Probablemente Sin compromiso sea la peor película, del estupendo por otro lado director Reitman, que haya hecho en toda su carrera. Cintas como Cazafantasmas, un clásico ya del año 84, que le catapultó al estrellato, El pelotón chiflado, Dave, presidente por un día, o Un lío padre, hablan de un director muy capacitado para la comedia, y que divierte al espectador y le hace pasar un buen rato.

Tampoco hay que olvidar que ha tocado otros géneros exitosamente, como el thriller en Peligrosamente juntos, con Robert Redford, o la ciencia-ficción en Evolution, de 2001.

Sin compromiso resulta una cinta tediosa

Y es que es sorprendente que un director que ha hecho cine tan aceptable, entregue al espectador esta comedia romántica mil veces vista, sin ningún interés, olvidable, aburrida, sentimentaloide y pastelona, sin ninguna originalidad, y que hace dormir al espectador, si antes no ha salido de la sala a hacer cosas más interesantes.

También le resulta curioso al espectador haber visto hace poco a una Natalie Portman magistral en Cisne negro, encarnando a una bailarina obsesionada y por el que ha ganado justamente el Óscar, y de repente descubrirla en este papel insulso y facilón, seguramente alimenticio, y que no aporta nada a una carrera llena de buenas cintas y destacables interpretaciones.

El espectador no entiende cómo ha hecho este papel a no ser de que haya una explicación probablemente muy millonaria.

Argumento de Sin compromiso

El filme cuenta la historia de dos amigos, Emma y Adam, interpretado por un insípido Ashton Kutcher, que cometen "el error" de acostarse una noche, porque él se siente muy atraído por ella. Entonces deciden convertirse en amigos que tienen sexo, y sólo sexo y nada más, cuando les apetezca y sin tener que dar explicaciones de nada, y conveniendo que cuando noten la aparición de algún sentimiento amoroso, que lo dejarían para no sufrir.

Es una historia, como se comprueba, poco original. Pero se podía haber tratado con alguna novedad o desde algún nuevo punto de vista para interesar al espectador, o simplemente hacer un producto divertido con todo ello. Pero lejos de eso, se elige el camino más fácil, transitado y sensiblero, conociéndose lo que va a suceder en todo momento.

Es mejor recuperar otras cintas de Ivan Reitman, para disfrutar no sólo de buen cine, sino de algo digno después de ver esta "Sin compromiso", que parece que toma al espectador por un ser sin neuronas en el cerebro.