La anorexia es una enfermedad que no solo se vive como una necesidad irrenunciable para el que la padece, también suele ser interpretada como un triunfo; una prueba de superioridad moral y física que se sustenta en dos grandes metas: el ideal –distorsionado– de belleza y el autocontrol. Pero detrás de ese triunfo ilusorio se esconde una lucha a muerte, a veces literal, entre el cuerpo y la mente.

La bulimia, al igual que la anorexia, es un trastorno de la alimentación, aunque con diferencias significativas. El ideal que persigue y sublima la persona anoréxica no se da en el caso de la bulimia. Quien la padece suele vivirlo con vergüenza y con un marcado sentido de culpabilidad, situación que desemboca en una baja autoestima. La bulimia, por otra parte, aunque puede considerarse como una enfermedad grave, raramente llega a los extremos que a veces alcanzan las personas anoréxicas.

¿Qué es la anorexia? Definición y síntomas

La anorexia es un trastorno de la alimentación que tiene como principal particularidad una aversión obsesiva hacia la comida. Las afectadas, que en su gran mayoría son mujeres adolescentes, suelen ejercer un control, igualmente obsesivo, sobre las calorías que ingieren al día. El miedo a engordar, unido a la imagen distorsionada que se tiene del propio cuerpo, mantiene y reafirma ese comportamiento compulsivo que acarrea secuelas tales como la pérdida del periodo menstrual, arritmias, hipotensión, osteoporosis, caída del cabello, diarrea, úlceras, anemia, psicosis, depresión, neurosis, etc.

Se considera que la anorexia afecta a una de cada 250 mujeres jóvenes. Por lo que respecta a los varones se calcula que sólo hay un 6% de afectados por esta enfermedad.

¿Qué es la bulimia? Definición y síntomas

Sucede con relativa frecuencia que la bulimia vaya de la mano de la anorexia. En el caso de las bulímicas, además de la aversión a la gordura, son frecuentes los episodios de grandes atracones seguidos de vómitos autoprovocados. La bulimia también afecta en su mayoría a adolescentes o mujeres jóvenes, aunque el umbral de la edad es algo más elevado.

Al contrario que la anorexia, la bulimia no suele ir asociada a una pérdida de peso. Las secuelas más comunes se manifiestan en la pérdida del esmalte de los dientes –por el ácido generado en los vómitos–, latidos cardíacos irregulares, debilidad muscular, daño renal, dolores intestinales, dedos y cara hinchada, etc.

Tanto la bulimia como la anorexia tienen en común comportamientos donde imperan los ayunos y las dietas rigurosas, así como ejercicios excesivos y abuso de laxantes, diuréticos u otras píldoras que interfieren en la absorción de alimentos o mitigan el hambre.

Causas de la anorexia y la bulimia

No es sencillo establecer el origen de una enfermedad como la anorexia o la bulimia. Probablemente haya que concluir que es debido a la combinación de varios factores.

Es indudable que los mensajes que transmite la industria de la moda o los supuestos cánones de belleza imperantes ejercen una importante presión, haciendo mella en los jóvenes de nuestra cultura occidental.

Existen otros factores de orden psicológico o biológico cuya incidencia no se puede obviar, así como ciertos hechos traumáticos, como por ejemplo el abuso sexual infantil, que pueden constituirse como el principal detonante para desarrollar esta enfermedad. Algunas estadísticas sostienen que el 35% de las mujeres bulímicas fueron víctimas de abuso sexual en su infancia. Una superviviente de abusos sexuales manifestaba en “forogam” que tras los abusos jamás pudo soportar la idea de que ningún hombre volviera a mirarla con deseo. Para protegerse, según sus propias palabras, decidió “esconderse tras una capa de grasa”.

Anorexia y bulimia; efectos y consecuencias de la adicción al hambre

Tanto la anorexia como la bulimia entran de lleno en el terreno de los comportamientos compulsivos tan característicos de una adicción. En este caso se trataría de la adicción al hambre.

La deformación con la que se observa la realidad con relación al físico hace posible que se perciban los resultados obtenidos como gratificaciones que impulsan al afectado a seguir inmerso en ese círculo vicioso del que después es muy difícil escapar. Estas gratificaciones son de orden simbólico, físico y moral, y se sustentan por un comportamiento adictivo que raramente se reconoce, incluso tras la visita a un médico especializado. Así pues, cuestiones como la pérdida de la menstruación o el autocontrol sobre el hambre se perciben como un signo de superioridad moral, en tanto que no se está sometido, como el resto, a satisfacer esas necesidades terrenales.

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