a la inseguridad y las exigencias cada vez mayores, van socavando voluntades e intereses, generando angustia, ansiedad y desánimo que repercuten en los ritmos vitales. Todo ello se traduce en diferentes afecciones que incrementan la sensación de impotencia y agotamiento emocional.

La capacidad de adaptación y de superar las adversidades se ve desbordada por unas circunstancias que escapan al control del individuo, y aparecen trastornos orgánicos y psicológicos que pueden degenerar en conductas autodestructivas.

En nuestra sociedad, tal y como reflejan recientes estudios, hay sectores más vulnerables que otros. Las mujeres, por ejemplo, por su doble rol en las tareas laborales y domésticas, parecen estar más expuestas a sufrir este síndrome. También las personas sin pareja estable ni hijos presentan una situación de riesgo más elevada, ya que, según parece, tienen menor capacidad para afrontar los problemas y conflictos emocionales.

Síntomas del burnout: cuando el trabajo no es fuente de placer

Es indudable la importancia del trabajo, no solo como medio de supervivencia, sino por lo que puede aportar a otros niveles, como la autorrealización y la satisfacción de estar contribuyendo de un modo positivo en la sociedad. Cuando se percibe el trabajo como un hecho monótono que solo produce apatía y desencanto, al final, aparecen los síntomas característicos del burnout:

  • Estrés crónico.
  • Culpa.
  • Problemas familiares.
  • Vacío existencial.
  • Cefaleas.
  • Falta de empatía.
  • Cinismo.
  • Depresión.
  • Neurosis.
  • Psicosis.
  • Ideación de suicidio.
  • Tristeza
  • Irritabilidad.
  • Abuso de drogas.
  • Ansiedad.
  • Problemas de sueño.
  • Taquicardia.
La combinación de varias de estas señales indica que hay que replantearse el modo de trabajar o el trabajo en sí mismo.

El diagnóstico y tratamiento del síndrome de burnout

El diagnóstico es tan necesario como el reconocimiento por parte del afectado con relación a la situación que está viviendo. El diagnóstico precoz y las oportunas medidas médicas y psicológicas son las que permitirán revertir muchos de estos cuadros. Cambios en la calidad de vida y, sobre todo, incidiendo en los tiempos invertidos en el trabajo, el sueño y el ocio, son los que pueden ayudar a equilibrar la balanza de un estado de ánimo desquiciado.

A nivel social sería interesante implementar nuevas técnicas de recursos humanos que persigan una mayor humanización en las relaciones laborales, gratificando al individuo en un amplio espectro que aporte sentido a su cometido y, por ende, que mejore su calidad de vida.

Existen test para valorar el estado del trabajador en su ámbito laboral, lo que permite establecer un diagnóstico precoz del problema.

La prevención empieza por tomar una serie de medidas que limiten al máximo la posibilidad de que aparezca el síndrome de burnout. Entre ellas está el proceso de adaptación enfocado a expectativas reales, el aprendizaje en el manejo de las emociones, el equilibrio en áreas vitales, como la familia, aficiones, amigos o trabajo, limitar al máximo la agenda, apoyarse en los compañeros de trabajo, mantener una jornada laboral ajustada a las necesidades personales y empresariales, fomentar una buena atmósfera laboral y mantener un diálogo efectivo.

Si el artículo te ha parecido interesante ayuda a su difusión con un clik en "me gusta".

Podéis seguir mis artículos en Twitter.