La lanza encierra un simbolismo de tipo axial que se manifiesta, por ejemplo, en la mitología Shinto, de Japón. De acuerdo a ciertos mitos, Izanagi e Izanami sumergen una lanza adornada con joyas en las aguas del mar, y luego la extraen de allí. La sal desprendida por esta acción hace surgir la primera Isla: Onogoro-jima. Luego, ambas deidades usan esa lanza para fijar un pilar celeste, es decir, el eje del mundo.

Comprendida como eje, la lanza es también el rayo solar, que alude al proceder de la esencia sobre la indiferenciada sustancia, es decir, la dinámica del cielo. Ese es el sentido de la lanza adornada con joyas preciosas.

Orden y vida

En la mitología relacionada con el cortejo del graal, la sangre que se derrama de la lanza vertical y que se vierte en una copa, expresa esa misma noción axial. También relacionada con este simbolismo, se puede mencionar a la famosa lanza de Longino, centurión romano, la cual penetró el costado de Jesucristo. Esta arma tiene el poder de curar las lesiones que ha producido. También tiene esta virtud la lanza de Aquiles, el héroe griego. Es común hallar en los símbolos axiales una referencialidad sexual, por la trasposición de sentidos. Así sucede con el bastón de los centinelas del gineceo, en la India radjputa. La lanza también comparte esta proyección.

Sino y honor

De acuerdo a la tradición celta, los Tuatha De Danann obtienen la lanza de Lug, de las Ínsulas del norte del mundo. Las heridas que ocasiona esta lanza de fuego, inclemente e invencible, son siempre letales. La lanza aparece en múltiples epopeyas, siempre utilizada por célebres adalides, por ejemplo, Cúchulainn, el guerrero irlandés. Pero, asimismo, la lanza también tiene una referencia funesta, puesto que en ocasiones produce la muerte de quien la enarbola. Basta con mencionar, de los mitos celtas, la relación de complementariedad que se presenta entre la lanza y el caldero del dios Dagda. Este último precisa ser colmado de sangre mágica, que puede ser obtenida de gatos, perros o druidas, para calmar a las lanzas de los príncipes, pues de lo contrario emiten chispas y acaba con la vida de los hijos de los reyes.

En el caso de los antiguos griegos, la lanza tenía un simbolismo guerrero, y era uno de los atributos de la diosa Atenea. A los soldados que habían logrado realizar una acción heroica se les otorgaba una lanza desprovista de punta. De este modo se les ofrecía una mención honorífica, pero dando a entender que, con ella, no les otorgaba ninguna autoridad pública o mando especial. De allí que en los menesteres jurídicos, la lanza sea un símbolo de la autoridad y la fuerza pública: es la protectora de los debates, los procesos y los contratos.