El síndrome del colon irritable empieza a manifestarse entre los 20 y los 30 años, aunque la mayor prevalencia se sitúa en pacientes de 45 a 65 años. Se trata de una afección con una incidencia algo superior en el caso de las mujeres.

El síndrome del colon irritable es una de las principales razones por las que se acude al gastroenterólogo. El colon irritable es una patología crónica con periodos asintomáticos y frecuentes recaídas. En la actualidad podemos afirmar que es una enfermedad cuyas causas se desconocen en buena medida y que afecta de una manera desigual a un elevado porcentaje de la población. Los médicos categorizan este tipo de patologías como enfermedad funcional; por decirlo coloquialmente, se diagnostica casi más por descarte que por un cuadro específico y diferencial con respecto a otras afecciones.

Causas del colon irritable

Aunque parece probado que el estrés es un factor capaz de empeorar la sintomatología, no hay pruebas suficientes para determinar que esta sea la causa. Son muchas las propuestas que se han efectuado, como por ejemplo factores fisiológicos entre los que se incluye la hipersensibilidad del intestino, alteraciones intestinales en respuesta al estrés o a la alimentación u otras alteraciones de tipo hormonal. Los factores afectivos, desencadenantes de ansiedad o depresión, pueden incidir, en este caso, en el agravamiento de los síntomas. También el comportamiento o más concretamente, la actitud, puede tener relación en cuanto al manejo de ciertas circunstancias adversas o estresantes, como enfermedades, medicamentos, dietas u otros.

En cualquier caso nos movemos en el campo de las hipótesis y es probable la existencia de otros factores poco estudiados o aún desconocidos.

Síntomas del colon irritable

Los síntomas más frecuentes son la diarrea, el estreñimiento y los gases. También es habitual la sensación de no haber defecado por completo, presencia de moco en las heces o inflamación y distensión abdominal. No es extraño que el estreñimiento y la diarrea se vayan alternando.

La distensión abdominal suele provocar un mayor volumen del abdomen, por lo que se siente la necesidad de aflojarse las prendas de vestir. La distensión suele aumentar a lo largo del día y se trata de un síntoma que suele ir acompañado de estreñimiento. Empeora con la alimentación rica en grasa, condimentada o excesivamente rica en fibra.

El dolor abdominal, cuya localización no está muy definida, también suele hacer acto de presencia, a veces en la mitad inferior, otros a la derecha y otros a la izquierda. El dolor, en algunas ocasiones, se presenta en el epigastrio, pudiendo ser constante y agravarse tras las comidas o la actividad física, y con el que no se logra alivio tras la expulsión de gases o tras defecar. También puede tratarse de un dolor tipo cólico, que en este caso si se alivia con la expulsión de gases o la defecación.

Síntomas menos frecuentes incluyen dolor de espalda, cefaleas, dermatitis, cansancio, disfunción eréctil, náuseas, gastritis, o alteraciones en el gusto y el olfato, entre otros.

Tratamiento del colon irritable y dieta

El primer paso en el tratamiento del colon irritable consiste en descartar cualquier otra patología que pudiera desencadenar síntomas parecidos. Dicho esto, también es importante saber que no existen medicamentos específicos para tratar el síndrome del intestino irritable. El tratamiento es estrictamente individualizado, ya que cada caso es susceptible de requerir, o no, una medicación concreta. Los posibles medicamentos que suelen emplearse son espasmolíticos para aliviar el dolor, antidiarreicos, suplementos de fibra o incluso antidepresivos.

En algunos casos, más allá del ámbito farmacológico, pueden ser útiles las terapias de relajación u otros métodos de carácter psicoterapéutico.

La dieta es uno de los aspectos que vale la pena observar, adaptando la alimentación de modo individualizado con el objeto de que no haya ningún déficit nutricional y, al mismo tiempo, lograr un alivio de los síntomas. Es posible que en algunos casos se deban limitar o suprimir alimentos como el huevo, los lácteos o el chocolate, por citar algunos, pero esta es una posibilidad que deberá estudiarse persona a persona.

Lo que sí conviene evitar son los excitantes como el café, el tabaco, los picantes o el alcohol. En general suele reportar una notable mejoría en la mayoría de pacientes una dieta rica en fibra, mucha agua, alimentos probióticos y, en definitiva, una alimentación equilibrada que cubra las necesidades nutricionales de cada persona.

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